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| 1/14/2012 12:00:00 AM

"De este esfuerzo saldrá una Colombia distinta"

Jorge Londoño Saldarriaga, zar de la reconstrucción, habla de las satisfacciones y frustraciones de su primer año de gestión.

SEMANA: Ha habido críticas sobre el funcionamiento de Colombia Humanitaria y se ha llegado a sentir que no ha estado a la altura de la dimensión de la emergencia. ¿Cuál es su opinión?

JORGE LONDOÑO SALDARRIAGA: Yo soy consciente de las críticas, pero al mismo tiempo me gustaría que la gente tuviera conciencia de la magnitud del problema. Tuvimos 4 millones de afectados y 2 millones y medio de damnificados en forma directa, es decir que pudieron haber perdido su casa, su cosecha o incluso su posibilidad de trabajo. Ha habido 1.065 municipios impactados. Entonces, comencemos por reconocer que estamos hablando de una tragedia de una magnitud que Colombia no había conocido. En esas circunstancias, tiene que haber mucha insatisfacción, pero nuestra prioridad era evitar una catástrofe aún mayor.

SEMANA: ¿Qué quiere decir una catástrofe mayor?

J.L.S.: Por ejemplo evitar una hambruna. Con 4 millones de afectados, eso era posible. La gente efectivamente no tenía posibilidades de comer. Colombia Humanitaria repartió 340.000 toneladas de mercado. Si lo pusiéramos en camiones de tres y media toneladas, serían 100.000 viajes para llevar esos mercados. En un país que estaba inundado y con graves problemas de comunicación, es una proeza. Es que a veces las noticias se concentran en algún aspecto que falló y no en la catástrofe que se evitó.

SEMANA: Hay gente que piensa que los anuncios iniciales generaron mucha expectativa. A la gente le gustaría, por ejemplo, verlo más en la trinchera. ¿Su trabajo no ha sido demasiado discreto?

J.L.S.: Ante una tragedia como ésta, la gente quiere ver más soluciones caudillistas que institucionales. Pero cuando uno tiene problemas en más de 1.000 municipios la única forma de resolverlos es trabajando con la institucionalidad. Salir yo todas las noches en los noticieros con casco, botas, chompa y bajando y subiendo cajas, tal vez dé imagen, pero no tendría mayor utilidad. En lo que me he concentrado es en crear los mecanismos para coordinar un trabajo con 1.060 alcaldes, 28 gobernadores, ministerios e instituciones descentralizados. Hicimos 4.200 proyectos de obras civiles. Esta es la operación de descentralización más importante que se ha dado en el país. Se les entregó a los mandatarios locales una cifra sin antecedentes de cerca de dos billones de pesos para que ellos ejecutaran. Hay departamentos como Quindío al que se le entregaron dineros que equivalen a diez años de lo que podría hacer con recursos propios. Desde el punto de vista logístico fue una hazaña que solo se podía hacer con criterios institucionales.

SEMANA: Usted pasó de ser un exitoso banquero en el sector privado a asumir una empresa quijotesca en el sector público. ¿Con qué grandes frustraciones se ha encontrado en este proceso?

J.L.S.: Mi respuesta les va a sorprender. No he tenido grandes frustraciones. En el sector privado, uno tiene una capacidad de ejecución más grande. En el sector público hay más trabas. Pero eso es absolutamente lógico, pues se trata de dineros públicos. Y, así como a veces uno se encuentra con cosas absurdas, a veces se sorprende del talento, la capacidad y la consagración que tienen algunos funcionarios en su trabajo. En este año, Colombia ha tenido muchos héroes anónimos que ojalá algún día tuvieran su reconocimiento.

SEMANA: ¿No se diseñaron mecanismos para agilizar las obras?

J.L.S.: Claro que sí. Se estableció un sistema de contratación privada que permite mayor agilidad. No se trata de la posibilidad de contratar a dedo. Sin duda hubo dificultades. Por ejemplo, les decíamos a los mandatarios locales que no tenían que cumplir la Ley 80 de contratación y a ellos les daba temor. Tuvimos que hacer una labor didáctica. De los 4.500 proyectos que están en manos de mandatarios locales y que valen 1,7 billones de pesos, ya está un 96 por ciento en ejecución. Más de 900 proyectos están terminados. El avance de obra va en un 47 por ciento de los proyectos.

SEMANA: Pero algunos mandatarios locales también se han quejado por lentitud en los desembolsos…

J.L.S.: Sí, es verdad, pero, en la mayoría de esos casos, fue porque no cumplían con los requisitos, que la verdad no eran complicados. Establecimos un sistema expedito mediante el cual, para aprobar una obra, el alcalde tenía que hacer dos cosas: enviar la descripción de la obra y obtener un certificado del comité local de desastre donde se señalara que era prioritaria y correspondía a la emergencia. Aunque llegamos a esos extremos de simplificación, para muchos alcaldes de municipios pequeños era algo nuevo que los asustaba un poco. Entonces nos presionaban sin llenar los requisitos y en esas circunstancias no podíamos atenderlos. Ese es el origen de muchos de los retrasos.

