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| 9/2/1996 12:00:00 AM

DANIEL SE DESTAPA

Por primera vez el hermanode Ernesto Samper suelta la lengua sobre el narcoescándalo que involucra al Presidente.

Dos años de silencio. Públicamente había dicho que mientras su hermano fuera Presidente se abstendría de opinar sobre política. Finalmente Daniel Samper rompió esa promesa y enfiló baterías contra periodistas, políticos, testigos del proceso 8.000, Estados Unidos y la Fiscalía. El fundador del periodismo investigativo enColombia hoy parece estar situado en la otra orilla. Sin embargo mantiene el mismo tono, la misma actitud beligerante, reflexiva, acusadora. Es uno de los más duros críticos del papel que han jugado los medios de comunicación en el escándalo de la narcofinaciación de las campañas políticas. Son múltiples sus reservas sobre las motivaciones de quienes han denunciado y atacado al presidente Samper.
Muchos de los que fueron sus fieles lectores de 'Reloj', su columna del periódico El Tiempo, se preguntan qué piensa de todo lo que ha ocurrido y en qué forma manejaría este caso desde la Unidad Investigativa que dirigía en el mismo diario. Pero la gente también quiere saber cómo es su relación con el Presidente en esta penosa crisis y en qué forma lo ha afectado en su vida profesional y familiar. Este es el Daniel Samper modelo 1996. El hermano más cercano del Presidente de Colombia . El hombre que hay detrás del periodista.
Semana: Usted es uno de los más duros críticos del papel que han jugado los medios de comunicación en el narcoescándalo de las campañas políticas. ¿Cuáles son las quejas que tiene al respecto?
Daniel Samper Pizano: Básicamente, creo que la prensa es parte de la crisis nacional y que ha retrocedido hasta los viejos tiempos del periodismo político que mi generación luchó por erradicar. Da la sensación de que a muchos medios de comunicación lo que les interesa no es la verdad real de lo acontecido, sin poder armar una opción verosímil que, aunque está errada, armonice con sus intereses. Así, regresamos a los comentaristas jupiterinos que filtran sus opiniones en las páginas informativas; a las omisiones deliberadas; a la manipulación de titulares; y a escandalosas capitulaciones de la independencia y la ética del periodista, como son los pactos con las fuentes _denunciados por destacados periodistas del país_ en los cuales, a cambio de trozos de un sumario, el periodista renuncia a contrastar esa información y a obtener el punto de vista del acusado. Muchos periodistas se dan cuenta ahora de que fueron utilizados y que redujeron su condición profesional a la de transcriptores de sumarios. En todo este proceso la verdad dejó de ser interesante o importante. Lo interesante o importante ha sido imponer un criterio, un interés político, una opinión o una manera particular de ver las cosas.
Semana: ¿Por qué cree en la inocencia del Presidente?
D.S.P.: Voy a exponer solamente razones objetivas, no subjetivas. Llevamos dos años de persecución inclemente; los enemigos del Presidente no han dejado piedra sobre piedra; han contado con la ayuda de normas legales peligrosas que permiten canjear un alivio penal por una mentira; los más refinados sistemas de pesquisa de Estados Unidos han estado al servicio de la causa contra el Presidente de Colombia; no hay institución nacional _algunas con mala intención y otras en cumplimiento de su deber_ que no haya tenido que ver con esta investigación. Y, al cabo de estos 24 meses, no existe ninguna prueba seria que vincule al Presidente a un compromiso con la mafia. En cambio, nadie podrá negar que es el gobierno que más éxitos ha conseguido en la historia contra el narcotráfico. Ernesto sigue siendo un hombre de recursos económicos modestos, que ha sabido soportar con enorme dignidad y paciencia las más grandes infamias.
Semana: Si realmente el ingreso de los dineros del narcotráfico ocurrió a espaldas de él, ¿no sería esa una situación lo suficientemente grave como para dejar sin sustento moral la permanencia del Presidente en el poder?
D.S.P.: Los defensores del Presidente han demostrado que el dinero sucio se fue para otras cuentas bancarias extranjeras que aún estamos en mora de conocer en todos sus detalles. Y si el dinero sucio se fue para otras cuentas, no puede hablarse de que haya contaminado la campaña. Los resultados de la lucha contra las drogas muestran que no pudo haber pactos con la mafia. El problema es que, por aquello de que la verdad ya no importa, la defensa no ha sido escuchada por los enemigos del gobierno. ¿Cuántos de los que pontifican y encienden hogueras han leído el expediente completo del proceso? Pocos. Quizá ninguno. Aquí cada quien agarra causa y hacha, y sale a pelear. Vivimos una guerra de tribus. El ideal es que una Corte internacional seria e independiente conozca algunos de los hechos que rodean este caso.
