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| 4/2/2011 12:00:00 AM

Cumbre aplazada

La reunión entre Santos y Chávez será este sábado y hay buen ambiente. La relación está bien en lo político, aceptable en seguridad y deficiente en lo comercial.

Todo indicaba que sería una cumbre sin sorpresas. El presidente venezolano, Hugo Chávez, llegaba a Cartagena para visitar a su colega colombiano, Juan Manuel Santos. Sería el tercer encuentro desde el cambio de gobierno, el 7 de agosto de 2010, y formaría parte de la metodología acordada por los dos gobiernos para normalizar las relaciones, que incluye una cumbre presidencial cada tres meses.

Pero con Chávez siempre hay sorpresas. Su llegada estaba prevista para las once de la mañana del viernes, y a esa hora ya estaban reunidos en mesas de trabajo más de diez de sus ministros con sus contrapartes colombianas. Según una primera versión, el avión del presidente venezolano -quien se encontraba en Cochabamba, Bolivia- había sufrido daños. La canciller María Ángela Holguín explicó que la agenda se ajustaría. Sin embargo, al final resultó que no llegaron los repuestos y se canceló la visita a Cartagena.

Por los antecedentes de las difíciles relaciones entre los dos países, y por las suspicacias tan propias de la idiosincrasia colombiana, no tardaron las especulaciones. Según la más repetida, Chávez no quería aterrizar sin la confirmación de parte de Colombia de que en la cumbre se anunciaría la extradición a Venezuela del narcotraficante Walid Makled, que también está pedido por Estados Unidos. Sin embargo, la canciller Holguín tranquilizó ánimos y disipó dudas al confirmar que la cumbre se haría el próximo sábado 9 de abril.

La reunión postergada volvió a poner en la mesa el tema de las relaciones colombo-venezolanas. Aunque las encuestas demuestran que la opinión aprueba ampliamente el giro que le introdujo Santos a la política exterior, hay voces -sobre todo en el uribismo radical- que lo critican. En su columna del jueves en El Espectador, Ernesto Yamhure dijo que a Chávez le daría "una recepción reservada a los héroes, cuando en verdad merece un tratamiento acorde con su condición de villano".

Que Chávez despierta pasiones en Colombia -más odios que amores- no es nada nuevo. Pero la nueva cumbre presidencial ha generado preguntas sobre la efectividad de la nueva política. El nuevo clima es bienvenido porque disipó tensiones. Y el presidente Santos presenta un balance positivo: "Chávez ha venido cumpliendo", dijo la semana pasada, y las relaciones son "radicalmente distintas". El mandatario citó, como prueba de la eficacia de su política hacia Venezuela, que ese país ha entregado "gente de las Farc o del ELN (…) y unos capos del narcotráfico muy importantes".

Hay más interrogantes en el campo comercial. Todavía no hay avances significativos y los gremios se atreven a decir que la relación "no volverá a ser la de antes", en palabras del presidente del grupo Suramericana, David Bojanini. ¿Por qué? Venezuela cambió de modelo económico, abandonará la Comunidad Andina en menos de tres semanas, no ha pagado toda la deuda y, sobre todo, porque hay incertidumbre y desconfianza frente a las reglas de juego para comerciar con ese país. No menos importante es que la economía venezolana lleva dos años contrayéndose y tiene la inflación más alta de América Latina.

Si hace unos años el comercio se hacía entre empresarios de ambos países, ahora se da entre el gobierno venezolano y el sector privado colombiano. El Estado representa casi el 60 por ciento de las empresas del país vecino. Por otra parte, no se puede hablar de libre comercio pues Venezuela busca acuerdos de comercio administrado para llenar necesidades específicas. En los primeros días de marzo se firmaron 13 acuerdos en temas tan puntuales como equipos de diálisis, clínker para hacer cemento, hilos y tejidos, y electrodos para soldadura. Es decir, compran lo que quieren y lo que les sirve como con una lista de mercado. "Pretender volver al escenario anterior no es compatible con el modelo económico de Venezuela". afirma Javier Díaz, de la Asociación Nacional de Exportadores (Analdex).

