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| 11/24/2012 12:00:00 AM

De La Haya a La Habana

Si Colombia decide elevar las tensiones diplomáticas con Nicaragua a raíz del fallo sobre San Andrés, esto se reflejará en el proceso de paz en Cuba.

El tsunami generado por la decisión de la Corte de La Haya sobre el diferendo limítrofe entre Colombia y Nicaragua podría llegar a costas diferentes a las playas del archipiélago de San Andrés. Aún es pronto para afirmar que al malecón de La Habana, donde el gobierno nacional mantiene un diálogo de paz con las Farc, no arribe en algún momento el fuerte oleaje que hoy reconfigura las fronteras marinas del Caribe. En especial, cuando el gobierno colombiano ha dado algunas señales que indicarían que considera desconocer las resoluciones de este tribunal internacional.

Un eventual impacto del pulso entre Bogotá y Managua en Cuba pasa por Caracas. Este cuadrilátero de capitales se explica por la geopolítica actual de América del Sur y del Caribe. Desde 2007 Nicaragua hace parte de la Alianza Bolivariana para los pueblos de América (Alba), bloque de ocho países de la región, creado y liderado por Venezuela. Para la ?doctrina? internacional del presidente Hugo Chávez, el Alba es un pilar clave que reúne a los mandatarios latinoamericanos más cercanos a sus posturas ideológicas.

Además de Daniel Ortega, presidente nicaragüense están Rafael Correa de Ecuador,y Evo Morales de Bolivia. Este grupo de naciones conformó a mediados de la década pasada la vanguardia de la política exterior chavista.Venezuela no solo impulsó la creación del bloque sino también les ha provisto de asistencia técnica y ayudas en materia petrolera y energética.

A esto hay que añadir que en años recientes el gobierno de Juan Manuel Santos desplegó una estrategia diplomática de reconciliación con Venezuela y Ecuador para marcar diferencia con el estilo de su antecesor, Álvaro Uribe. Un resultado derivado de esa amistad de nuevo cuño entre Bogotá y Caracas es la activa participación del gobierno del presidente Chávez como acompañante en el proceso de paz con las Farc. En el caso de Cuba, también miembro del Alba, la condición es doble: sede de la mesa de negociación y garante de la misma.

De optar por un camino que eleve las tensiones diplomáticas con Managua, esto se reflejaría inevitablemente en las relaciones con Caracas y La Habana. El gobierno Santos enfrentaría dos frentes de malestar exterior: el generado con Nicaragua y liderado por Ortega y, por la puerta de atrás, presiones veladas o abiertas por parte de Chávez y de Raúl Castro.

Además de enrarecer el ambiente diplomático que rodea la mesa de negociación, dentro de ella también se sentirían las consecuencias. Muchos analistas coinciden en calificar al mandatario venezolano como el hombre con la llave para la paz de Colombia. Chávez es el único líder regional que ejerce tanta influencia y presión sobre la guerrilla como para empujarla a abandonar la lucha armada. No obstante, esta capacidad solo beneficiará al gobierno si también se sincroniza con los intereses bolivarianos. Permitir que Colombia desconozca lo que La Haya le reconoció a uno de sus aliados regionales más cercanos no parecería servirle a Caracas. Si el gobierno decide un camino de confrontación con Nicaragua, la influencia que Chávez tiene sobre el proceso de paz podría tomar un giro que no le convendría a Colombia.
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