Semana: ¿Está convencido de que el fallo del Congreso fue una decisión seria?
D.S.P.: Es bueno hacer memoria de las circunstancias que han rodeado el proceso al Presidente, para entender por qué ha pasado lo que ha pasado aunque a Washington y sus aliados nacionales no les guste. Creo que en la historia de Colombia no ha habido un juicio más transparente que este. Es el propio Presidente quien pide que lo investiguen; el Ministerio Público interviene, y se pronuncia a favor; el defensor del pueblo interviene, y apoya el derecho del Presidente a la defensa; se montan pruebas falsas para desacreditar al presidente de la comisión de investigaciones; tratan de asesinar al primer abogado defensor y consiguen su exilio; se produce una primera instancia que absuelve al Presidente; ante nuevas acusaciones, y en su interés por dar credibilidad al proceso, el propio gobierno levanta la confidencialidad del juicio y amplía la competencia a toda la Cámara de Representantes; los diputados bajo sospecha se marginan; mientras tanto, a los detenidos que pretenden salvarse hundiendo al jefe de Estado se les permite atender a la prensa internacional en sus celdas y montar oficinas de comunicación; los abogados adversarios se convierten hasta en editores y organizadores de cine-foros para desacreditar al Presidente; durante largas semanas los colombianos pueden escuchar por televisión cuanto se dice en favor y en contra del mandatario, incluidos insultos grotescos de personajes de quinta categoría que pretenden conquistar así un rinconcito en la primera página; son amenazados de muerte los representantes que simpatizan con la causa presidencial; al abogado del Presidente se le impide responder cargos nuevos; la Fiscalía, desconociendo la norma constitucional que la obliga a investigar tanto lo favorable como lo desfavorable al acusado, se dedica tan sólo a acopiar cargos en contra y omite los hechos a favor. En tan adversas y transparentes condiciones, una abrumadora mayoría decreta la inocencia del Presidente. Es casi heroico. Yo creo que cualquier persona que hubiera leído a conciencia y sin prejuicios los expedientes de acusación y defensa habría votado en el mismo sentido.
Semana: ¿Cada cuánto habla con su hermano?
D.S.P.: Por ahí una vez por semana. Y cada vez me sorprenden más la tranquilidad, la ecuanimidad, la falta de rencores y esa vaina que llaman 'sentido republicano y democrático' que demuestra. Con otro Presidente quién sabe qué cosas habrían ocurrido aquí.
Semana: ¿Le ha aconsejado que siga en el cargo, o que renuncie?
D.S.P.: Yo lo que les aconsejé en su momento a Luis Carlos Galán y a Ernesto es que no cometieran la barbaridad de aspirar a la Presidencia de la República. En un país tan desquiciado como Colombia se necesita estar loco para querer ser Presidente. Por lo demás, yo no soy buen asesor político: la política cada vez me interesa menos, me deprime más y me parece más mezquina. Lo que sí le ayudo a veces es como asesor gramatical de algunos de sus discursos. Creo que como gramático le soy más útil que como consejero político.
Semana: ¿Cuáles han sido las recomendaciones más recientes?
D.S.P.: Que procure evitar el gerundio galicado y parta en varias frases los párrafos muy largos.
Semana: ¿Cuáles considera que han sido los peores y mejores momentos que ha vivido con su hermano en esta crisis?
D.S.P.: Para mí, esta crisis no ha tenido momentos buenos: ha sido una larga, injusta y atroz pesadilla. Yo he tenido siempre una profunda capacidad de indignarme ante la injusticia, y llevo dos años sumergido en la indignación, la ira, la frustración y la depresión. A veces me río, pero es por las extravagancias que uno llega a conocer y por ciertos héroes repentinos de la pureza que uno descubre. Ernesto tiene más aguante, es más canchero y supera los golpes con mucha más fortaleza que yo. Le duelen, pero echa para adelante. Piensa que, como Presidente, no se puede dar el lujo de dejarse aplanchar. Yo, como no soy presidente, sí me doy ese lujo. Tal vez lo único que me consuela es ver el apoyo popular que tiene en muchos sitios el gobierno, y la satisfacción con que Ernesto me cuenta a veces los avances que se han conseguido en el terreno social.
Semana: ¿Qué ha significado personalmente para usted, desde otros puntos de vista, como el profesional y el de ciudadano, la situación que ha vivido en los últimos dos años?
