Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/07/09 00:00

“Colombia tiende naturalmente a la impunidad”: Daniel Coronell

El periodista acaba de lanzar ‘Recordar es morir’, un libro que reúne sus columnas y las historias detrás de sus investigaciones. Con SEMANA habló sobre su labor, sobre Álvaro Uribe y sobre Donald Trump.

"Yidis Medina y María del Pilar Hurtado me marcaron. A ambas el poder las deslumbro y las incinero." Foto: León Darío Peláez

SEMANA: ¿Por qué tituló su libro así?

DANIEL CORONELL: Por el título de una columna que escribí sobre el destino trágico de muchos de los testigos contra el general Rito Alejo del Río, que terminaron asesinados en circunstancias muy particulares. Recordaban y los encontraba la muerte. Es una metáfora de lo que es ejercer el periodismo en Colombia.

SEMANA: A usted lo han amenazado incontables veces, por lo cual, en parte, ha preferido vivir fuera del país. ¿Cómo se encuentra?

D.C.: Mejor. No tengo los agobios de antes. En Estados Unidos tengo una vida normal y muy familiar. No tengo un esquema de seguridad, y hasta manejo mi propio carro.

SEMANA: Usted viene del periodismo de televisión. ¿Cómo terminó escribiendo columnas?

D.C.: Hace 11 años llegaron a mi oficina dos colegas que aprecio mucho: Juan Gabriel Uribe, entonces director de El Nuevo Siglo, y Óscar Montes, editor general del diario. Me propusieron ser columnista. Por cosas de la timidez, no pude sacarles el cuerpo y así me metí en este problema. Un problema del cual no me he podido deshacer.

SEMANA: ¿Le parece de veras un problema?

D.C.: Lo es. Me demanda mucho trabajo y me ha traído muchos sinsabores y angustias. Pero estaría mintiendo si no le digo que, a la vez, he recibido grandes satisfacciones.

SEMANA: ¿Cómo nace una columna suya?

D.C.: Yo tengo una rutina y trabajo con dos colegas en Colombia. Juntos hacemos una investigación documental, un trabajo de contrastación y hacemos lo posible por contradecir pruebas. Yo hablo con las fuentes.

SEMANA: ¿Cómo hace para hablar con estas?

D.C.: Es difícil. En Colombia la gente con justa razón ha perdido la confianza en los teléfonos. En muchos casos es que me reúno con mis fuentes en terceros países. En Panamá, en México y a veces en Miami. Es un proceso tan dispendioso que siempre intento programar los temas para las columnas con cinco semanas de anticipación en investigación y tres días en redacción.

SEMANA: De toda la información que le llega, ¿cuántas veces resulta una columna?

D.C.: Me llegan muchas pistas, pero también investigo temas que, por intuición, decido seguir. De cada diez intentos máximo dos dan resultado. La investigación demanda tiempo, y los resultados son pequeños.

SEMANA: Siguiendo esa intuición, ¿cuáles diría que son los temas que más esfuerzos investigativos merecerían hoy en Colombia?

D.C.: Valdría la pena una investigación sobre los tratamientos de hemofilia. Deberíamos mirar también a fondo el negocio de la seguridad privada. Así mismo es importante llegar a los urbanizadores piratas estrato seis, con sus nombres y apellidos, más allá de las fachadas de las empresas. Y dos temas más: el transporte masivo en Bogotá y el enriquecimiento de algunas Iglesias en Colombia merecen una investigación a fondo.

SEMANA: ¿Por qué no menciona a la paz?

D.C.: Mire, mi posición es clara. El periodismo está en la obligación de hacer un esfuerzo por no comprar la propaganda a favor ni en contra de la paz. Además, los periodistas tenemos que ser capaces de ir más allá del entusiasmo justificado que los acuerdos puedan producir.

SEMANA: ¿Entonces ve a los medios demasiado entusiasmados con la paz?

D.C.: En relación con la paz, los periodistas no podemos sucumbir al entusiasmo sin límites, pero tampoco al pesimismo que difunden quienes quieren sabotear el proceso.

SEMANA: En general, ¿cómo ve a los medios?

D.C.: Hoy el periodismo colombiano pasa por un buen momento. Las cosas han mejorado, digamos, en los últimos 30 años. Hay un ánimo crítico y calidad. Pero falta hacer exámenes autocríticos y esforzarnos por separar los intereses corporativos de lo periodístico.

SEMANA: ¿Cómo le ha ido en Univisión, donde usted es presidente de informativos?

