Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1992/12/14 00:00

De armas tomar

Los cambios en la cúpula militar se produjeron sin sobresaltos, pero las expectativas que se han creado sobre su eficacia son inmensas.

De armas tomar


EL RELEVO QUE SE presentó la semana pasada al interior de la cúpula militar trajo más de una sorpresa. Como se trataba del primero en la era del Ministro de Defensa civil, muchos llegaron a pensar que se iba a realizar en medio de un ambiente intranquilo y lleno de sobresaltos. Pero fue todo lo contrario. A pesar de que se registraron modificaciones radicales, el cambio de mando se desarrolló sin ninguna clase de contratiempo.
La primera sorpresa se la llevó el propio Gobierno. Por primera vez en la historia del país el Presidente de la República recibió la renuncia voluntaria de los altos mandos militares. Al despacho presidencial llegaron las cartas de renuncia protocolaria del Comandante del Ejército, del Jefe del Estado Mayor Conjunto y del Comandante de la FAC, entre otras. Una acción que facilitó en buena medida el relevo castrense que suele realizarse a finales de año.
No hay duda de que los cambios más significativos se dieron en el Ejército. El Gobierno, teniendo en cuenta la situación del país y olvidándose de los tradicionales generales de tres soles, escogió el nombre de los que consideraba los militares claves para ocupar los puestos claves. El primero de ellos fue el general Ramón Emilio Gil Bermúdez, nuevo Comandante de las Fuerzas Militares. Una persona que se ha destacado en las labores de inteligencia y que ha estado detrás de los más importantes golpes dados a la guerrilla en los últimos años.
También fue escogido el general Luis Eduardo Rodríguez como nuevo jefe del Estado Mayor Conjunto. Se trata de un economista, especializado en Planeación, que ocupó exitosamente la secretaría general del gabinete y participó en la elaboración del reciente Plan Quinquenal del Ministerio. Para completar la tripleta, se seleccionó como nuevo comandante del Ejército al general Hernán José Guzmán, que representa el estilo del militar moderno y es considerado por muchos como el más destacado de su generación.
En el relevo el Gobierno tuvo que tomar una serie de medidas que podrían definirse como de carácter obligatorio. Entre ellas, el reemplazo del general Luis Eduardo Roca Michael por motivos de enfermedad. Otras fueron más allá, como haber prescindido del general Manuel Alberto Murillo, cuya imagen había quedado resentida tras la fuga de Pablo Escobar de la cárcel de Envigado, y quien muy probablemente lo persiga un buen tiempo ese tema hasta que hayan concluido todas las evaluaciones de ese episodio. Pero tal vez la más contundente fue la de no haber pasado simplemente al siguiente escalón en la jerarquía militar, donde estaba el general Farouk Yanine Díaz y escoger en su lugar al general Gil Bermúdez como comandante de las Fuerzas Militares.
Lo que está claro es que el Gobierno descartó el criterio de llenar las vacantes con los nombres de los militares más antiguos y optó por nombrar a los que se consideraban más útiles para el momento específico que vive el país. Los cambios no tuvieron nada de rutinario, y no es descartable que en todo esto haya desempeñado un papel importante el criterio de que el primer Ministro de Defensa civil en 40 años no podía limitarse a un relevo mecánico en la cúpula militar, justamente en momentos en que el país se embarca en una empresa militar de envergadura en varios frentes.
Hubo ciertas innovaciones en otros campos. Una de ellas fue la decisión del Gobierno de no dejar personal completamente nuevo en ningún lugar del país, para garantizar la continuidad en el funcionamiento de las unidades militares, y en donde se cambió al Comandante, por ejemplo, se conservó el Jefe de Brigada anterior, y viceversa.
Pero el hecho de que un relevo tan drástico en la cúpula militar no haya producido sobresaltos en el Ejército no significa que ese asunto haya terminado allí. A ojos del país ese remozamiento de los altos cargos en la institución está identificado con un nuevo comportamiento militar hacia los problemas de orden público que vive el país, y por eso a estos hombres, y por lo tanto al ministro Rafael Pardo y al propio César Gaviria, se les va a exigir mostrar resultados con mucho mayor rigor que a sus antecesores.

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