SEMANA: ¿Hubo problemas de corrupción?

J.L.S.: La verdad yo he encontrado más problemas de capacidad que de corrupción. Podría decirse que es más lo que se daña que lo que se roban. Teníamos un gran reto de lograr que las cosas se ejecutaran bien y de manera transparente. Montamos un esquema con base en un operador privado. Yo le entregaba el dinero al mandatario local o ministerio. Ellos eran los ordenadores del gasto y tenían que tener interventor. Hubo innovaciones: por ejemplo, contratamos un sistema de supervisión para las más de 4.000 obras, con firmas de primera clase. Hemos visitado 2.140 proyectos y a muchos de ellos dos veces. No quiere decir que todo sea color de rosa. Hemos tenido problemas serios en 250 proyectos, pero esto representa cerca del 5 por ciento de los proyectos que hemos adelantado.

SEMANA: La gente dice que volvieron las lluvias sin que se hubieran adelantando soluciones estructurales entre la primera y segunda ola invernal. ¿Por qué pasó eso?

J.L.S.: Porque los problemas llevan siglos. Es imposible solucionar problemas estructurales ancestrales en unos cuantos meses. La prioridad era la atención humanitaria y rehabilitar lo dañado. Las soluciones estructurales son un proyecto que tenemos a más largo plazo y desde un principio lo planteamos así.

SEMANA: ¿Qué tan importantes han sido las juntas directivas del esquema de atención que se montó?

J.L.S.: Muchísimo. El presidente las integró con personajes de primer nivel que han trabajado hombro a hombro conmigo desde el inicio. Personas como Luis Carlos Villegas, Manuel Santiago Mejía, Arturo Calle, Antonio Celia, Everardo Murillo tienen experiencia en el manejo de tragedias. Los miembros del sector público –los ministros– fueron fundamentales. Hasta hace poco nos reuníamos una vez por semana arrancando a las siete de la mañana.

SEMANA: ¿De cuánta plata estamos hablando finalmente para resolver la tragedia?

J.L.S.: De cinco billones de pesos para la primera etapa de emergencia y de 14 billones para la segunda fase, que es la de reconstrucción y prevención para que no vuelva a suceder en el futuro. Los cinco billones salieron de rentas fiscales, pues es gasto. Y los 14 billones van a llegar de la venta de activos, pues se considera que la reconstrucción no es un gasto sino una inversión.

SEMANA: ¿Cuáles activos se venderán para llegar a ese monto?

J.L.S.: Se anticipa que provendrán de la venta de un porcentaje de Ecopetrol, a través de un proyecto de ley que el gobierno tramitará en el Congreso.

SEMANA: Y las grandes obras de mitigación, ¿cuándo comienzan?

J.L.S.: El Fondo de Adaptación trabaja en la lista de las grandes obras que se financiarán con los 14 billones de pesos. Se definió que un 30 por ciento de los recursos se destinará a obras de transporte, como vías. Un 20 por ciento a infraestructura de mitigación, como el Canal del Dique y la Mojana, por ejemplo. El 16 por ciento se destinará a vivienda. Con el resto se financiarán proyectos de acueductos, alcantarillados, medio ambiente, escuelas, deporte, cultura, entre otros.

SEMANA: Usted sigue creyendo que esta tragedia es una oportunidad para construir una mejor Colombia. ¿Qué más aprendimos?

J.L.S.: Sin duda alguna. Es la oportunidad para hacer grandes obras. De esta tragedia saldrá una Colombia más moderna. Y lo más importante de todo es que nos está obligando a reflexionar sobre lo que es el riesgo. Esta es una oportunidad también para generar un cambio cultural. El riesgo, que en el pasado era un hecho abstracto, se nos puso de presente en esta tragedia. Yo soy un gran optimista. Soy un convencido de que de las tragedias surgen oportunidades. Yo creo que de esta experiencia no solo van a quedar grandes obras, sino un cambio de mentalidad que va a ser muy positivo para el país.

SEMANA: Debe ser un poco frustrante para usted, ante la dimensión del esfuerzo que ha habido este año por parte de Colombia Humanitaria, que no haya todavía un reconocimiento proporcional da su gestión.

J.L.S.: Para este cargo se requería una persona que no tuviera ambiciones políticas, y yo no las tengo. Ni siquiera soy funcionario público, tengo un contrato con el BID. Soy consciente de que lo que estamos haciendo no puede dejar completamente feliz a la gente. Colombia tenía problemas enormes y Jorge Londoño no puede convertir al país en un paraíso. Es inevitable que haya críticas sobre mi gestión, pero yo no considero un sacrificio, sino un honor, el prestar este servicio a Colombia. No lo hago buscando aplausos, sino por un sentido del deber.
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