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| 9/8/2012 12:00:00 AM

Danilo García, el guerrillero que cavó su tumba

La muerte de Danilo García, mano derecha de Timochenko y comandante del Frente 33, es uno de los más duros golpes a esa guerrilla en los últimos meses.

José Epifemio Molina, alias Danilo García, literalmente cavó su propia tumba. Con 57 años de edad, 34 de los cuales llevaba en las Farc, este jefe guerrillero temía morir en un bombardeo, así que él y sus hombres cavaban pequeñas fosas en donde dormían, para estar a cubierto de las ondas explosivas o las esquirlas de eventuales bombas. Él mismo cavó la suya, un poco más grande que las normales para acomodarse en las noches con su compañera, a unos 15 kilómetros del municipio de Hacarí, Norte de Santander. Irónicamente esa decisión fue la que terminó con su vida y la de 15 de sus camaradas el pasado 5 de septiembre.

La ladera de la montaña en donde estaba instalado su campamento y las fosas donde dormían los guerrilleros fueron bombardeadas. Danilo se salvó de las primeras bombas, pero las explosiones provocaron el derrumbe de parte de la montaña, que terminó sepultándolo a él y a sus hombres. Ese día culminó una cacería de 20 meses por parte de la Dirección de Inteligencia de la Policía (Dipol) contra uno de los guerrilleros más antiguos de las Farc y uno de los hombres mas importantes para el actual jefe de esa organización, Timochenko.

Aunque Danilo era desconocido para la mayoría de los colombianos, su importancia en las Farc es indiscutible y en el nororiente del país su nombre es tristemente célebre. Tan solo en lo corrido de este año las autoridades le atribuyen cerca de 200 acciones, la mayoría en Norte de Santander. En la última de ellas, a finales de agosto, murieron un teniente y un patrullero de la Policía, cerca de Sardinata. Carros-bomba, ataques a pueblos y a patrullas militares y de Policía que transformaron la región del Catatumbo durante meses en una de las zonas más convulsionadas del país fueron ordenadas por él como jefe del Frente 33 y de la columna móvil Ruiz Bar.

No solo por su edad sino por su formación, Danilo era considerado un guerrillero de la vieja guardia. Sus primeros años en las Farc fueron a la sombra del Mono Jojoy, en el bloque oriental. Estuvo en el Frente 16 con el Negro Acacio, en el 10 y en el 39. Allí conoció de primera mano los negocios de narcotráfico y se volvió un avezado combatiente. Fue encargado de los frentes en Arauca en donde lideró ataques al oleoducto. Para 2003, Timochenko lo incluyó en el estado mayor del Bloque Magdalena Medio, que en ese entonces dirigía. Al poco tiempo fue nombrado jefe de un frente clave para las Farc, el 33, en el Catatumbo, una región estratégica de frontera, centro de siembra de coca y corredor para el paso de cocaína.

Danilo llegó a un acuerdo de paz con el ELN en esa región, donde se mantenía una fuerte disputa alrededor del negocio, y realizó pactos con Megateo del EPL. Todo esto le permitió crear una zona segura para la movilidad de Timochenko, lo que lo convirtió en uno de sus hombres más cercanos y de confianza.
 
Según la Policía, Danilo actuaba como una especie de capo en la zona y había adoptado lujos propios de mafiosos como el gusto por el licor y las mujeres. Hace casi dos años esas pequeñas debilidades del guerrillero fueron el punto de partida para los hombres de la Dipol.

Al cabo de varios meses de intentos frustrados, una mujer cercana a Danilo le contó por casualidad a uno de los policías encubiertos enviados a la zona que el guerrillero usaba un sombrero tipo llanero que nunca se quitaba. No era un sombrero común. Lo fabricaban solo en Venezuela y lo vendía únicamente un almacén en Cúcuta. Por el clima, cada seis meses Danilo reemplazaba su sombrero. Instalaron vigilancias en el almacén y esperaron. Un día, la mujer que inocentemente había entregado el dato del sombrero al hombre de la Dipol encubierto, fue a Cúcuta y compró uno.
 
"Empezamos a seguir el sombrero", explicó uno de los oficiales. La mujer viajó hasta Hacarí, allí entregó el sombrero a otra persona, que se desplazó hasta una vereda en donde fue recogido unos días mas tarde por una tercera persona, la cual lo llevó a una pequeña finca. Un grupo especial de operaciones se apostó y comenzó a vigilar durante días el lugar. Vieron a Danilo llegar en una mula, con varios de sus hombres. Allí estuvo unas horas y partió hacia las montañas. Por la topografía del sitio era imposible una operación para tratar de arrestarlo. La opción fue bombardear el campamento en donde Danilo, sin saberlo, había cavado su propia tumba y la de su compañera, que murió con él.
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