Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2003/11/30 00:00

De cazador a cazado

Al cumplirse los 10 años de la muerte de Pablo Escobar, el oficial de la Policía clave en el operativo que lo dio de baja está siendo investigado por Estados Unidos por narcotráfico. SEMANA revela su increíble historia.

De cazador a cazado

Al cumplirse los 10 años de la muerte de Pablo Escobar, el oficial de la Policía clave en el operativo que lo dio de baja está siendo investigado por Estados Unidos por narcotráfico. SEMANA revela su increíble historia.

Danilo González fue considerado uno de los oficiales más brillantes en la historia de la Policía Nacional. En el grado de mayor, hace 10 años, la DEA le otorgó la más alta distinción por su "abnegada dedicación en la localización del criminal más buscado mundialmente", Pablo Escobar. El reconocimiento fue hecho por Joe Toft, por esa época jefe de la oficina antidrogas norteamericana con sede en Bogotá, quien se hizo famoso por calificar a Colombia como una "narcodemocracia". Ahora esos mismos agentes que distinguieron al oficial por acabar con "el amo de las drogas" lo están investigando por sus relaciones con el cartel del norte del Valle del Cauca. ¿Pero cómo terminó uno de los mejores oficiales de la Policía metido en ese mundo?

En el Bloque de Búsqueda

Danilo González Gil le dedicó 23 años de su vida a la Policía. Desde que estaba en la Escuela de Cadetes ocupó uno de los primeros puestos de su promoción y sus compañeros de curso afirman que desde entonces se perfilaba como un líder.

Su primera misión como subteniente fue acabar con la delincuencia en Barranquilla. En el grado de mayor fue el jefe antinarcóticos de la dirección de investigaciones judiciales (Dijin) y justamente por su formación en inteligencia fue seleccionado para conformar el primer Cuerpo Elite que tenía como misión coger a Pablo Escobar vivo o muerto.

Fue la primera etapa del llamado Bloque de Búsqueda cuando el gobierno de Virgilio Barco, en su lucha frontal contra el narcotráfico, conformó el grupo con 450 hombres del Ejército y la Policía. Se escogieron también a los 50 mejores hombres de la Fuerza Pública para el trabajo de inteligencia. En ese grupo estaba Danilo González, quien había recibido entrenamiento en Estados Unidos en interceptaciones telefónicas, escaneos, seguimientos y vigilancia.

Con esta formación los hombres del Bloque de Búsqueda iniciaron una persecución sin cuartel contra Pablo Escobar hasta que éste se sintió acorralado y se sometió a la justicia. Esta fue la primera etapa del Bloque de Búsqueda que culminó el 19 de junio de 1991 en el gobierno de César Gaviria cuando el capo fue recluido con sus lugartenientes en la cárcel La Catedral en Envigado.

La mayoría de los hombres del Bloque viajó al exterior a especializarse en criminalística, documentación, balística e inteligencia electrónica. El comandante del Bloque de Búsqueda, coronel Hugo Martínez Poveda, se fue para España. Y para Argentina viajaron los mayores Danilo González y Hugo Aguilar, en misión diplomática.

Muerte sin compasión

Durante el tiempo que permanecieron por fuera del país, los oficiales le seguían la pista a los últimos acontecimientos de La Catedral y cuál no sería su sorpresa cuando se supo la escandalosa forma en que Escobar y sus hombres manejaban el centro carcelario. Los medios de comunicación mostraron 126 fotografías en las que se veía el lujo de la prisión y el licor que se repartía a diestra y siniestra en las constantes rumbas del capo con sus hombres, sus familias y sus amigos. Mientras los colombianos y la opinión pública internacional no salían de su asombro, las autoridades carcelarias insistían en que no pasaba nada y que en el interior del penal se aplicaba un régimen carcelario estricto.

El gobierno se limitó a retirar unos televisores de pantalla gigante, unas tinas y lujosas alfombras. A pesar de la vigilancia del Ejército, se demostró con el tiempo que Escobar seguía siendo el amo y señor de la prisión, que el negocio del narcotráfico se movía como nunca desde sus oficinas montadas en La Catedral y que nadie atravesaba los cinco retenes militares sin su consentimiento.

