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| 6/1/2012 12:00:00 AM

De la calle a la tarima de ballet

Por medio de la danza, la Fundación Festival Art logró sacar adelante a más de 60 niños en situación vulnerable. El grupo quiere competir en Brasil y recolectará recursos a través de una presentación que realizará este domingo.

Antes de pisar un escenario y hacer sus primeros movimientos de ballet, la vida de Julián Mendoza, un joven moreno y jovial de 13 años, transcurría en las calles de Bogotá sin rumbo alguno. Tenía problemas musculares y atrofia en algunas de sus extremidades, dolencias que hoy, gracias al permanente entrenamiento de baile, desaparecieron. Ahora su sueño es ser bailarín profesional y sacar adelante a sus seis hermanos, quienes viven junto a su mamá en una pieza.

La vida de Julián es un ejemplo de constancia. Todas las mañanas se transporta en bicicleta desde su casa, ubicada en el barrio Rionegro, en el noroccidente de Bogotá, al colegio público en el que estudia. Después de su jornada escolar, almuerza en un comedor comunitario y viaja al barrio Polo, donde ensaya seis horas de ballet en la Fundación Festival Art.

En la fundación, Julián se reúne con otros 60 niños, quienes, como él, fueron rescatados de una dura realidad familiar y económica. Ahora, los pequeños y adolescentes encuentran en adagios y allegros, movimientos propios del ballet, una vida más feliz.
 
La casa de los sueños

Festival Art nació hace cinco años, cuando Marleny de Sarmiento y su hija, quien es bailarina profesional, decidieron crear una escuela de ballet para ayudar a niños en situación de pobreza o condiciones sociales extremas.

Habilitaron una casa de dos pisos en el barrio El Polo, en el norte de la capital, para los ensayos y el entrenamiento, colgaron un letrero con la silueta de una bailarina y comenzaron a buscar talentos en colegios distritales, especialmente en los planteles educativos ubicados en los barrios de estratos bajos.

En la primera audición, a la que asistieron más de 150 candidatos, escogieron 35 niños con edades entre 7 y 9 años. Hoy todavía cuelga en una de las paredes del lugar la foto de aquel primer grupo de infantes sonrientes, sentados en una escalera.

Un tiempo después, otros niños desplazados, en situación de calle y víctimas de la violencia llegaron a la fundación.

A través de la enseñanza del ballet, Festival Art busca mejorar la calidad de vida de los niños en condiciones de pobreza y en situación vulnerable.

De lunes a sábado, desde la 1 de la tarde y durante cinco horas, los niños se preparan físicamente y reciben cursos sobre música y teoría de la danza. A través de videos, los pequeños observan a bailarines profesionales para entender el uso de la técnica y motivarse aún más en su aprendizaje.

Una tarea difícil

Consolidar la fundación no ha sido fácil. Al comienzo, sólo estuvieron tres docentes que no tenían experiencia en el manejo de los niños en situación vulnerable.
 
El acoplamiento resultó bastante complejo debido a que los pequeños tenían malas calificaciones en el colegio y un regular comportamiento. Los vidrios de la sede, incluso, las barras fijas que se usan en los salones de danza, sufríeron las consecuencias de la mala conducta y fueron rotas y arrancadas.
 
Aunque los profesores siempre renunciaban, regresan luego tras entender que el proyecto no era una causa perdida.

Entre los primeros objetivos estuvo cambiar la visión de los niños, quienes llegaron con problemas de autoestima y rechazaban a quienes llamaban "los ricos".

Un día, Marleny, actual directora de la fundación, se percató de que su carro había sido rayado de lado a lado; en ese momento, la mujer decidió poner punto final a la etapa más dura del proceso de acoplamiento. Reunió a los niños y conversó con ellos.

"Si ustedes destruyen este lugar, que es el único que les está dando una oportunidad de vida, ¿qué van a hacer después?", les preguntó. A partir de ese encuentro, las cosas empezaron a cambiar.
 
