Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2015/10/10 08:00

El rugby como arma contra la violencia en Cúcuta

La práctica de este deporte ha dado muy buenos resultados para canalizar la agresividad de los jóvenes. Jugadores internacionales acompañan esta iniciativa.

A través de la práctica de este deporte se fomenta el trabajo en grupo y se busca canalizar la violencia en los jóvenes. Foto: AFP.

"¡Tenemos que sacar a este niño!". El entrenador está inquieto: la víspera, una pandilla irrumpió en moto en una de las canchas polvorientas de la ciudad de Cúcuta, donde le enseña rugby a jóvenes colombianos, y se llevó a un jugador de apenas 10 años.

Bajo un sol abrasador, sin uniforme y hasta sin medias, unos cuarenta adolescentes intercambian pases con la mano. En una Colombia fanática del fútbol, el rugby comienza a abrirse camino con un énfasis en los valores de autocontrol y respeto para frenar la violencia.

La ciudad de Cúcuta figuraba el año pasado entre las 25 ciudades más peligrosas del mundo, según la ONG Seguridad, Justicia y Paz, con sede en México.

"Aquí hay muchas pandillas, escuelas donde hay droga, contrabando y por encima, la lucha entre los narcos y la guerrilla por el control del sector", contó William León, un hombre de 30 años.

Como muchos colombianos, el entrenador está profundamente afectado por el conflicto armado que desgarra a su país desde hace más de 50 años. "Mi papa era policía. Una noche, la guerrilla puso bombas, muchas, contra la torre de comunicación", recuerda este hombre que dirige hoy los Carboneros de Cúcuta, uno de los 18 clubes de rugby de la ciudad.

"¡Adelante! ¡Rápido!", grita, recorriendo el terreno donde las piedras se mezclan con pedazos de botellas, a dos pasos del estadio de fútbol Centenario.

¡Poco importan los 40 grados a la sombra! "El barro lo hacemos nosotros, con sudor y polvo", bromea León, mientras le distribuye pequeñas bolsas plásticas llenas de agua a su tropa.

Las tres H del rugby


 
Foto: AFP.

León dirige también el programa ‘Más niñ@s jugando rugby’ que pretende "apartar a los niños de la violencia", gracias a las barras en forma de H de los arcos del rugby, para él símbolos de los valores de este deporte: "Humildad, Hermandad, Honor".

Lo que comenzó a pequeña escala hace siete años se extendió después en 14 colegios y ha involucrado a más de 600 niños, de entre seis y 17 años. Entre ellos, 150 son mujeres porque el combate por la equidad también es un valor importante a los ojos de León.

"Las chicas se clasificaron para los juegos de Rugby 7 y los chicos no”, subraya.

Este éxito conseguido sin patrocinadores y únicamente con algunos subsidios locales atrajo la atención de la Cancillería, comprometida con un programa de “diplomacia deportiva”, que se traduce en acuerdos de cooperación con varios países.

Por este medio, dos exjugadores internacionales franceses, Francis Ntamack y Cédric Desbrosse, cruzaron Colombia durante dos semanas. Miembros de la ONG Rugby French Flair, presidida por Jean-Baptiste Ozanne y que promueve este deporte en países desfavorecidos, han organizado partidos y entrenamientos desde Medellín a Bogotá, pasando por Apartadó y Cúcuta.

"Los jóvenes de aquí tienen la inteligencia del juego, la altura. Lo más duro es hacerlos jugar juntos: están acostumbrados a pelear entre ellos", explica Francis Ntamack, de 42 años, exentrenador del equipo de Brasil.

"La idea es que integren el sentido de compartir, con pequeños juegos de pase, que se diviertan", añade el entrenador Cédric Desbrosse.

La idea es también que "canalicen su violencia y la transformen en agresividad positiva", agregó León, el entrenador de los Carboneros de Cúcuta.

Los entrenamientos han sido un éxito y los adolescentes han mostrado mucho entusiasmo.  En los Olivos, un barrio popular de Cúcuta, Yurley Pérez camina tres veces por semana durante 45 minutos para entrenarse.

"¡Me encanta taclear!", asegura esta pequeña rubia de 15 años. Más tímida pero igual de motivada, su amiga Gabriela Caballero añade: "El rugby me enseñó a caerme y a seguir adelante".


Con información de AFP.

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