Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1995/05/22 00:00

DE LA HABANA A LA SABANA

Colombia se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los cubanos que salen de la isla.

DE LA HABANA A LA SABANA

HASTA HACE DOS AÑOS, los cubanos que más sonaban en el país -aparte, claro está, de Fidel Castro y los cantantes de la Sonora Matancera, encabezados por Celia Cruz- eran el periodista José Pardo Llada, quien reside desde hace mas de 30 años en Cali, y los interpretes René Cabel y Albita Rodríguez, quien vivió durante algún tiempo en Bogotá antes de partir hacia Miami.
Colombia no estaba en el mapa de las ilusiones cubanas. Primero, porque el país no ha tenido una política orientada a fomentar el ingreso de extranjeros. Segundo, porque suspendidas las relaciones diplomáticas con Cuba, las trabas políticas y burocráticas para que cualquier cubano viniera al país eran casi insalvables. Los pocos que llegaban a Colombia hacían parte de alguna delegación artística o deportiva.
Además, quienes salían de la isla izaban siempre velas con destino fijo y seguro a Miami, donde viven miles de cubanos anticastristas. Para complicar más el panorama, el gobierno de la isla sólo otorgaba permisos de salida del país a sus intelectuales y representantes diplomáticos.
Pero el son ha cambiado en los últimos años, y ahora, con las relaciones diplomáticas restauradas, y como resultado de una aparente flexibilización de la política de salida de la isla, cada vez más cubanos llegan a Colombia a buscar en un recodo de la tímida bonanza laboral del país, los empleos que no consiguieron en Cuba a pesar de su magnífica preparación.
No hay un cálculo oficial, pero los inmigrantes estiman que en los últimos tres años han llegado cerca de 6.000 cubanos. Aunque los antecedentes podrían hacer pensar lo contrario, no fueron rescatados por la Armada en una balsa en el Caribe ni entraron ilegalmente al país. Es más, la mayoría no se consideran refugiados políticos y pueden entrar y salir libremente de Cuba cuantas veces quieran. "Yo no me siento ni exiliado ni inmigrante, ni siquiera visitante o refugiado, o cosa parecida; soy un residente sin residencia", dice Alberto Pujol, uno de los actores más conocidos de Cuba y quien ahora se encuentra viviendo en el país.
En el grupo de llegados hay también calificados arquitectos, ingenieros, actores de cine y televisión, expertos en floricultura, músicos y compositores, abogados, bailarines clásicos, diseñadores de moda, intelectuales de diverso orden y hasta expertos en alta cocina y gastronomía.
Aunque el grupo de cubanos es muy heterogéneo, sus miembros hacen parte de lo que muchos analistas consideran la nueva oleada de inmigrantes económicos. Se trata de un selecto grupo de jóvenes preparados en las mejores universidades de La Habana y del mundo, que se están viendo abocados a emigrar estrictamente por la crisis socioeconómica que afronta su país. Como dice un funcionario de la embajada, "el asunto básico es que faltan recursos para emprender proyectos de todo tipo; la economía está afectada por un bloqueo muy severo y eso determina que profesionales calificados traten de buscar nuevos horizontes en otros países ".