Cuando el arte transforma

Con el paso del tiempo, las horas de entrenamiento lograron que los niños se encariñaran con la práctica del baile, aprendieron las cinco posiciones básicas de ballet y pasos como el tendu y el relevé empezaron a ser cada vez más comunes para ellos.

Su primera presentación se llevó a cabo en el Teatro Libre de Chapinero, en Bogotá. Los ensayos y la experiencia de la primera muestra artística en público cambió las vidas de los niños, quienes un tiempo atrás ni siquiera sabían bailar.

Los infantes descubrieron a través de los tres actos que componen La Cenicienta, la primera obra que montaron, que la vida tiene otras aristas. Los pequeños mejoraron su rendimiento escolar y empezaron a soñar con ser grandes bailarines como el artista ruso Rudolf Nureyev y pertenecer a compañías de danza reconocidas como Royal Ballet.

La metodología artística permitió rescatar casos complicados como el de Sorelys, una niña de 13 años que intentó quitarse la vida al consumir sobredosis de pastillas. Después de ingresar a la fundación, Sorelys logró el pas de deux, una rutina de alta complejidad del ballet. Ahora, es solista en una de las obras y aprendió que es posible alcanzar las metas a pesar de los problemas económicos y conflictos familiares que se atraviesen.

Las dificultades nunca terminan

Festival Art cuenta hoy con siete profesores de planta. Los niños entran al grupo tras aprobar una audición que mide la capacidad física, las condiciones sociales y económicas y la motivación que tienen ante el aprendizaje del baile.

El arriendo, la alimentación de los niños y el salario de los docentes son pagados por los líderes de la fundación.

El progreso del proyecto ha tenido obstáculos. Hace año y medio, la falta de dinero llevó a la fundación al borde del cierre, sin embargo, el Distrito aportó unos recursos y a esta acción solidaria se sumó la Fundación Bavaria. Los ingresos también aumentaron con la utilidad que dejaban las presentaciones y la matrícula de algunos alumnos, quienes pagan por formarse.

Cada día los niños ganan una batalla contra las dificultades que se les presentan para bailar, desde llegar a los entrenamientos y a las presentaciones, hasta enfrentar a sus padres, como es el caso de  Jonathan. Delante de todos sus compañeros, el niño de 13 años enfrentó a su padre, quien no estaba de acuerdo en que su hijo continuara en la fundación porque el ballet le parece una pérdida de tiempo y un baile para homosexuales. 
 
"Mire, papá, usted sabe que las amistades del colegio no son buenas, y el tiempo que yo paso acá es mi salvación", dijo Jonathan.

Otras historias son positivas. La madre de las hermanas Méndez, Alejandra y Stephany, de 11 y 14 años, tiene dos trabajos y ahorra para el transporte de sus hijas. A Alejandra Hernández, su abuelo, de más de 60 años, la lleva todos los días en moto a la fundación. El hombre y su nieta viajan desde el barrio Matatigres, en el sur de Bogotá.

El sueño: ir a Brasil

El objetivo principal de Festival Art es profesionalizar a los niños para que encuentren en el ballet su proyecto de vida o aspiren a formarse en la educación superior. "La meta es continuar y mejorar los procesos para dar oportunidad a muchos más niños", dice Marleny.

Para Nataly Sarmiento, una de las maestras, la presentación que ofreció el grupo en el Teatro Libre de Chapinero, con la obra de La Bella Durmiente, en el 2011, fue el evento que le hizo sentir que su labor no ha sido en vano. En su opinión, la técnica de los niños y la ovación del público fueron los momentos más satisfactorios.

Tras ese momento, la fundación decidió que estaba lista para competir internacionalmente y puso su mirada en Brasil, un país que anualmente celebra un festival de danza que reúne varias escuelas de ballet.

Para viajar, la fundación necesita al menos 200 millones de pesos. Aunque es una cifra lejana a las utilidades de la fundación, Festival Art confía en conseguir el dinero para este año o el próximo. Uno de los eventos donde recolectarán los recursos se realizará el próximo domingo 3 de junio. Los niños se presentarán en el denominado "Festival de danza por una justa causa". Sus funciones se realizarán a las 11 de la mañana y a las 4 de la tarde.
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