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| 9/24/2004 12:00:00 AM

¿Culpable?

El caso contra el concejal Guillermo Fino se basa en acusaciones gravísimas, pero muy difíciles de demostrar. Esta semana se sabrá si la Fiscalía tiene prueba reina.

Luego de que la semana pasada la Fiscalía detuvo a Guillermo Fino por presuntamente haber recibido un millonario soborno, una pregunta comenzó a rondar en algunos de los mentideros políticos más influyentes del país: ¿puede Fino ser inocente? La mala leche de la pregunta se explica en el gran número de enemigos que ha sembrado a lo largo de una sonada vida pública. Primero como secretario de Hacienda del Distrito a comienzos de los años 90, después como funcionario estrella del gobierno de Andrés Pastrana, al frente de la Dian y del Seguro Social, y ahora como concejal de Bogotá, elegido con la mayor votación en los pasados comicios.

Su trayectoria ha dejado tras de sí una estela de rumores sobre presuntos malos manejos administrativos. Sin embargo las investigaciones en contra suya no han prosperado. Por eso las denuncias que lo tienen ahora a la sombra se han convertido en bocado de cardenal para sus detractores, y su desenlace ha generado gran expectativa en la opinión pública.

El actual enredo de Fino se remonta a 2002, cuando era director del Seguro Social, y tiene como soporte el testimonio del arquitecto Jesús Buriticá. Este lo acusa de haber participado en una compleja transacción de cerca de 2.000 millones de pesos que corresponderían a un soborno pagado a Fino por la firma Fresenios Medical Care para que les adjudicara un negocio por 40.000 millones de pesos. El contrato era para prestar servicios de diálisis a pacientes con insuficiencia renal, algo en lo que esta firma no sólo es especializada, sino que es una de las más importantes en la materia en América.

Según Buriticá, su esposa Claudia Hernández, que era vicepresidente de EPS del Seguro y mano derecha de Fino, le pidió un favor muy especial para su jefe. Le dijo que Fino iba a recibir un dinero que necesitaba convertir a dólares. Con eso, al salir de la dirección del ISS, podría montar un negocio de divisas y lanzarse a la Alcaldía de Bogotá. Por ser muchos los recursos en juego se necesitaba alguien de confianza. Buriticá, que pasaba un muy mal momento por varios descalabros financieros en su labor de constructor, se le midió al encargo por el que recibiría una jugosa comisión.

En su denuncia les dijo a las autoridades que recibió la instrucción de encontrarse en una calle del norte de Bogotá con una persona que le daría el dinero. Asegura que de una flotilla de camionetas blindadas se bajó un señor "muy elegante" acompañado de escoltas. Se trataba de Rodrigo Díaz Sendoya, del que luego sabría era el gerente de Fresenios, la compañía médica que contrató Fino. En esa oportunidad le entregó unos cheques. Algo que se repitió en varias oportunidades, con envíos a través de su mensajero, hasta completar 1.940 millones de pesos.

Contó que para convertirlos a dólares Díaz Sendoya le recomendó unas personas. Pero Buriticá buscó además a la firma New York Money para que participara de la venta de los dólares. Según la defensa de Buriticá, esta empresa le dio el nombre de varios de sus empleados para que les giraran los cheques y así poderlos cambiar más fácil. Ya con los dólares, Buriticá dice haberse reunido con Fino en sitios públicos para entregárselos. El director del Seguro le "colocaba un chulito" en una relación que hacían en "una hoja de cuaderno rayada" y en algunas ocasiones Fino las firmaba para dar constancia de recibido. Por su trabajo Buriticá recibió un pago de 30.000 dólares. Pero esperaba 50.000 más.

Durante varias semanas dice haber buscado a Fino, pero siempre le sacaba el cuerpo diciéndole que luego, cuando fuera alcalde, le iba a dar unos contratos. El asunto se fue dilatando sin mayores progresos, pero algo sucedió. A través de una noticia en la prensa Buriticá se enteró de que Díaz Sendoya era el gerente de Fresenios. Además, para esa época ya había estallado el escándalo por unos euros que le habían retenido en el aeropuerto de Miami a un funcionario de una empresa cambista de la que Fino es socio. Buriticá dice que comenzó a atar cabos e investigó si Fresenios tenía contratos con el Seguro Social y encontró que unos días antes de que comenzaran a entregarle a él los cheques, esta empresa había firmado con el Seguro un contrato por 40.000 millones de pesos. De esta relación dedujo que los cheques era el pago de un soborno.