SIN RESTRICCIONES
La diferencia es que ahora, contrario a lo que ocurrió en el pasado, esos nuevos horizontes ya no parecen estar en Miami. La abolición en Estados Unidos de la llamada 'Ley de Refugiados Cubanos' ha desestimulado el éxodo ilegal. Esta ley, promulgada en 1966, había establecido que todos los ciudadanos de Cuba que fueran recogidos por las autoridades de Estados Unidos mientras intentaban llegar allí, o que de cualquier modo hubieran entrado a ese país después del primero de enero de 1959 (cuando se inició el gobierno comunista) tendrían derecho automático a ser admitidos legalmente en Estados Unidos.
Si bien después del incidente con los balseros en agosto del año pasado, Estados Unidos se comprometió con el gobierno cubano a entregarle anualmente 20.000 visas a cambio de que este frenara el éxodo ilegal, el asunto es que muchos de esos nuevos inmigrantes económicos ya no sienten la atracción de viajar a ese país. ¿Las razones? Aunque puedan tener serios reparos, no disienten del sistema político comunista y en Estados Unidos, especialmente en la Florida, se encuentra una comunidad cubana absolutamente anticastrista y anticomunista. Y aun si quisieran viajar legalmente a Miami, el gobierno cubano les negaría luego la entrada a la isla. Frente a esas circunstancias, muchos han preferido emigrar temporalmente a países hermanos de América Latina.
Esa inmigración temporal que se está produciendo no solo hacia Colombia sino al resto de países latinoamericanos, también tiene otra explicación. Por primera vez en 30 años, el gobierno cubano está revaluando una severa política que imponía serias restricciones para la salida de sus connacionales de la isla.
Presionadas por la recesión económica, las autoridades cubanas están permitiendo la salida de profesionales que anteriormente eran considerados vitales para el desarrollo del país, pero a los que ya no puede brindarles trabajo. El hecho es que cualquier ciudadano puede solicitar, y se le otorga, el llamado 'Permiso de Residencia en el Exterior', que antes era considerado un premio gordo de lotería, pues conseguir un 'Pre', como se dice en la isla, podía tardar entre cinco y 10 años.
A la par con ese cambio en la política migratoria, las autoridades cubanas eliminaron el requisito de esperar cinco años tras la salida de la isla para realizar viajes temporales a ella; medida que -no obstante- se mantiene para aquellos que salieron ilegalmente.


NI ATEOS NI COMUNISTAS
Aunque la mayoría de cubanos se han instalado en Bogotá -cerca de 800- también comienzan a gestarse importantes colonias en Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga. Si bien las autoridades de inmigración colombianas aún no tienen una cifra consolidada de cuántos cubanos hay en el país, los mismos inmigrantes calculan que durante los últimos dos años han llegado cerca de 6.000.
Sin embargo, casi desde el mismo instante en que pisaron territorio continental, muchos de ellos se han estrellado con una realidad de la que sólo habían oído en las calles de La Habana o leído en los diarios oficiales.
"Llegar a un país hermano aunque extraño no es fácil para nadie, y mucho menos cuando se viene de Cuba. Para nosotros ha implicado dejar la música, la comida, los amigos y en algunos casos, como el mío, hasta la familia. Además, no es fácil salir de un sistema comunista en el que el Estado proporciona totalmente gratis salud, educación y servicios básicos, para pasar a un régimen en el que todo tiene un precio", dice Zenaida Riveros, una prestigiosa ingeniera agrónoma que se instaló hace cuatro años en Bogotá.
Adicionalmente a estos problemas, en Colombia se han enfrentando al estigma de provenir de un país comunista, a que los traten de ateos y a la incertidumbre de no conocer a nadie que los ayude a conseguir un empleo.
Algunos de estos emigrantes, como Francisco Verdecia, se han enfrentado con los rigores de una sociedad altamente competitiva en la que no siempre el mejor calificado es el que llega. Hace año y tres meses dejó la isla después de haber estudiado ingeniería en mecanización agrícola y hacer una especialización en cultivos de flores. En Cuba manejaba su propio cultivo y, como él mismo dice, "jamás me faltó nada, era el jefe de mi propio negocio y eso me daba para tener una buena posición allá".
Al llegar a Colombia creyó que con su carrera podría labrar un futuro, "al fin de cuentas tenía una profesión que aquí no existe y que se necesita". Pero al igual que muchos colombianos, después de repartir decenas de hojas de vida le tocó aceptar cualquier empleo para sobrevir. Empezó a trabajar como asistente de mecánico en una concesionaria de vehículos. Dos meses más tarde fue ascendido a recepcionista y seis meses después fue encargado del departamento de garantía del taller, cargo que ocupa desde hace casi un año.
Pero como su sueldo no es suficiente para sostener una familia, Verdecia también ha entrado a la liga del rebusque como tantos colombianos. Desde hace seis meses, cuando sale del taller -a las seis de la tarde- se dedica a manejar un taxi -hasta las 10 de la noche- y antes de salir para su casa pasa a su puesto de venta de chance a continuar trabajando hasta después de la media noche.
Otro caso similar es el de Francisco Palacios, un geógrafo con especialización en cimientos, topografía y cartografía. En Cuba era un respetado profesional por su amplia trayectoria y experiencia. Pero en Colombia escasamente ha logrado conseguir un trabajo como carpintero. "Nada me gustaría más que poner en práctica mi profesión, porque tengo conocimientos sobre los problemas topográficos y geográficos de Colombia. Pero sigo esperando una oferta". La oferta, no obstante, ya le fue hecha, "pero el salario era tan bajo que ni siquiera hubiera alcanzado para pagar el colegio de mi hija".
Aun con todas las dificultades, Palacios ha logrado iniciar no solo un trabajo estable sino que ha empezado a echar los cimientos de una nueva familia en Colombia. Uno de sus logros ha sido la fundación de la llamada Asociación de Cubanos Residentes en Colombia, a través de la cual espera ayudar a otros compatriotas que decidan establecerse en el país y que tengan dificultades. "Estoy muy agradecido por la forma como me han recibido en Colombia -dice-. A pesar de no trabajar en lo mío, me siento como en familla".

