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| 12/10/2011 12:00:00 AM

Cuatro grandes apuestas

En La Mojana, el Canal del Dique, la sabana de Bogotá y el Valle del Cauca se concentran los esfuerzos por la reconstrucción del país. Más que obras, lo que se necesita es aprender a vivir con el agua.

La Mojana Antioquia, Bolívar, Córdoba y Sucre
 
La Mojana es un verdadero punto de encuentro del agua. En cerca de un millón de hectáreas confluyen cuatro ríos: el Cauca, el Magdalena, el San Jorge y el Nechí. Sus inmensos humedales tienen como función amortiguar las inundaciones y regular el cauce de esas cuatro corrientes. Allí, los indígenas zenúes hicieron de esta una región próspera gracias a un sistema de canales que facilitaba el intercambio de productos agrícolas. Sin embargo, en el último siglo, algunos asentamientos se extendieron sobre ese complejo acuático. Por eso, ahora La Mojana también es uno de los mayores ejemplos de lo que sucede cuando se planea una región en contra del agua.
 
“No hay desastres naturales, hay desastres políticos”, señaló Leonel Vega, doctorado de Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional. Hace un año, una carretera que servía como dique y que fue construida sin los pasos de agua necesarios se rompió, produjo la inundación de miles de hectáreas y dejó cientos de familias damnificadas. Muchas de ellas viven hoy en cambuches a orillas de esa misma carretera, que es la única zona que está por encima de la cota de las aguas.

“Lo que antes era una de las zonas más ricas del país ahora es un desastre económico”, resume Cecilia Álvarez, directora del Fondo de Adaptación, la situación que vive esta región. En este momento, la Universidad Nacional, en convenio con el Departamento Nacional de Planeación, está realizando los estudios para saber qué obras se necesitan y definir qué cambios hay que hacer en el manejo que se le ha dado a la región. Pero el gobierno ya ha calculado que la inversión en la zona podría ser del orden de los 99 billones de pesos en los próximos diez años.


La sabana de Bogotá
Bogotá y Cundinamarca

Este año, cuando la mitad de Bangkok, la capital de Tailandia, amaneció sacudida por las aguas, muchos analistas concluyeron que los estragos del cambio climático habían llegado a las ciudades para quedarse. Y es así. Esta semana se declaró alerta roja para Bogotá y Cundinamarca por los riesgos de inundaciones y deslizamientos que pueden venir con las lluvias y con aumento del cauce del río Bogotá. Pero según Carmenza Saldías, asesora de la Gobernación de Cundinamarca, las “inundaciones eran previsibles”.

La sabana es un sistema de 27 humedales que se entrelazan entre un complejo de más de 20 ríos y quebradas. Pero el proceso de urbanización se dio a espaldas de esa realidad hídrica. Y por eso hoy se presentan situaciones como la de la vía Bogotá-Chía y la de la Universidad de la Sabana, que, sin diques, se inundarían en cada temporada de lluvias. “¿Por qué se construyó una carretera por debajo de la cota del río y no se han tomado acciones?”, se quejó el nuevo gobernador electo de Cundinamarca, Álvaro Cruz.

En unas semanas se va a abrir una licitación de cerca de 500 millones de dólares para la recuperación del río Bogotá. También se tiene pensado construir un parque de 70 kilómetros de longitud con bosques a lado y lado para que el río pueda recuperar su espacio. Aunque estas obras son importantes, preparar a Bogotá y a la sabana para el cambio climático requiere también mayor planeación, fortaleza de las instituciones y un compromiso de toda la sociedad.

El Canal del Dique
Atlántico, Bolívar y Sucre


Si se quisiera buscar a los responsables de las inundaciones del Canal del Dique, habría que remontarse a los tiempos de la Colonia. En esa época, los españoles decidieron comenzar a construir una conexión entre el río Magdalena y Cartagena, que hoy, después de decenas de intervenciones, es un canal de 113 kilómetros que comunica a Calamar, un municipio de Bolívar, con la bahía de la Ciudad Amurallada. El canal era una necesidad para el transporte y el comercio, porque en la temporada de lluvias las vías terrestres eran intransitables; la zona es un complejo de más de 150 ciénagas.

Al lado del canal se fundaron 19 pueblos. Y al lado de los pueblos se fueron construyendo diques para resguardar a sus habitantes de las aguas. Uno de estos diques fue el que se rompió el 30 de noviembre de 2010, que se llevó todo a su paso y dejó más de 100.000 damnificados y medio departamento del Atlántico inundado. Sin embargo, la solución a lo que sucede en el canal es mucho más que arreglar un dique. Por eso, Paulino Galindo, de Cormagdalena, sostiene que es “un fenómeno natural que no se resuelve solamente con infraestructura y dragados”.

Sobre el Canal del Dique hay 22 estudios que apuntan a lo que se debería construir allí. Con los recursos del Fondo de Adaptación se va a contratar un proyecto para buscar la restauración de los ecosistemas degradados del canal y para determinar qué infraestructura se debe hacer para reducir el riesgo de sus habitantes. Ya hay diez compañías preseleccionadas.

El jarillón de Cali
Valle del Cauca


Un jarillón construido a mediados del siglo XX, de seis metros de altura y 15 kilómetros de largo, resguarda a Cali de las crecientes del río Cauca. No obstante, la falta de mantenimiento, la construcción de viviendas en su cresta y la disposición de escombreras a su alrededor hace que esta obra hoy no sea lo suficientemente segura para proteger a la capital de la salsa.

En enero del año pasado, una misión holandesa visitó el lugar y determinó que si el nivel del río Cauca supera los 950 metros cúbicos por segundo, el dique podría romperse y Cali inundarse. “Lo que sucede en Aguablanca es una bomba de tiempo. No podemos tomar riesgo en una zona habitada por casi un millón de personas”, dijo hace un año Fortunato Carvajal, director de la Alianza, cuando la misión holandesa examinó la zona.

Y el riesgo es bastante alto. Según cifras de las autoridades locales, podrían destruirse 15.000 viviendas que se encuentran sobre el jarillón y el 80 por ciento del suministro del agua de Cali estaría en peligro. Por eso, Andrés Velásquez, geólogo del Observatorio Sismológico del Suroccidente, señala que “el mayor riesgo en Colombia se concentra en Cali. Más de un millón de personas podrían verse afectadas”. Por eso, el trabajo que se adelanta en la zona es de gran envergadura. Se ha planeado construir 15.000 viviendas nuevas para reubicar a las familias que viven cerca del jarillón, recuperar 25 kilómetros de diques, reforestar 9.000 hectáreas de cuencas y recuperar 162 kilómetros de vías en las laderas de los ríos aledaños.

* Este foro fue financiado por la Alianza Colombo-Holandesa por el Agua, conformada por la Embajada de los Países Bajos en Colombia y el gobierno nacional, representado por el Departamento Nacional de Planeación.
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