Eso quedó demostrado el 3 de julio de 1992 cuando ninguna autoridad y mucho menos el gobierno, se dieron cuenta de que el capo y sus hombres, armados hasta los dientes, organizaron el acto de crueldad más horripilante que recuerde el bajo mundo de la mafia. Escobar supo por intermedio de dos de sus hombres 'El Tití' y 'El Chopo', que habían encontrado en una vivienda en Itagüí 20 millones de dólares que los hermanos Moncada y Galeano tenían encaletados.

Fernando 'El Negro' Galeano se presentó frente a Escobar pero el capo no aceptó razones y ordenó acribillarlo, cortarlo en pedacitos y quemarlo en una hoguera. Además dio la orden de matar a Mario Galeano y a William Moncada y a todos sus colaboradores. Más de 15 cuerpos sin vida y con señales de tortura fueron apareciendo en diferentes lugares de la capital antioqueña.

De la matanza se salvaron Rafael, uno de los hermanos Galeano y Rodolfo Ospina Baraya, nieto de la ex senadora fallecida Berta Hernández de Ospina. Los dos hombres atemorizados frente a la venganza de Escobar, decidieron refugiarse en las entrañas del bando enemigo de Escobar, el cartel de Cali, le pidieron protección a los hermanos Rodríguez Orejuela y resolvieron colaborar con la Fiscalía.

La muerte de los 15 hombres del cartel de Medellín fue registrada por las autoridades como un caso más de vendettas entre narcos. Sin embargo fue el más grande golpe que Escobar le propinó al corazón de la mafia antioqueña que sentía por 'El Negro' Galeano un incondicional aprecio. Desde ese mismo día la mitad de la mafia que estaba todavía con Escobar se volvió en contra suya y comenzó lo peor de la guerra.

Aunque el cadáver de Fernando Galeano lo habían desaparecido, una de sus hermanas decidió hablar de frente con Escobar y después de escuchar sin piedad cómo fue asesinado su hermano, salió de La Catedral y buscó a Rodolfo Ospina Baraya, 'El Chapulín', y le contó todo.

Lo que no sabía la mujer era que al otro lado de un espejo que adornaba la pared de la sala de la casa de 'El Chapulín', una cámara de televisión grababa su relato. El video fue entregado al fiscal general de la Nación, Gustavo de Greiff, quien lo puso en conocimiento del gobierno Gaviria y ordenó de inmediato que Pablo Escobar y sus hombres fueran trasladados a una guarnición militar.

Esa noche del 21 de julio de 1992, ante los insistentes rumores de su traslado y de los continuos movimientos alrededor de la cárcel, Escobar decidió fugarse con algunos de sus hombres. Sobornó a un grupo de soldados al mando del sargento Filiberto Joya Abril, quien posteriormente fue condenado a ocho años de prisión por desobediencia, favorecimiento en la fuga de presos y cohecho propio.

A partir de ahí comenzó una nueva 'cacería' en contra del capo y el Bloque de Búsqueda se reactivó con los mismos hombres que 13 meses atrás habían sido designados para otras tareas de inteligencia dentro de la Policía.

Pero esta vez la forma de acción tenía que ser diferente. La Policía sabía que no estaba sola en esta lucha frontal. Ahora Pablo Escobar tenía en su contra no sólo al Bloque de Búsqueda sino al cartel de Cali, al del norte del Valle, a los hermanos Fidel y Carlos Castaño Gil y a la mitad de sus ex aliados en el negocio de la droga que estaban dispuestos a vengar la muerte de los hermanos Moncada y Galeano.

Alianza con la mafia

Ante la necesidad de disponer de una infraestructura operativa muy fuerte y de dinero para financiar la guerra contra Escobar, se conformó un servicio de inteligencia paralela. Y se dio una alianza insólita, que no conoció los límites legales, entre los grandes mafiosos del país, los más temibles paramilitares y la Policía.