'LOS NEOCOLOMBIANOS'
Sea como fuere, la mayor parte de esta camada de 'neocolombianos' está conformada por experimentados profesionales que han aprovechado la apertura de las fronteras de la isla para cumplir el sueño de aventura que hasta hace algún tiempo les truncaba la política de la Revolución; la misma Revolución a cuya sombra crecieron y se educaron, pero que hoy no tiene cómo darles empleo y ocupación.
Como dice Isabel Santos, prestigiosa actriz habanera que vive desde octubre pasado en Colombia y trabaja ahora en la telenovela Amor, Amor, "Cuba tiene excelentes directores de cine, pero no posee recursos para rodar 100 metros de película. Igual ocurre en la televisión: de 10 novelas que se hacían al año, para poner una cifra, ahora sólo se hacen dos".
Sin embargo, Santos, al igual que otros actores establecidos en Colombia como Alberto Pujol, Roberto Escobar, Jorge Cao, Pedro Silva y Ernesto Tapia, han sido más afortunados que Verdecia y Palacios. Algunos de ellos ya tenían un contrato en sus manos antes de llegar a Colombia, lo que les permitió establecerse con mayor tranquilidad. Pujol, por ejemplo, fue contratado por Bernardo Romero para actuar en La Momposina y fue incluso nominado en los premios India Catalina por la interpretación de su personaje en este seriado. También ha actuado en Café y se prepara para iniciar grabaciones en Eternamente Manuela. "En todo este proceso -dice- he tenido mucho apoyo, pero también muchas dificultades. Aun así me siento satisfecho".
Otros cubanos también han corrido con buena suerte. Raúl Flores, un famoso arquitecto en su país, comienza a destacarse en Colombia. Vito Poveda, un joven músico y compositor, ha sido celebrado por los originales arreglos que hizo de las canciones del último disco de Aura Cristina Geithner. El violinista Alfredo de la Fe, quien fue uno de los más importantes músicos de salsa en Nueva York, echó raíces y familia en Medellín. Algunos músicos del grupo de Albita Rodríguez se quedaron y hoy no solo forman parte de importantes grupos de jazz latino sino que además dictan cátedra de música en entidades distritales de Bogotá. También son conocidos Adrián Núñez, entrenador de boxeo en la Liga de Bogotá, y Tomás Soto, técnico de béisbol en un equipo de Cartagena.
Por ahora, y visto el panorama, resulta ciertamente difícil hacer cábalas sobre cuál será el futuro de estos emigrantes y de la misma inmigración cubana hacia Colombia. Si será un fenómeno permanente o aislado no se sabe. Si algunos se quedarán o retornarán a su país tampoco se puede predecir. Lo único cierto es que el éxodo de los mejores 'cerebros' cubanos, al decir de los analistas, puede ser provechoso para los países que los acojan, pero dramático para Cuba, que poco a poco se podría ir quedando sin su mejor mano de obra.
La respuesta a estos interrogantes, sin embargo, parece esconderse en el discurso que pronunció el canciller cubano Roberto Robaina durante un reciente foro realizado en La Habana para analizar el fenómeno de la émigación: "Nuestros emigrados pueden tener raíces cubano-americanas, cubanomexicanas, cubano-australianas.: lo que importa para nosotros es ese primer apellido que no cambia. Por eso hemos dicho que el país no renunciará a quienes dentro de esa emigración mantengan posiciones de respeto, del mismo modo que ellos no están dispuestos a renunciar a su identidad". -

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