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| 7/31/2000 12:00:00 AM

Cumbre en la selva

Cómo queda el proceso de paz con las Farc tras la reunión sobre cultivos ilícitos realizada en el Caguán.

Las buenas maneras del mundo diplomático se rompieron durante la mañana del jueves 29 de junio en el corregimiento Los Pozos, sede central de las conversaciones de paz entre las Farc y el gobierno. Uno a uno, 21 delegados de países tan lejanos como Japón o influyentes como el Estado Vaticano, subieron el tono de voz para cantarle la tabla a este movimiento armado. “Un secuestro, es un secuestro, así lo llamen retención. Cambiar la palabra no disminuye la gravedad del delito sino que, al contrario, ofende más a los colombianos”, la frase la dijo en perfecto español el embajador de Bélgica, Jean Paul Warnimont.

Su afirmación fue hecha ante miembros del Estado Mayor de las Farc, incluido su comandante en jefe, Manuel Marulanda Vélez, quien durante esa jornada guardó silencio absoluto.

Al día siguiente, en el atardecer del viernes, todos los dirigentes de las Farc exhibían sonrisas de satisfacción. ¿Qué pasó durante este tiempo? ¿Qué ganaron las Farc para transformar en cuestión de horas un severo jalón de orejas en un sentido abrazo de despedida? En primer lugar, lograron avanzar en su propósito de ‘desnarcotizarse’ y en esta ocasión nada menos que ante un decisivo y amplio sector de países. En la cita aseguraron que sólo protegen a los cultivadores, a quienes el Estado echó al olvido. “¿Regaño? Eso lo esperábamos. Lo importante es que el mundo escuchó el reclamo de los campesinos para sustituir los cultivos ilícitos por productos de pancoger”, exclamó Marcos Calarcá, vocero internacional de las Farc.

Para las Farc quitarse de encima la acusación de narcoguerrilla tiene una implicación trascendental en su búsqueda internacional para modificar el Plan Colombia, que hasta ahora hace énfasis en lo militar. La dimensión exacta de esto se verá el próximo viernes 7 de julio cuando se reúna en Madrid la Mesa de Donantes y se vea en plata blanca lo que se le va a dar al Plan Colombia. En principio los países que estuvieron en el Caguán insistirán en apartarse de la posición de Estados Unidos, que considera indispensable acabar con el narcotráfico para hacer la paz. En el Viejo Continente creen que la erradicación de las plantaciones de coca no puede hacerse a punta de plomo. Para ellos sólo se acabarán los cultivos “por la vía de proyectos de desarrollo alternativo”, y “teniendo presentes las propuestas expresadas por las comunidades afectadas”, tal como lo consignaron en la declaración final los países y organismos participantes en esta Audiencia especial internacional sobre medio ambiente y cultivos ilícitos.

Eso explica el parte de tranquilidad de las Farc tras la prueba de fuego a que fueron sometidas por parte de cada uno de los delegados que llegaron debidamente preparados con sus propuestas escritas. Porque en realidad diálogo como tal hubo poco, con excepciones de los tiempos de almuerzo en que los diplomáticos degustaron una tierna mamona acompañada por chorizos asados. “No pensé que les fueran a dar tan duro”, le susurró el negociador por el gobierno Fabio Valencia Cossio a su compañero Luis Guillermo Giraldo, mientras en la distancia se escuchaba música ranchera.

El ex embajador en Venezuela asintió. Era natural porque los delegados fueron tajantes al decirles a las Farc que “no más masacres, extorsiones y secuestros”. Este llamado le cae como anillo al dedo al gobierno justo ahora cuando en la mesa está el decisivo tema del cese al fuego.

Consciente de eso, el comandante Joaquín Gómez buscó contrarrestar las críticas. “Lo que no podemos permitir es que ustedes vengan a echarle candela al incendio”, dijo en la mañana del jueves. Su punto de vista fue ampliado en público por su compañero Raúl Reyes, quien reclamó vía libre para realizar un experimento de sustitución de cultivos en Cartagena del Chairá, para lo cual exigieron “otro despeje”. El alto comisionado, Camilo Gómez, reaccionó con una propuesta que dejó flotando en el ambiente: ampliar el despeje es imposible, lo que puede hacerse si quieren ese municipio es que devuelvan otro. Además, precisó que sería muy bueno empezar a ver la sustitución de cultivos “en las áreas afectadas dentro de la zona de distensión”.

Menos diplomático se mostró Valencia Cossio, quien de plano rechazó la propuesta porque se dejaba por fuera al gobierno, aunque dijo que podría estudiarse “pero con una veeduría internacional”. Precisamente sobre este punto el gobierno también quedó satisfecho porque con las reuniones del jueves y viernes logró comprometer a las Farc ante la comunidad internacional. Porque lo cierto es que el proceso no volverá a ser igual cuando 21 gobiernos les dicen en la cara a las Farc que habrá plata si aplican el DIH. Sin embargo, el compromiso es para ambas partes. El gobierno quedó también amarrado al exhortársele a “poner fin a la impunidad y al paramilitarismo”. “Estamos participando, pero nos comprometeremos a fondo cuando se les vean hechos de paz”, les dijo el embajador del Japón, Gunkatsu Kano.

La claridad de su mensaje fue comparable a la voz de los 50 campesinos que participaron en la Audiencia. “Nosotros vivimos entre la pobreza, justo con lo que nos da la tierrita. ¿Pero desde cuándo la miseria se combate con helicópteros?”, preguntó un campesino que llegó a esta cita desde las profundidades del Macizo Colombiano.

“Escúchenlos a ellos”, pidió Marulanda, para quien la reunión fue muy positiva porque demostró que Europa busca consensos, contrario a Estados Unidos que “ya sabemos lo que quiere”. Y escucharlos fue lo que hicieron con atención los embajadores. “El tono de los embajadores de Bélgica, Inglaterra y Canadá fue otro tras escuchar los testimonios de la gente”, reveló el comandante Simón Trinidad.

La cumbre les puso presión a la Farc. Les demostró que, al internacionalizarse el conflicto, no es tan fácil vender la imagen de un grupo insurgente legítimo si se secuestra y se protege al narcotráfico. Pero también les dio un triunfo en su afán de buscar adeptos contra el componente militar del Plan Colombia. Sintieron que se fortalecieron políticamente. Y eso es lo que perciben a diario cuando 10 de sus comandantes atienden una romería de pobladores que vienen a conversar con ellos. Igual que los embajadores. “En diplomacia no todo son palabras sino que los gestos son más importantes. Y el gesto de haber estado aquí con nosotros es lo más importante”, dijo el comandante Andrés París mientras sonreía.
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