Viernes, 20 de enero de 2017

| 1994/02/21 00:00

CUANTA PLATA DA EL NEGOCIO

Resuelta la subasta del celular, la pregunta es qué tan buen negocio va a resultar para los favorecidos.

CUANTA PLATA DA EL NEGOCIO

LA HISTORIA DE LA TELEFONIA CELULAR apenas comienza. Superada la etapa de la adjudicación, que en lo referente a la banda privada concluyó el sábado pasado, surge el interrogante de qué tan bueno fue el negocio para los que ganaron. El grupo Santo Domingo, por intermedio de su empresa Celumóvil S.A, ganó las zonas oriental (Bogotá, los santanderes y el oriente) y de la Costa Atlántica, pagando un monto de 335 y 120 millones de dólares respectivamente. Y el grupo de Luis Carlos Sarmiento, en alianza con Carlos Ardila Lulle, con la sociedad Cocelco, ganó la zona occidental (Antioquia, Valle, la zona cafetera y el Pacífico), con una oferta de 160 millones de dólares.
Para analizar el futuro de este negocio en Colombia es necesario comparar estas cifras con los costos de adjudicación en otros países. Para calcular los costos de adjudicación de la telefonía celular para cada proponente hay que dividir el monto pagado por una región por el número habitantes de ésta. Por ejemplo, en México la adjudicación se hizo en 1989, y como no se conocía muy bien la dimensión del negocio, el costo de la subasta fue excepcionalmente barato. Inicialmente el gobierno decidió otorgar la licencia por el Distrito Federal sin costo alguno. Un año después, se consideró que el Estado no tenía por qué regalar un buen negocio. El país se dividió entonces en ocho zonas que se pusieron en venta al mejor postor. El producto de estas subastas ascendió a unos 60 millones de dólares, es decir, que el costo por habitante fue de poco más de un dólar.
En Venezuela, que tiene 19 millones de habitantes, se pagaron en la subasta de la telefonía celular 106 millones de dólares. Esto significa que el precio por cada habitante cubierto fue de cerca de 6 dólares. El servicio fue subastado en ese país en 1992. Y como el antecedente mexicano había demostrado que se trataba de un muy buen negocio, el precio por habitante subió considerablemente. Un año después le llegó la hora a Ecuador. En ese país, que tiene 13 millones de habitantes, el costo de la adjudicación acabó siendo de 95 millones de dólares, es decir de 7 dòlares por habitante.
El año pasado tres países europeos subastaron el servicio: Hungría, Grecia y Turquía. En Hungría, el precio pagado fue de 8 dólares por habitante. En Grecia fue de 16. Y finalmente, el récord mundial lo obtuvo Turquía, donde el país fue adjudicado por 500 millones de dólares, lo que representa 17 dólares por habitante.

LLEGO EL TURNO
Estos eran los antecedentes inmediatos cuando llegó la subasta de Colombia. Dos cosas importantes habían pasado en los cinco años que han transcurrido desde la adjudicación en México. En primer lugar, se estaban acabando los países en donde no hay telefonía celular y las multinacionales estaban luchando ya por los últimos mercados. Colombia, con más de 30 millones de habitantes, una economía pujante y una ubicación considerada estratégica por muchos en materia de telecomunicaciones, representaba un mercado potencial muy atractivo. El único otro país latinoamericano importante al que está llegando tarde el celular es Brasil, donde por razones políticas no se ha podido establecer aún el servicio.
El otro factor nuevo era que la experiencia de cinco años ha demostrado que el negocio podía convertirse en una mina de oro. En casi todas partes la proyección del número de usuarios era ampliamente superada por la realidad. Y el precio de reventa de una compañía, dos o tres años después de la concesión, llegaba a cifras astronómicas. Una zona mexicana que había sido adjudicada por 7 millones de dólares en 1989 se podía vender, una vez que estuviera prestando el servicio por 180 millones en 1992. En la actualidad la misma concesión está costando alrededor 250 millones de dólares.
Pero sin duda alguna lo que disparó el negocio del celular en el mundo fue una transacción de finales del año pasado entre la compañía mexicana Iusacell -de propiedad de la familia Peralta- y la multinacional Bell Atlantic. Iusacell tenía la concesión entera para la capital mexicana. La inversión total de la empresa en el negocio había sido del orden de los 200 millones de dólares. Los Peralta decidieron venderle el 46 por ciento a una multinacional y para esto llevaron a cabo una especie de subasta privada con las grandes compañías operadoras. Este 46 por ciento fue finalmente vendido por 1.040 millones de dólares a Bell Atlantic, en una operación que implica que el costo del ciento por ciento de la concesión del Distrito Federal queda automáticamente en 2.260 millones de dólares. Los Peralta no sólo conservaron el 54 por ciento de las acciones, sino que recibieron 1.040 millones de dólares. Desde esa transacción todos los expertos coinciden en que una concesión de celular en Latinoamérica, una vez que esté prestando el servicio, puede estar por encima de los 30 dólares por habitante.
La adjudicación que se hizo a Oswaldo Cisneros y la compañía Bell South en Venezuela fue ganada en subasta por 106 millones de dólares hace apenas dos años. Hoy vale entre 600 y 700 millones de dólares. La demanda en ese país resultó fenomenal. En el primer año, el número de usuarios llegó a estar cerca de los 80 mil, lo cual permitió amortizar en ese breve lapso el costo de la inversión.
En México y Venezuela, los inversionistas en el sistema celular se ganaron cientos de millones de dólares en dos o tres años. Ese margen obedeció a que compraron muy barato. Pagaron uno y seis dólares por habitante, respectivamente, y el costo hoy es de alrededor de 30. Aunque estos dos países tienen ingresos per cápita superiores a los de Colombia, se pueden considerar, en términos generales, mercados comparables. Por eso es posible proyectar que en Colombia también esta tasa llegará a más de 30 dólares por habitante cuando se esté prestando el servicio.

