Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/03/24 00:00

Cuesta abajo

El desplome del dólar tiene como causa la llegada masiva de capitales y la confianza en la economía. Sólo malas noticias podrían empujar un alza en la divisa.

El ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, aseguró que estudian medidas para enfrentar la revaluación

El viernes, mientras el Banco de la República y el gobierno nacional se devanaban los sesos analizando salidas para evitar que el dólar siga cayendo, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) daba una importantísima noticia: la economía creció en 2006 un 6,8 por ciento.

Semejante contrasentido puso a pensar a más de uno sobre lo que está pasando. Por un lado, crece el estrés en el alto gobierno por el precio de la divisa. Y por otro, se confirma lo que muchos daban por un hecho hace rato: la economía marcha mejor que nunca. Justamente el seminario The Economist publicó en su más reciente edición un artículo en el que destaca la situación colombiana.

En esa paradoja está la explicación al actual proceso de revaluación pues, como dicen los mismos economistas, el país está llegando a un punto de inflexión: el dólar barato está estrechamente relacionado con el buen ritmo de la economía. ¿Cómo es esto? Pues que los empresarios sienten los beneficios de tener sus inversiones en el país y por eso las traen. Al hacerlo, aumenta la oferta de dólares en el mercado y el precio de la divisa cae. Por eso las autoridades no han podido, y muy probablemente no podrán, atajarlo.

El análisis sobre esta situación lleva al lugar común de siempre: algunos exportadores, como los bananeros y los floricultores, están al borde del colapso, pues por cada dólar exportado reciben cada día menos pesos y eso afecta sus finanzas. De otra parte, los que tienen deuda en el exterior, los importadores y los consumidores disfrutan de mejores precios y de productos de mejor calidad en su canasta familiar. Y a aquellas personas que quieren viajar al exterior, el dinero les rinde más. Además, por obra y gracia de la caída en el dólar, nominalmente hay más riqueza hoy que hace un año. Y eso gracias a que el salario en dólares de los colombianos cada día es un poquito más alto.

Pero ahora se está hablando de un asunto estructural, porque no se ve en el mediano plazo que vaya a cambiar la tendencia. La preocupación en algunos sectores exportadores hace suponer que hay un nivel ideal o mínimo del dólar para garantizarles un ingreso. El Banco de la República ya compró más de 2.500 millones de dólares y los tiene guardados bajo llave para que no circulen en la calle y el precio de la divisa no caiga más. Pero mantener ficticiamente ese precio puso contra la pared al mismo Emisor, pues la compra de dólares hace que haya más pesos en el mercado y que se genere más inflación o aumento de precios.

Por eso el viernes pasado, el Banco aumentó sus tasas de interés, como un mensaje claro de que su apuesta sigue siendo por la estabilidad de precios. Y unas tasas más altas, lo único que logran es que más personas quieran tener su dinero en Colombia así su dinero vale más.

Si se deja a un lado la preocupación particular de los sectores que se afectan, que el dólar caiga es signo de buenas noticias: significa que el peso tiene un mayor valor porque hay más confianza en el país. Pero esto no es solamente un saludo a la bandera. Esa confianza está demostrada con claridad: Colombia ha recibido en los últimos tres años más de 20.000 millones de dólares en inversión extranjera directa y fuera de eso ha logrado que grandes empresas anuncien inversiones en el país, como el caso de Votorantim, que la semana pasada compró Paz del Río por casi 500 millones de dólares.

¿Qué se necesita entonces para lograr que la divisa se devalúe? La respuesta es sencilla: sólo malas noticias: que no se firme el TLC con Estados Unidos, que se cierre el mercado venezolano para los colombianos, que se quede el país sin producción petrolera, que no pase la reforma a las transferencias o que el escándalo de la para-política termine en una crisis institucional sin precedentes.

Nadie podría descartar que alguno de estos hechos se dé en el mediano plazo. Pero si las cosas salen más o menos bien, ¿no cabe esperar que la confianza siga aumentando y con ello haya más llegada de capitales y, en consecuencia, una presión adicional para la revaluación del peso?

Es claro que las medidas que adopten las autoridades tendrán efectos temporales. Si se quiere cambiar drásticamente la caída de la divisa para favorecer a los exportadores, prácticamente habría que cambiar de modelo a uno parecido al del presidente Hugo Chávez en Venezuela, con control de cambios y nacionalización de entidades. La apuesta del presidente Uribe va en contravía.

La salida para la revaluación no parece fácil: las autoridades van a seguir buscando "soluciones", pero es alta la posibilidad de que la confianza siga aumentando en la economía nacional. Por eso, es necesario analizar cómo se mitiga el impacto sobre los afectados por el fenómeno. El presidente Uribe logró matar el tigre -torcerle el cuello a la desconfianza y al pesimismo empresarial-, ojalá que no se asuste ahora con el cuero.

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