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| 3/17/2012 12:00:00 AM

De aguacatero a extraditable

Un vendedor ambulante estuvo a punto de ser enviado a una cárcel en Estados Unidos. Su historia se suma a otros casos de extraditados por error. ¿Quién responde?

Estudió tres veces primero de primaria y no logró pasar de grado. Nunca aprendió a leer ni a escribir. Por eso, Hernán Alonso Ruiz Sánchez se dedicó desde niño a trabajar con su papá en la venta de abarrotes en el barrio Kennedy, al occidente de Medellín.

Cuando era adolescente, se independizó. Empezó a caminar por las calles ofreciendo aguacates que llevaba en un carrito. No ha hecho nada más en su vida. Todo el barrio lo conoce. Saben bien del problema con que nació. "El médico me dijo, recién terminado el parto, que a Hernán se le había regado el líquido del cerebro", cuenta Nubia Sánchez, su mamá. Hernán tiene problemas para expresarse, y se le dificulta entender lo que pasa. Aprende algo y a los pocos minutos lo olvida. Se casó y tuvo dos hijos. Sus tres hermanas también armaron sus hogares, pero todos siguieron viviendo en la misma casa humilde de dos pisos, sin baldosas y con paredes de ladrillo.

Hace tres años, mientras esperaba un bus en el centro, lo atracaron y lo golpearon. Le quitaron el poco dinero que tenía y sus papeles. Puso el denuncio y sacó después el duplicado de su cédula. Un año más tarde, cuando iba a surtir su carrito de aguacates en la central minorista de abastos, lo atropelló un taxi. Un brazo le quedó lesionado para siempre. También puso el denuncio.

Tras los infortunados hechos, todo parecía seguir normal en su vida. Pero no fue así. El pasado 7 de marzo llamaron a su casa y lo citaron a la Fiscalía. Al día siguiente debía presentarse a las ocho de la mañana en el búnker de Medellín.

El 8 de marzo madrugó con su esposa Sorley Montoya a cumplir la cita. En la Fiscalía, dos agentes del CTI se lo llevaron para un sótano. Después, los mismos agentes le entregaron a su esposa la correa de Hernán y un papel donde decía que la Corte Distrital del Sur de Florida, en Estados Unidos, lo había pedido con urgencia en extradición desde el pasado 13 de enero. Lo señalaban de ser alias Federico, y las acusaciones eran preocupantes: lo buscaban no solo por narcotráfico, sino por asesinar a un informante de las autoridades de ese país. El 24 de febrero, la Fiscalía colombiana decretó su captura y la misma se hizo efectiva el día que fue citado al búnker. De inmediato lo trasladaron a La Picota, para ser enviado a Estados Unidos.

Al día siguiente, su esposa fue a recuperar la denuncia que puso Hernán cuando le robaron, pero por ninguna parte se hablaba de la pérdida de los papeles. Hernán omitió ese detalle en su declaración. La prueba para demostrar que sus documentos se extraviaron y pudieron caer en manos inescrupulosas se escapaba.

Sin embargo, el barrio se alborotó. La mesa de derechos humanos de la comuna seis empezó a reclamar y rápidamente recogieron firmas para una carta en la que daban fe de que Hernán no se había movido de esas calles en toda su vida. Tal vez por esto, o tal vez porque cuando las autoridades tuvieron a Hernán en sus manos, se dieron cuenta del error. El viernes 9 de marzo la Embajada de Estados Unidos retiró la solicitud de captura contra Hernán y la Fiscalía lo dejó libre. Aún nadie da explicaciones de quién es verdaderamente Federico y por qué se produjo el error.

Este caso con 'final feliz' recuerda otros que ya habían puesto a pensar al país sobre las posibles deficiencias en las extradiciones. En mayo de 2003 fue extraditado Nelson Vargas, señalado de ser alias el Marrano, guerrillero de las Farc. Lo acusaban del homicidio de tres indigenistas norteamericanos en 1999. Pasó 30 meses preso en Colombia y un año en Estados Unidos antes de demostrar que no era el Marrano y recuperar su libertad.

En 2005, le tocó el turno a Gabriel Consuegra, un humilde vendedor de plátanos en Barranquilla, y a su hijo Gabriel, estudiante de Enfermería. En junio de ese año, fueron detenidos y señalados de lavar más de 6 millones de dólares. Los dos fueron extraditados y en 2007 quedaron libres después de que la Justicia estadounidense comprobó que se había equivocado.

El caso de William Gil fue similar. Lo capturaron en Palmira en agosto de 2007 señalado de ser un narcotraficante. Pasó 13 meses en la cárcel de Cómbita y en septiembre de 2008 lo extraditaron a Estados Unidos. Ese mismo año fue devuelto al país.

Hernán no ha podido volver a trabajar. Se gastó el plante resolviendo su problema y además aún no supera el susto. Los errores en las extradiciones les cuestan caro a quienes los padecen.
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