EL CASO COLOMBIANO
Partiendo de esta premisa, los precios pagados en la subasta de la semana pasada por las tres regiones fueron bastante altos. De por sí, en Bogotá se superó el récord mundial por adjudicación que lo tenía Turquía con 17 dólares por habitante. Con los 335 millones que el Grupo Santo Domingo pagó por Bogotá y la zona oriental, el costo por habitante (de un total de 14.5 millones) ascendió a 23 dólares. Y con los 120 millones que pagó por la Costa, el costo por habitante (de un total de 7 millones) ascendió a 17 dólares, igual al récord de Turquía. A estas consideraciones hay que sumar que el ingreso per cápita en Bogotá es de 1.800 dólares por año y en la Costa, de 788 dólares.
A pesar de que pagó caro, el Grupo manejó en forma muy acertada todo el proceso de la subasta. Un conglomerado de su dimensión y de sus proyecciones no podía darse el lujo de perder. El celular, al fin y al cabo, representa la puerta al campo de las telecomunicaciones y de la informática que, según los expertos, va a ser el sector líder de la economía mundial en el siglo XXI. Hoy por hoy, las ventas de este sector en todo el mundo ascienden a más de 600 mil millones de dólares anuales entre servicios y equipos.
Colombia está llegando tarde a este campo, pero el celular no es sino el primero de muchos y muy grandes negocios que tendrán que arrancar muy rápido de ahora en adelante. Pero para poder jugar en cualquiera de estos frentes era necesario entrar al club de las telecomunicaciones y el negocio del celular era el pase. La consigna del Grupo Santo Domingo fue hacer una oferta enorme por Bogotá y una oferta monstruo por la Costa. De tal suerte que si por alguna razón llegaba a perder la primera no hubiera ningún riesgo en la segunda. Esta estrategia lo llevó casi a un empate con Movicel (El Tiempo, Bell South y la familia Cisneros de Venezuela) en Bogotá y a una barrida en la Costa; pero a un costo que la mayoría de los observadores internacionales considera excesivo: un promedio de 20 dólares por habitante. Esto significa que el negocio a corto plazo no es particularmente bueno. Sin embargo, es muy probable que acabe dando grandes utilidades a mediano o largo plazo, por cuenta de la evolución que necesariamente tendrá el sector de las comunicaciones en Colombia.
El negocio resultó mejor en la región de Occidente, en donde ganaron Luis Carlos Sarmiento y Carlos Ardila asociados con telefónica de España en la firma Cocelco. Su oferta ascendió a 160 millones de dólares, es decir, que el costo por habitante (de un total de 12.6 millones) fue de 13 dólares. Aunque compraron mucho más barato que Santo Domingo, quien no hizo oferta para esa zona, sus proyecciones de rentabilidad tampoco son espectaculares. Calculan que durante los tres primeros años no tendrán utilidades y que el cuarto año la tasa de retorno será apenas del ocho por ciento. No obstante, al igual que Santo Domingo, saben que lo importante es estar adentro y que a mediano y a largo plazos el negocio seguramente será muy bueno.

LA COMPETENCIA
Se calcula que en total en Colombia puede llegar a haber 300 mil usuarios del teléfono celular en los primeros tres años. A diez años se estima que la cifra llegará a 800 mil. Ese ponqué tendrá que dividirse no sólo entre las empresas privadas que resultaron ganadoras en la subasta del sábado, sino entre las mixtas que competirán con las privadas en cada una de las tres regiones y que quedarán definidas en pocas semanas.
Las empresas mixtas (compuestas por las empresas telefónicas de cada una de las tres regiones, asociadas con inversionistas de dichas zonas) deberán pagar por sus respectivas licencias, el 95 por ciento de lo que cancelaron las privadas ganadoras de la subasta. Hasta hace poco, eso no les preocupaba. Pero desde el sábado, y después de que se conocieran las cifras que pagarán las privadas, comenzaron a desvelarse. No es fácil que las empresas telefónicas locales de esas regiones, que son del sector público, consigan esos recursos, salvo quizás en la zona occidental donde grupos privados tan importantes como Carvajal y el Sindicato Antioqueño, son socios de la empresa mixta Occel. Es previsible por ello que las empresas mixtas traten en estos dìas de vender una parte de sus acciones a nuevos inversionistas, que bien podrían ser algunas de las empresas privadas derrotadas en la subasta del sábado.
Sea como sea, desde junio, cuando se prevé que arranque la operación del servicio, se va a iniciar una dura competencia entre los dos operadores de cada zona, el privado y el mixto, y el suscriptor va a estar atento para ver cuál de ellos le ofrece mejores tarifas y una mayor calidad. Se empezará a escribir entonces la segunda parte de la historia de la telefonía celular.

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