El cerebro de esta alianza fue el mayor Danilo González, quien coordinaba las reuniones en casas alquiladas y aledañas a la Escuela de Policía Carlos Holguín en Medellín. En esas viviendas se atendían un promedio de 20 informantes diarios y gente del bajo mundo de la mafia que estaba dispuesta a colaborar a cambio de "un buen billete" . En casi todas las reuniones donde se tomaban decisiones de logística sobre información, vehículos, hombres, armas y lugares a dónde actuar, estaban presentes el agente de la DEA Javier Peña, un procurador, un fiscal, Adolfo Paz o 'Don Berna', quien fuera el jefe militar de Fernando 'El Negro' Galeano, y ocasionalmente asistía Carlos Castaño, quien por esa época vivía en El Poblado de Medellín. "Nos reuníamos en una casa a una cuadra de la Escuela en donde vivía 'El Chapulín', quien tenía contacto directo con don Miguel Rodríguez Orejuela y era su vocero para cualquier decisión que se tomara", recuerda un narcotraficante consultado por esta revista.

Las reuniones eran amparadas por el gobierno y contaban con el aval de la alta oficialidad de la Policía. Al fin y al cabo el Estado había conseguido que los principales mafiosos del país pusieran a su servicio todos los métodos de lucha y todo el respaldo económico para ganarle la guerra a su archienemigo Pablo Escobar. "La orden fue impartida desde arriba y nos dijeron: 'si tienen que reunirse con el diablo, háganlo, pero hay que acabar con ese monstruo", le dijo a SEMANA uno de los hombres que perteneció al Bloque de Búsqueda.

Ya con carta abierta, el mayor González comenzó a tener acercamientos directos con Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela del cartel de Cali; y con Hernando Gómez Bustamante, 'Rasguño', Orlando y Arcángel Henao, Wilber Varela, José Santacruz Londoño y Helmer 'Pacho' Herrera del cartel del norte del Valle. Con los hermanos Fidel y Carlos Castaño, por parte de las Autodefensas y con 'Don Berna', el mismo que el pasado 25 de noviembre participó con Mancuso y Castaño en la entrega del Bloque Nutibara de las audefensas en Medellín.

Para financiar la guerra se creó un fondo común inicialmente con cinco millones de dólares y se calcula que la guerra contra Pablo Escobar costó en total cerca de 20 millones de dólares. Quienes participaron en esa alianza secreta recuerdan que 'Pacho' Herrera hizo el mayor aporte económico y la mejor información fue la que suministró un grupo denominado los 'Doce del Patíbulo', quienes en realidad eran narcos de Medellín y conocían a la perfección los negocios y movimientos del capo. Con su colaboración, lograron que la Fiscalía les diera el perdón, olvido e inmunidad por los delitos que confesaron.

Los jefes del cartel de Cali y del norte del Valle también aportaron su granito de arena. Miguel Rodríguez Orejuela no vacilaba en coger el teléfono y llamar al DAS o a la Dijin en donde los altos oficiales pedían el "santo y seña" para verificar realmente si se trataba del jefe del cartel de Cali. "Dígale que es de parte del canario", decía el capo al otro lado de la línea. Hay otros que recuerdan la agilidad de Varela -alias 'Jabón'- con la pistola. En ese entonces él era jefe de seguridad de Orlando Henao llamado 'El patrón de los patrones', temido hasta por los jefes del cartel de Cali.

Varela detectaba con facilidad a los hombres que trabajaban para Pablo Escobar, él mismo los capturaba y se los entregaba a la Policía. Y 'Don Berna' y su hermano 'Semilla', tenían la mejor red de informantes en la capital antioqueña y en el Valle de Aburrá. "En inteligencia si usted quiere información de los criminales no recurrimos a los conventos", dijo en tono enérgico a esta revista un oficial que por esa época hacía parte de la cúpula de la Policía y pidió reserva de su nombre.