Con esta revelación, Buriticá retomó su labor de chepito, advirtiéndole a Fino que conocía de dónde había salido el dinero y que tenía pruebas. Pero Fino no le paró bolas. Entonces comenzó una estrategia que consistió en mandar anónimos a miembros del Concejo y medios de comunicación dando pistas sobre las supuestas irregularidades del ya concejal.

Fino dice que desde octubre de 2003 comenzó a recibir "escritos amenazantes" en que le exigían 50.000 dólares para no revelar pruebas de irregularidades suyas en la Dian y el ISS, que le dañarían su imagen y acabarían con su vida política. Asegura que no le puso mucha atención hasta que conoció de los anónimos que estaban circulando. En marzo de este año denunció la situación ante el DAS.

Un delegado de Fino contactó a Buriticá, que ya había firmado algunos de los mensajes. El DAS grabó conversaciones telefónicas donde él exige el dinero, e incluso hubo una reunión para acordar la manera como se lo entregarían.

El 6 de mayo Buriticá esperaba el dinero en el conjunto residencial donde vivían sus padres, sin sospechar del operativo en su contra. Llegó el emisario de Fino con una caja que supuestamente contenía los dólares del pago y, como el acuerdo era que Buriticá entregaría los documentos originales de las denuncias que hacía, el intercambio se hizo mano a mano. A los pocos minutos fue arrestado.

Al día siguiente, en la indagatoria, Buriticá cuenta su versión sobre los cheques, los dólares y el soborno de Fino. Por no ser su competencia, el fiscal envía la denuncia a un fiscal anticorrupción.

Cuando Fino conoció el proceso pidió declarar, pero el fiscal no lo atendió. El día que se iba a concretar la cita, funcionarios del CTI lo detuvieron en las oficinas del Concejo. Ahora el fiscal del caso tiene que resolver su situación jurídica. La decisión no es fácil

De un lado Fino tiene a su favor algunas reflexiones que son de sentido común. ¿Qué funcionario corrupto le confiaría la misión a un desconocido de cobrar una coima tan jugosa? Además sería el colmo de la ingenuidad si fuera de eso le firmara recibos de dicha transacción. Tampoco es muy común pedirle a la justicia que investigue a alguien que seguramente tiene cómo denunciarlo a uno. En la balanza también es importante colocar que al mismo tiempo que se firmó el polémico contrato con Fresenios, el Seguro firmó otro contrato por el mismo valor y con el mismo objeto con la otra importante firma que suministra servicios de diálisis. ¿Cuál era entonces la ventaja que supuestamente se estaba comprando?

Por otra parte, Buriticá tiene a su favor un gran interrogante: ¿cuál sería la razón para que alguien se inventara semejante novelón, en el que él mismo corre el riesgo de quedar muy mal? Y aunque pareciera salir mal librado en todo este episodio, es tan alucinante su versión de los hechos que es difícil que alguien se invente algo así sin que tenga algo de verdad. Si bien sus denuncias le hacen mucho daño a Fino, no lo exoneran a él para nada.

Pero a estas reflexiones a favor de uno y de otro se les suma otro episodio que definitivamente no deja bien parado a ninguno de los dos.

Resulta que Díaz Sendoya, gerente en esa época de Fresenios, lo busca la justicia por manejar irregularmente más de 10.000 millones de pesos de esta empresa.

Lo que hizo durante mucho tiempo era consignar dineros en una cuenta que abrió a nombre de la empresa, pero que manejada sólo con su firma. A esa cuenta entraron préstamos que hizo a nombre de la empresa y por los que nunca respondió. Y lo más clave para el enredo de Fino, a esa cuenta entró el anticipo de 16.000 millones que el Seguro entregó por el polémico contrato. Además, todos los cheques que Buriticá ha aportado a la investigación salieron de esa cuenta.

A Fino mucha gente le tiene ganas, pero eso no justifica perder la perspectiva de las cosas. Lo único claro con lo que hasta ahora se conoce de este entuerto es que se refundieron mucho más que 2.000 millones de pesos. Y en eso participó más de un pícaro. ¿Quiénes serán?
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