Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1999/08/16 00:00

DE LA LUNA MARTE

Al celebrarse los 30 años de la llegada a la Luna, SEMANA viajó a Cabo Cañaveral para <BR>conocer los planes de la Nasa en el espacio para el siglo XXI.

DE LA LUNA MARTE

Dos eventos sucedidos en sólo dos días llevaron al presidente John F. Kennedy a
embarcarse en la aventura de enviar un hombre a la Luna. El primero, la noticia de que la Unión
Soviética había logrado poner en órbita al cosmonauta Yuri Gagarin. Y el segundo, el rotundo fracaso
del desembarco de los exiliados cubanos en Bahía Cochinos planeada por la CIA. La preocupación de
Kennedy quedó plasmada en un memorando enviado al vicepresidente Lyndon B. Johnson, entonces
director de la Comisión Espacial de Estados Unidos, y fechado el 20 de abril de 1961: "¿Tenemos la
posibilidad de vencer a los soviéticos poniendo un laboratorio en el espacio, o a través de un viaje
alrededor de la Luna, o con un cohete que aterrice en la Luna, o mediante un cohete que lleve a un
hombre a la Luna y regrese? ¿Existe algún otro programa espacial que prometa resultados
contundentes con los que podamos ganar?".
Cuando Kennedy anunció que pondría un hombre en la Luna antes de finalizar la década, los
norteamericanos sólo contaban con 16 minutos de experiencia en vuelos espaciales no tripulados. Por
esa razón para la comunidad científica el anuncio fue absurdo y muchos consideraron que estaba
motivado por la preocupación delirante del joven presidente. Evidentemente, el anuncio de Kennedy
buscaba disminuir la dimensión del logro soviético que se consideraba una amenaza debido a la
política de expansión comunista. Pero lo cierto es que la razón fundamental que motivó a los
estadounidenses a emprender el proyecto fue la certera convicción de que podían ganar la carrera
espacial. Con un mayor presupuesto los expertos de la Nasa sabían que podrían construir un cohete
espacial tripulado capaz de recorrer los 384.500 kilómetros hasta la Luna antes que sus antagonistas
soviéticos.Con ese propósito el Congreso destinó 25.000 millones de dólares para impulsar el
proyecto, del cual surgió la voluntad política que ocho años después permitió el éxito de la misión del
Apolo XI que dividió la historia de la humanidad en un antes y en un después.
Pero para los astronautas Neil Armstrong, Edwin Aldrin, Mike Collins y los científicos que hicieron
posible el sueño de dar el primer paso sobre la superficie lunar el 20 de julio de 1969, el deseo era
el mismo que el de Colón cuando inició la expedición que lo llevó hasta la isla de Guanahaní, a
Vespucio hasta la desembocadura del Orinoco y a Marco Polo a explorar el Lejano Oriente. Era ese
afán colectivo, que persiste en el inconsciente de la humanidad, por emprender riesgosas aventuras
para ampliar las fronteras y descubrir nuevos mundos. Es la misma curiosidad que asalta a la
mayoría de los hombres cuando se preguntan: ¿Cuál es el origen de las estrellas y del cosmos?
¿Existen otras formas de vida o estamos solos en el universo? ¿Estará lista la humanidad para
emprender viajes cientos de veces más lejanos que los que se han intentado hasta el momento?
Esa ansiedad es la que hoy inquieta a los científicos de las agencias espaciales del mundo que
trabajan para descubrir la tecnología que permita llevar al hombre a su próximo destino: Marte.Un viaje