Paralelamente a las reuniones oficiales en las cercanías de la Escuela de Policía en Medellín, se planeaban crímenes espeluznantes cuya autoría era del grupo autodenominado 'Perseguidos por Pablo Escobar' (Pepes). "Lo de los Pepes se volvió una cultura en Medellín. Mientras Pablo Escobar mataba 15 personas diarias, nosotros eliminábamos a cualquiera que se le arrimara a ese salvaje y le poníamos su letrero", le dijo a SEMANA uno de los hombres que integró el grupo.

"Identificar a los Pepes era imposible, sostuvo otro hombre que perteneció a este grupo. Eramos muchos. Pacho era el hombre rico y daba la liquidez que se requería para que estos trabajos fueran pagados muy bien".

Uno de los hombres cercanos a Escobar que logró salvarse de la venganza de 'Los Pepes' relata que "las amenazas eran directas. Querían acabar con nosotros, las instalaciones, las máquinas, todos los empleados, empezando por los pilotos y, lo más grave, con nuestras familias".

En ese mundo oscuro y tenebroso le tocó sobrevivir al mayor Danilo González . Se hizo 'amigo' de los grandes capos del país para recoger y evaluar información de inteligencia; controlaba la distribución del dinero de las recompensas y respondía por el buen manejo que se le diera a ese dinero. Actuó como un oficial de la Policía, pero al servicio de la 'guerra sucia' de la mafia.

Fue la información que aportó González, con la ayuda de la irregular alianza, que el 3 de diciembre de 1993, hace exactamente 10 años, un grupo de policías llegara hasta una casa en Medellín y, por fin, acabara con el narcoterrorista más odiado y temido, Pablo Escobar Gaviria.

Por ganarse la confianza de los capos y lograr con su ayuda dar de baja a Pablo Escobar, fue merecedor de las más altas distinciones. Pero tal vez su gran error fue conocer demasiado a los bandidos.

Esa alianza con la mafia le sirvió durante los siguientes años de su carrera policial. Cuando ocupaba la dirección de inteligencia del Gaula, el coronel Danilo González recurrió al narcotraficante Víctor Patiño Fómeque para liberar a Juan Carlos, hermano del entonces presidente César Gaviria Trujillo. Con la ayuda de Carlos Castaño mataron al narcotraficante del cartel de Cali José Santacruz Londoño, quien se había fugado de la cárcel. "Era un extraordinario oficial, recuerda un general retirado de la Policía. Asesoró al gobierno ecuatoriano en la lucha contra el secuestro y conocía a la perfección el mundo del narcotráfico. Esa inteligencia de Danilo permitió dar de baja a Gonzalo Rodríguez Gacha, 'El Mexicano'. Fue González quien coordinó que Miguel Rodríguez Orejuela infiltrara la organización de Rodríguez Gacha y diera la información que finalmente llevó a su muerte.

Sin embargo, en la época en que la Policía era dirigida por el general Rosso José Serrano varios oficiales que participaron en la operación que culminó con la muerte de Pablo Escobar fueron retirados. Se consideró que desde el punto de vista moral y ético no era permitido que un oficial que mantuvo relaciones tan cercanas con los miembros de los carteles del Valle, permaneciera en la institución.

Fue entonces cuando a González lo llamaron, le agradecieron sus servicios y le permitieron presentar su renuncia.

González quedó entonces entre la espada y la pared. Tenía enemigos a montones por su lucha contra la mafia de Escobar y ya no tenía una institución que lo protegiera. Así que buscó a sus antiguos 'aliados' los jefes del cartel del norte del Valle.

Durante cinco años la opinión pública nunca oyó hablar de él. Sin embargo entre los policías y en el bajo mundo el solo nombre de Danilo González pone a temblar al más corajudo.

En los últimos meses, y como una gran paradoja, el país que lo entrenó, le dio la bendición a sus oscuras alianzas y lo felicitó por haberles entregado a Pablo Escobar, hoy lo ha puesto en su mira. Lo está investigando por sus relaciones con el cartel del norte del Valle y su posible complicidad en el envío de cocaína a ese país. No les será una presa fácil de cazar.

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