D.C.: He vivido cosas importantes porque, durante mi tiempo, Univisión ha debido aprender. Por un lado, por el cambio universal de los medios, pero, por otro, por la creciente influencia de los hispanos. Serán ellos quienes decidan quién será el próximo presidente, y Univisión es su principal medio. Ese hecho ha exigido mucho de nosotros. Aunque parezca exagerado, de la educación y la formación de opinión de los hispanos dependerá el futuro del país más poderoso del mundo.

SEMANA: ¿Les preocupa Donald Trump?

D.C.: ¡Es que puede ganar! Ahora se le viene un viento de cola importante y una exposición mediática de cinco días durante la convención republicana, en la que va a reforzar un discurso que, si bien no llega a los estadounidenses más educados, sí hace mella en la América profunda. Estamos en la elección más interesante de la historia de Estados Unidos. Para mí es una gracia de la buena suerte poder presenciarla desde el medio más influyente del país.

SEMANA: Volviendo a su libro, ¿por qué lo dedicó solo a algunos temas?

D.C.: Reunidas en un libro y reorganizadas, mis investigaciones sobre el Palacio de Justicia, la Yidispolítica, el DAS, Agro Ingreso Seguro, Saludcoop y el procurador Ordóñez tienen la virtud de retratar situaciones a lo largo de años. Yo he escrito columnas con diferencias de muchos años, pero al verlas juntas uno nota evoluciones interesantes. Además, esta era la ocasión perfecta para contar los esfuerzos que todo esto ha implicado para mí.

SEMANA: ¿No se le quedan temas por fuera?

D.C.: Claro, especialmente uno: Álvaro Uribe Vélez. Pero le cuento una cosa. Sobre él tengo un libro pendiente. Espero tener el tiempo para hacerlo. Un libro de naturaleza distinta.

SEMANA: ¿Cómo así?

D.C.: Le puedo decir que no será una colección de columnas, sino un libro escrito desde ceros. Hay cosas pendientes por contar sobre él, y otras ya contadas, pero que vistas juntas…

SEMANA: Tras 11 años de investigar para sus columnas, ¿cuál es el caso que más lo sorprendió?

D.C.: La historia de Agro Ingreso Seguro es de realismo mágico. Y, bueno, el caso del Palacio de Justicia lo investigué con base en elementos que habían estado perdidos durante 22 años. En Colombia desaparecen las evidencias, y el video del magistrado Urán saliendo vivo del palacio era una evidencia, pero había durado refundida por más de dos décadas. Eso no deja de sorprenderme.

SEMANA: ¿Por qué?

D.C.: Porque siento que Colombia es un país que tiende naturalmente a la impunidad. Por cada hallazgo que uno hace, varios miles permanecen en el silencio. Y los pocos que salen quedan, en su mayoría, en la impunidad.

SEMANA: ¿Eso a usted no lo frustra?

D.C.: No. El 90 por ciento de las veces no pasa nada, y yo ya aprendí a vivir con eso. Además, yo nunca he sentido que la labor del periodista sea la de combatir la impunidad. El periodista no hace justicia. El periodista expone hechos para que la gente tome decisiones.

SEMANA: ¿Qué personajes lo han marcado?

D.C.: María del Pilar Hurtado y Yidis Medina. Aunque son de origen y nivel educativo diferentes, tienen elementos en común. Ambas, en un momento, estuvieron deslumbradas por la luz del poder. Pero terminaron incineradas por el fuego que provenía de esa misma luz.

SEMANA: ¿No le da duro que sus denuncias desaten dramas personales y familiares?

D.C.: Eso me causa tensión, pero ya he aprendido a manejarla. Y yo siempre trato de ser muy considerado con el tema personal. Pero no es sencillo. Hace unos años escribí una columna justa, pero muy dura sobre una legisladora. La publicación coincidió con la muerte del padre de esa persona. Esa coincidencia hasta hoy me hacer sentir triste. Si hubiera conocido esa circunstancia familiar, yo no la hubiera publicado.

SEMANA: Ahora que está de paso por Colombia, ¿cómo ha percibido el ambiente?

D.C.: El lenguaje político se ha degradado, y esto se debe al senador Álvaro Uribe. Él ha encontrado ahí una forma de ganar adeptos. Él introdujo palabras que antes estaban reservadas a otros escenarios, y hasta hoy las usa ante el aplauso de muchos. Él convirtió la descalificación moral del adversario en una estrategia para no responder a las evidencias en su contra. Pero a mí me parece muy saludable para la democracia que haya debate.

SEMANA: ¿Piensa volver al país algún día?

D.C.: Claro que sí. Yo no concibo mi vida por fuera de Colombia por mucho tiempo más. Por ahora, sin embargo, lo más importante para mí es estar aquí hasta la culminación del tratamiento de mi hija. 

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