Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Cuando el río suena

El millonario contrato para renovar las cédulas de la Registraduría ha dado mucho de que hablar. ¿Qué hay detrás?

Durante años la Registraduría ha llevado la información de los colombianos manualmente. El nuevo contrato de modernización ampliará la tecnología actual (derecha) que ya tiene capacidad para los datos de 10 millones de personas.

El novelón en que se ha convertido la renovación de las cédulas de los colombianos tiene esta semana un capítulo crucial. Se vence el plazo dado por la Registraduría Nacional para que las multinacionales interesadas presenten sus ofertas para el contrato, que vale 373.000 millones de pesos. La característica principal de esta historia ha sido la intriga. Por eso, en torno a este proyecto, que compromete la identidad de sus ciudadanos, un tema clave en la seguridad nacional, se han manejado toda suerte de versiones sobre supuesta corrupción. La beneficiada sería la firma francesa Sagem, que manejó la primera etapa de la renovación de las cédulas y que ya ha fabricado más de ocho millones de ellas. Con el nuevo contrato, la Registraduría ampliará su capacidad tecnológica para expedir los millones de documentos faltantes y reemplazar las cédulas blancas laminadas, fácilmente falsificables, por unas mucho más seguras . Desde un comienzo este ambicioso proyecto ha estado rodeado de escándalos. En 1996 salió a licitación la primera parte y la multinacional alemana Siemens tomó muy pronto la delantera. Pero, a los pocos días, el gobierno tuvo que terminar el proceso, porque hubo indicios de que la selección no era transparente. Al abrirse una nueva licitación, la empresa estadounidense Unisys demandó al Estado con el argumento de que al ser terminada la primera licitación el contrato debía ser de Unysis porque esta empresa estaba en el segundo lugar. La demanda está en apelación ante el Consejo de Estado. A la nueva convocatoria sólo se presentó una firma: la francesa Sagem, y en menos de dos meses se firmó el contrato, en 1997. La agilidad con que se adjudicó y denuncias de que se habían hecho más laxas las reglas para que Sagem ganara, fueron revisadas por los organismos de control que no encontraron irregularidades. Dado el ruido de la primera etapa, no es de extrañar que la segunda haya encendido las alarmas. Desde su llegada, en 2002, la registradora Almabeatriz Rengifo se impuso la tarea de sacar este proceso adelante. Por ser un asunto de seguridad nacional, la Registraduría podía contratar directamente, sin licitación, y esta era la fórmula por la que se inclinaba Rengifo para contratar a los franceses. Pero algunos en el alto gobierno, especialmente el vicepresidente Francisco Santos, se oponían, al considerar que hacerlo de esa forma no le permitía al país conseguir un mejor precio, y existía el riesgo de que Colombia quedara 'amarrado' tecnológicamente a una compañía. Las discusiones duraron dos años, hasta que finalmente se acordó que se hiciera un concurso público y se aprovecharan los 128.000 millones de pesos que ya se habían invertido. En especial se definió conservar la tecnología del sistema automático de identificación dactilar (Afis, por su sigla en inglés), que garantiza que no se puedan expedir dos cédulas con diferente identidad a una misma persona. Desde cuando se abrió el concurso en agosto, han circulado versiones, promovidas algunas por firmas estadounidenses, de que el proceso está amañado para que Sagem gane. Incluso han intervenido el embajador de ese país, William Wood, y un influyente senador republicano. Para dar mayores garantías, la registradora les pidió a la Oficina Anticorrupción de la Presidencia, a la Contraloría y la Procuraduría, que acompañaran el proceso. "No hemos advertido ninguna irregularidad ", dijo recientemente el procurador Edgardo Maya. Incluso la Vicepresidencia le ha dado su bendición: "Nos parece que hay un marco de garantías suficiente", dijo un vocero a SEMANA. De todas formas, no han cesado las críticas. Algunos aseguran que la Registraduría se demoró en aclarar aspectos cruciales del proyecto, como la disponibilidad de las licencias de uso del software ya instalado, y que los criterios de evaluación se confeccionaron a la medida de los franceses. El adagio popular dice que cuando el río suena, piedras lleva. Por los antecedentes, pese a los pronunciamientos de las autoridades, la modernización de la Registraduría ha tenido encima un manto de duda. Hasta ahora, Sagem es el único que ha comprado los pliegos. Y de no presentarse ningún otro proponente de aquí al viernes, las intrigas de este novelón continuarán.

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