D.S.P.: Siempre he creído que un periodista no puede ser independiente cuando alguien muy allegado a él ocupa un importante lugar en la política. Es como los médicos, que no operan a un familiar porque están involucrados sentimentalmente en la intervención. De lo contrario, y por más talanqueras que uno ponga, acaba al servicio de esos intereses políticos. Por eso, desde la campaña presidencial, prácticamente dejé el periodismo. Escribo algunos artículos de humor para El Tiempo y asesoro a Cambio 16 América. Pero, por respeto a mi profesión y a los lectores, me dedico a otras cosas. En especial, a escribir libros, telenovelas, comedias y materiales para CD Rom. Como ciudadano, me doy cuenta de que la crisis no afecta sólo a la administración, sino a la justicia, la prensa y al sistema de entendimiento internacional, entre otras.
Semana: ¿Qué piensa del papel del gobierno de Estados Unidos y del embajador Frechette?
D.S.P.: No me sorprende que Estados Unidos siga tratando a América Latina con el desdén y la arrogancia de siempre. Ya Bolívar nos había advertido que padeceríamos secularmente los agravios de esta potencia tan egoísta en la defensa de sus propios intereses. La lista de intromisiones, despojos y maltratos es larga, desoladora y conocida. En este sentido, el embajador no es más que un empleado de poca categoría con aires virreinales que intenta ayudarle a su jefe a ganar las elecciones. Lo que me duele es que haya colombianos que se presten a su juego y al actuar no piensen en su país sino en las dos o tres palmaditas cariñosas de recompensa en la cabeza que les darán un día de estos los burócratas de Washington si se portan bien.El pueblo de Estados Unidos es admirable; yo puedo aseverarlo porque viví allí varios años y en sus universidades recibí parte de mi educación. Pero sabemos que reinan enorme cinismo y arrogancia en buena parte de su clase política, porque los políticos gringos saben que controlan el mayor poder que ha conocido la historia. Su hipocresía es sorprendente: un colosal mercado de consumidores cuyo presidente y su portavoz reconocen haber ingerido marihuana _es decir, una droga alucinógena_, se permite descalificar a un país que ha puesto miles de muertos en la guerra contra el narcotráfico. En este proceso la hipocresía ha sido uno de los ingredientes fundamentales. Basta con hurgar un poco en ciertos 'radicales' para descubrirles el pariente preso por droga, las amistades dudosas o, por lo menos, la bolsita blanca en el bolsillo. Si se estableciera en este debate el control antidoping que afectó a Maradona, se reduciría mucho el número de participantes.
Semana: ¿Qué opinión tiene de los artículos y comentarios de los siguientes periodistas y medios de comunicación: Enrique Santos Calderón, Juan Manuel Santos, Antonio Caballero, María Isabel Rueda, Mauricio Vargas, Roberto Posada, Unidad Investigativa de El Tiempo, SEMANA, Cambio16, Cromos, The Miami Herald, The Washington Post?
D.S.P.: La falta de tiempo, de ganas y de oportunidad me han evitado la dicha de leerlos a todos, y por eso no me detengo en nombres. Pero, en general, pienso que los periodistas se dividen por lo menos en siete grupos: los iluminados que se consideran llamados por Dios y la patria a encabezar una cruzada moral; los que quieren aumentar circulación o sintonía, sin reparar mucho en los métodos; los que son parientes cercanos de precandidatos presidenciales y trabajan para ellos; los que ocupan, han ocupado o aspiran a ocupar cargos políticos con rivales del actual gobierno; los que buscan resucitar prestigios marchitos; los que consideran que la mejor manera de proteger su rabo de paja es poniéndose al servicio de los bomberos; y los que creen sinceramente que el Presidente debe irse o debe quedarse. Quizás sólo estos últimos están interesados en la verdad de los hechos. Los demás ya no forman sectores de opinión sino sectas.
Semana: Los siguientes son casos que la prensa y la Fiscalía han revelado para comprometer a Samper en el escándalo de la narcofinanciación de la campaña: caso María, narcocasetes, allanamientos del Bloque de Búsqueda, caso Medina, caso Elizabeth Montoya, caso Botero. ¿Cuál es su opinión sobre estas pruebas y el manejo que usted le daría como periodista investigativo?. Nos gustaría que los analizara a la luz de un hecho anterior que fue la advertencia que los delegados del subsecretario Robert Gelbard le hicieron al candidato Samper, en el sentido de que existían fuertes evidencias que su campaña estaba financiada por el cartel de Cali. (Esta pregunta fue acompañada con un amplio resumen de pruebas de la Fiscalía sobre los casos mencionados.)
