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| 5/23/2010 12:00:00 AM

De un cacho

La urgente ampliación del Museo Nacional está a punto de convertirse en realidad. Todas las partes están de acuerdo y no se ha podido. ¿Qué falta?

Hace unos meses pasó por Bogotá Stéphane Martin, presidente de la junta directiva del Museo del Quai Branly, inaugurado hace tres años en el corazón de París. Martin quiso visitar algún lugar en Bogotá donde pudiera ver una exposición de las artes autóctonas colombianas contemporáneas. Para su sorpresa, no hubo un sitio a donde llevarlo. No existe.

O sí, en teoría: la responsabilidad y el mandato del Museo Nacional de Colombia es precisamente ese: albergar las huellas de la historia y de las artes del país. Pero la palabra 'historia' en Colombia, como en todo el mundo, ha sido objeto de una enorme revolución conceptual. Si bien hasta hace poco tiempo la palabra era sinónimo de una 'historia oficial', hoy ese concepto ha explotado en mil pedazos para transformarse en algo más plural y moderno, menos excluyente y que abarque las distintas narrativas e historias que conforman la Nación colombiana.

Aunque el Museo Nacional ha llevado a cabo esa reconversión de sí mismo, necesita desesperadamente ampliarse, no solo para poder mostrar todo lo que conserva y adquiere (unos 20.000 objetos), sino para albergar exposiciones temporales que den fe de esa nueva concepción del arte y la historia.

El visto bueno a la ampliación -prometida por el presidente Uribe al comienzo de su gobierno- ha sido tortuoso. Los predios vecinos al Museo pertenecen a la Gobernación de Cundinamarca y están ocupados por el Colegio Mayor de Cundinamarca y el Liceo Nacional Femenino Policarpa Salavarrieta. Uno de los tantos retos del Museo ha sido buscar lotes para trasladar ambas instituciones.

La Aduanilla de Paiba (antiguo Matadero Municipal), un lote que cumplía los requisitos exigidos para la mudanza, fue una auténtica oportunidad perdida por trabas burocráticas, y el alcalde Moreno acabó por entregarlo a la Universidad Distrital. Ello desconsoló a quienes han trabajado en el proyecto de ampliación y han intentado sin tregua buscar un acuerdo entre las partes, Beneficencia de Cundinamarca, Alcaldía de Bogotá, Gobernación del departamento, ministerios de Cultura y Hacienda y Presidencia de la República.

Pero gracias a la insistencia de las directivas del Museo y al aval del presidente Uribe, las cosas parecen avanzar. El 20 de abril Paula Marcela Moreno, la ministra de Cultura, convocó a una reunión en la Casa de Nariño con el presidente Uribe. Allí estuvieron Andrés González, gobernador de Cundinamarca; el alcalde Moreno; Hermes Villamil, gerente de la Lotería del departamento; Miguel García, rector del Colegio Mayor; María Victoria de Robayo, directora del Museo Nacional, y Jorge Cárdenas, presidente de la Asociación de Amigos del Museo Nacional.

La reunión tuvo buenos resultados. El Presidente aprobó el lote para el traslado del Colegio: tiene 19.000 metros cuadrados y está en el costado sur del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ubicado en la avenida 68 con calle 63. Pertenece a la Beneficencia de Cundinamarca, cuesta entre 12.000 y 18.000 millones de pesos y si bien era parte de otro lote cedido al Icbf, ya se logró el proceso de desenglobe. Además, se acordó que la Nación financiaría al Colegio Mayor en la construcción de hasta 14.000 metros cuadrados de la nueva sede y que el Ministerio de Cultura compraría el predio del lote B del Museo en cerca de 26.000 millones de pesos

Todo está listo. El Colegio Mayor aceptó la mudanza y la Beneficencia estuvo de acuerdo en vender el predio. ¿Qué falta entonces si cada elemento está dado para la feliz resolución de un larguísimo conflicto? Falta firmar los documentos para adquirir el lote de la ampliación -que el gobierno debe comprar a la Beneficencia a través del Ministerio de Cultura-. Pero la ministra no ha querido firmar los documentos y no ha explicado sus retrasos.

Se dice que no hay dinero. Pero la verdad es que sí existen mecanismos legales para comprometer los fondos. La Gobernación no pide un desembolso inmediato; solo garantías de que el pago se llevará a cabo. ¿Se perderá otra vez la oportunidad de ampliar el Museo? ¿Prefieren el gobierno y el Ministerio de Cultura dejarle el 'chicharrón' a sus sucesores? ¿Falta voluntad política para firmar las autorizaciones que permitirían al país tener un Museo Nacional digno de su nombre? Si esta oportunidad histórica se deja pasar, ¿quién conseguirá otro lote de similar tamaño en el centro de la ciudad? n
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