de más de 80 millones de kilómetros que se calcula durará dos años ida y vuelta. Ya el mundo quedó
maravillado con los descubrimientos encontrados por el pequeño robot Pathfinder que en 1997 llegó
hasta el planeta rojo, desde donde transmitió más de 10.000 fotografías de la superficie marciana y que
mostraron un relieve muy similar al de la Tierra.
Lo cierto es que la curiosidad de los hombres por conocer no solo su hábitat sino otros mundos
parece no tener límites. "La Tierra es la cuna de la humanidad pero el hombre no pasa el resto de su
vida en la cuna", dijo alguna vez el inventor del cohete por pisos soviético, Constatin Tsiolkovski. Y el
hombre parece estar saliendo de su cuna. La carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión
Soviética iniciada a mediados de los años 50 le permitió al hombre desarrollar nuevas tecnologías para
buscar formas de vivir y trabajar en el espacio. Pero la era de la competencia espacial y el miedo
nuclear se derrumbó con el colapso del Muro de Berlín. En esta última década de la posguerra fría la
confrontación le dio paso a la cooperación espacial. Uno de los símbolos de ese nuevo orden mundial
han sido las misiones de acoplamiento de la estación espacial rusa MIR con los transbordadores
espaciales estadounidenses desde 1995. Pero este es sólo el primer capítulo de la alianza de las
grandes potencias en su búsqueda por explorar el espacio. La nueva era espacial Desde 1950 más de
3.000 cohetes y naves espaciales han atravesado la atmósfera terrestre para descifrar los misterios
de los planetas y las estrellas más cercanas, investigar cómo funciona el cuerpo y la mente
humana en el espacio y para mejorar la vida del hombre en su propio planeta. La tecnología de los
computadores, la industria aeronáutica, la comunicación satelital, los grandes avances de la
medicina, y la posibilidad de predecir el clima, han evolucionado aceleradamente gracias a las
investigaciones desarrolladas para conquistar el espacio. El teléfono celular, el horno microondas y
las sillas ergonómicas son algunos de los resultados de la conquista espacial.
Pero después de la llegada del hombre a la Luna, los esfuerzos se han dirigido principalmente hacia la
investigación de los demás planetas del sistema solar. Telescopios de gran alcance como el Hubble y
sondas viajeras como las Voyager, Galileo y Gemini, han sido enviadas al espacio en las ultimas dos
décadas en exitosas misiones que han revelado valiosa información sobre los planetas vecinos, y
han corroborado que no existen otras formas de vida en la galaxia distintas a las de la Tierra. Sin
embargo, la información recolectada en esos viajes generó más preguntas que respuestas. Los
expertos de la Nasa detectaron fenómenos físicos que no han podido descifrar (como la
composición de los anillos de Saturno) y misiones como la del Pathfinder a Marte no han podido
establecer con precisión si en ese planeta existió alguna forma de vida hace millones de años.
Por esa razón algunos científicos consideran que es necesario que el hombre emprenda el viaje al
planeta rojo y traiga muestras para que sean analizadas en la Tierra. Otros expertos se oponen a esta
titánica aventura espacial por razones políticas o económicas. Los viajes no tripulados cuestan 100
veces menos, no se arriesgan vidas humanas y desde el punto de vista científico arrojan casi los
mismos resultados.