D.S.P.: Como dije en la respuesta a una de las preguntas anteriores, considero que un periodista está impedido para informar o analizar públicamente aquellos asuntos en los que se encuentra sentimental y directamente involucrado. Mal haría, pues, en intentarlo aquí. Pero como periodista investigador recomendaría lo que recomendé siempre a mis alumnos y redactores: no traguen entero (pero no traguen entero de ningún plato: ni del plato del gobierno; ni de la DEA, ni de la Fiscalía, ni de los reos columnistas, ni de nadie); la verdad es parte de un contexto, así que hay que buscar el contexto para conocer la verdad auténtica; digan sólo lo que puedan probar más allá de dudas; ofrezcan una ocasión sincera y oportuna de defensa y respuesta al incriminado, lo que implica insistir en conocer sus descargos con el mismo tesón que se tuvo para reunir materiales contra él.
Semana: ¿Pero que opina de los casos mencionados?
D.S.P.: No necesito entrar en detalles para darme cuenta de que los casos mencionados representan, exactamente, el tipo de periodismo sesgado que se ha impuesto en los últimos meses: una antología de un solo color de hechos aislados, frases dispersas y afirmaciones no probadas. Pero no existe allí contraste alguno con otros hechos ni se investigan contextos mayores. No se habla de numerosos testimonios (entre ellos, los múltiples testimonios de algunos acusados antes de negociar con la Fiscalía y Estados Unidos, que eximen al Presidente de todo conocimiento y participación en las irregularidades); tampoco se mencionan los argumentos de la defensa en muchas de estas acusaciones, que han sido expuestos ante las autoridades y constan en los expedientes; no se hace una evaluación de la clase de testigos que las dicen; no se habla de los factores favorables que ofrecen una luz distinta sobre el caso: la ausencia de pruebas, la eficaz lucha contra los narcotraficantes, etc. Tampoco noto interés por averiguar ciertos capítulos oscuros de este maremágnum: ¿Quién grababa teléfonos? ¿Quién montó una feria de informaciones sacadas de la reserva del sumario, parcializadas o pactadas para que se publicaran sin contraste? ¿Hasta dónde están metidos los Estados Unidos en algunas de nuestras instituciones? ¿Es tolerable esa intromisión? ¿Se han investigado muchas mentiras comprobadas que surgieron durante el proceso? En cuanto a los testimonios de Botero y Medina, conviene recordar que ambos, bajo juramento, eximieron de toda responsabilidad al Presidente antes de que les propusieran negociar su situación. Respecto de los narcocasetes, en su defensa el doctor Cancino demostró que habían sido amañados, recortados y editados.
Semana: ¿Qué lección dejaría esta crisis?
D.S.P.: La principal de ella es que los colombianos seguimos viviendo, peligrosamente, al borde de la guerra civil. Guerra civil que al despuntar la República estalló entre federalistas y centralistas; se trasladó luego a conservadores y liberales, más tarde se convirtió en bandoleros contra autoridades; luego, guerrilla-paramilitares-narcos contra el Estado; y ahora, con cualquier circunstancia delicada, nos induce a enfrentamientos maniqueos de inusitada violencia verbal y física. Es hora de que este país acuda al siquiatra. La segunda lección, en lo que tiene que ver con la prensa, es la que expresó en términos generales hace poco Joaquín Estefanía, ex director del diario español El País, bajo lo que él denomina la "segunda ley de la manipulación moderna": "La verdad no es lo que ocurre, sino lo que se comunica, lo que se repite sistemáticamente en la prensa, radio y televisión, la repetición es demostración, la verdad no es la información, sino la comunicación". Hay algunos que saben bien esta ley y la aplican hasta sus últimas consecuencias.
Semana: Algunas de las personas denunciadas por usted han aprovechado el momento para decir que fueron condenadas por sus artículos por hechos muchísimo menos graves que los que se le endilgan al Presidente. En una carta enviada a SEMANA, Humberto Salcedo Collante recordaba que usted había puesto en duda el fallo de la Comisión de Acusaciones con los mismos argumentos que hoy podría cuestionarse el que absolvió a Samper. ¿Qué piensa al respecto?
D.S.P.: Quien conozca los dos casos sabe que se trata de situaciones completamente diferentes. Es claro que se intenta enredarlos para darles, 20 años después, un uso político. No entro a aburrirlos con detalles, que empiezan con las ponencias de la Comisión. Pero a quien tenga dudas le recomiendo leer lo que ha escrito en diversas oportunidades, con toda claridad y contundencia, el periodista Alberto Donadío, coautor de la investigación, que carece de los impedimentos familiares que yo tengo para tratar el asunto. Lo que sí puedo decir es que no es la única situación en la que jefes políticos que habían sido señalados por la Unidad Investigativa de El Tiempo, encuentran una causa de vergüenza al alistarse contra el Presidente.
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