El comercio sigue deprimido y el bajonazo ha llegado hasta un 70 por ciento. En algunos sectores, como el de alimentos, frutas y vegetales, ganado, café, té y especias, sigue en un cero por ciento. Santiago Chamorro, presidente de Colmotores, dice que "2007 fue un año récord porque vendimos 60.000 unidades a Venezuela, pero desde la crisis, entre 2008 y 2010, no enviamos ni un solo carro". En años anteriores, más de 2.000 empresas exportaban a Venezuela, y actualmente no llegan a 500.

En cuanto a la deuda, no ha habido claridad sobre su monto exacto y las cifras oficiales del Ministerio no concuerdan con las del sector privado. Según el ministro de Comercio Exterior, Sergio Diazgranados, la cifra reconocida es de aproximadamente 900 millones y hasta el jueves pasado se habían pagado, en caja, unos 500 millones. Faltan 400 millones de dólares, pero, según el ministro, ya están reconocidos y falta que se gestione el pago empresa a empresa. Los cálculos de Analdex son distintos, pues, según Díaz, los venezolanos afirman que han pagado 750 millones de dólares, pero los empresarios solo han recibido pagos por 355 millones.

Pero más allá de los pagos, lo que preocupa es el horizonte que se avecina. El 21 de abril, Venezuela abandonará la Comunidad Andina y no está claro cuál será el régimen que se adoptará. Magdalena Pardo, presidenta de la Cámara Colombo-Venezolana, espera que sea un acuerdo "ambicioso y robusto, que satisfaga a ambas partes". Pero todavía no se sabe muy bien cuál será la nueva cancha de juego.

Otro problema que sigue sin solucionarse es el del día a día de la frontera. Mientras el resto del país tiene un desempleo que ronda el 11 por ciento, en el área metropolitana de Cúcuta alcanza un 17,3 por ciento. Las más afectadas por el comercio interrumpido han sido las pequeñas y medianas empresas de la frontera. La normalidad no ha vuelto, el contrabando de gasolina es cada vez peor y las necesidades básicas insatisfechas de las personas están aumentando.

A pesar de lo anterior, no todo es color de hormiga. Para María Luisa Chiape, exembajadora de Colombia en Caracas, "se han establecido espacios de diálogo y hay más confianza". En materia de seguridad, los ministros se han reunido en varias ocasiones parar crear un marco de entendimiento en temas tan difíciles como la lucha contra las drogas, acuerdos de cooperación sobre el secuestro y el narcotráfico. Este será uno de los nuevos acuerdos que firmarán Santos y Chávez el sábado próximo.

La agenda se ha diversificado. En lo cultural hay planes para fortalecer la Orquesta Sinfónica Binacional y crear tres bibliotecas. Además, se han escogido sectores como la infraestructura, la energía, la agricultura y la confección como ejes de una nueva relación. El Puente de Tienditas, que lleva en construcción treinta años, ya tiene luz verde, al igual que un paso por Arauca y el puente peatonal de la Unión.

Los ministros, reunidos el viernes, se quedaron esperando a sus jefes. Pero avanzaron, y están listos los proyectos para que Venezuela le venda a Colombia gasolina en cinco puntos de la frontera, y para que Colombia le suministre energía. Nada de esto significa que las relaciones son sólidas ni que están a salvo de altibajos. Hay temas espinosos, como la presencia de guerrilleros colombianos en Venezuela o la decisión final de Colombia sobre la extradición de Makled, que pondrán a prueba la capacidad diplomática de los dos países.

Por ahora, aplazada para el sábado, la reunión de los presidentes pinta bien. Todo indica, otra vez, que será una cumbre sin sorpresas.
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