Marte: en la mira
Por el momento los esfuerzos de la Nasa y de las agencias espaciales de Rusia, Francia, Canadá,
Japón, Italia, y de otros 10 países se han sumado para construir la Estación Espacial Internacional, el
laboratorio científico más grande que haya emprendido la humanidad. (Ver infografía páginas 64 y 65).
SEMANA visitó el Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral, Florida, donde actualmente se
construyen los módulos que serán llevados y ensamblados en el espacio. La gigantesca
construcción en acero, titanio y aluminio servirá para que se realicen experimentos en la
microgravedad del espacio. Shirish Patel, ingeniero aeroespacial de la Nasa que participa en el
proyecto, explicó a SEMANA que la estación "es un gran salto del hombre en la exploración del
espacio, que arrojará resultados sin precedentes en la investigación tecnológica y científica. Cuando
esté ensamblada a finales de 2004 se comenzarán a ver los logros de la expansión humana hacia el
espacio", señaló Patel. Aunque se ha criticado la inversión de 96.000 millones de dólares en el
proyecto (equivalente al PIB de Colombia), en diciembre de 1998 se pusieron en órbita y se
ensamblaron los primeros dos módulos de fabricación rusa y estadounidense. "La Estación Espacial
es el primer paso y el más lógico antes de dar el gran salto hacia Marte", indicó a SEMANA el
director de Relaciones Públicas del Centro Espacial Kennedy, George Diller. Marte está en la mira
de los científicos de la Nasa y para tal efecto la Estación Internacional es el primer eslabón que
permitirá investigar el comportamiento del cuerpo y el cerebro durante largos períodos en la ingravidez
del espacio. Ahora el reto de los ingenieros espaciales es diseñar una nave de bajo costo, que pueda
viajar a velocidades mucho mayores que las actuales y que brinde mayor seguridad a la tripulación en
un eventual viaje a Marte.
El ingeniero estadounidense Robert Zubrin está desarrollando actualmente el proyecto Marte Directo,
con el que se planea enviar a cuatro astronautas al planeta rojo en 2007. Algunos científicos
consideran que por las características topográficas de Marte y por su temperatura un poco inferior a la
del polo sur de la Tierra (-60° C en promedio), el hombre en 200 años podría crear las condiciones
para habitar ese planeta. Desde la antigüedad, con las aventuras homéricas de Ulises en La Odisea,
la curiosidad por lo desconocido ha llevado al hombre a recorrer inmensas distancias y a emprender
viajes inimaginables. Ahora, motivado por asombrosos hallazgos de la Nasa, el hombre podría
lanzarse a realizar viajes impensables, como en su momento lo hicieron Colón y Marco Polo. Por esa
razón los avances que se alcancen en los próximos años revelarán si el destino del hombre se
encuentra en los confines del espacio.
Cómo lo vivieron
Gloria Valencia de Castaño
"Yo estaba en la casa con Alvaro mi esposo. Era uno de los grandes milagros: el hombre llegaba a la
Luna. Pero todavía queríamos más, queríamos verlo en color. Yo me preguntaba todo el tiempo cómo
serían los colores de la Luna lamentándome de que la televisión fuera en blanco y negro. La
transmisión del alunizaje fue una cosa escalofriante y extraordinaria. En ese momento me di cuenta
que todo se nos venía encima. Pensé que los viajes interespaciales tenían que llegar a ser posibles en
algún momento, aunque en ese instante todo parecía ciencia ficción".
Manuel Elkin Patarroyo
"Vi la transmisión en mi pueblo natal Ataco (Tolima) y no me perdí ni un instante. Estaba con toda
mi familia pasando vacaciones, tenía 22 años y cursaba quinto año de medicina. Había un televisor en
blanco y negro en todo el pueblo y todos estábamos pegados a él para ver el alunizaje. Me acuerdo
mucho la impresión que me causó el sonido de la estática y la frase de Neil Armstrong cuando decía
que era un pequeño paso pero un gran salto de la humanidad... No se me olvidará nunca. Pensé que
habíamos roto las fronteras de lo que era nuestro mundo y estábamos comenzando a ser
universales. La Luna comenzaba a desmitificarse para los poetas que le cantaban".
Germán Arciniegas
"Estaba de embajador en Venezuela, tenía 69 años. Vi el acontecimiento en compañía de algunos
familiares y amigos. Para el gran evento el chef Segundo Cabezas hizo un banquete y preparó un
pastel muy grande en forma de luna. Era la primera vez que en una misma fecha se juntaban un
acontecimiento local con uno universal".Aunque la exploración y conquista espacial han sido un
privilegio reservado para los expertos de los países industrializados, hay varios científicos colombianos
que actualmente realizan importantes investigaciones para la Nasa. SEMANA habló con ellos.
Rodolfo Llinás
El científico bogotano Rodolfo Llinás es el director del departamento de neurología y neurofisiología
de la Universidad de Nueva York, y actualmente trabaja en la estación espacial Johnson de la Nasa
con sede en Houston. El doctor Llinás adelanta en la actualidad diferentes investigaciones sobre el
efecto de la microgravedad del espacio en el cerebro de los astronautas. Al mismo tiempo hace
estudios para averiguar por qué el ser humano pierde la capacidad de memoria, de expresarse
oralmente y presenta problemas sicomotrices después de permanecer largos períodos en el espacio.
"El ser humano experimenta cambios perceptuales, el arriba y abajo no existen. Se pueden empezar
a desconocer las cosas, la memoria puede perderse, al igual que la capacidad cognitiva", explicó a
SEMANA.Su investigación más conocida fue enviar ratas recién nacidas al espacio por un período de
19 días. Después comparó el cerebro de esos roedores con el de otros que permanecieron en la
tierra, y encontró que los primeros sufrieron alteraciones significativas en su sistema nervioso. La
próxima investigación que Llinás pretende realizar consiste en colocar en el casco de los astronautas
un instrumento denominado magnetoinselógrafo, que permite visualizar la función cerebral y
prácticamente facilita leer el pensamiento.
Jorge Ramírez
El trabajo de Jorge Ramírez, investigador del departamento de Ciencias de la Vida del centro
espacial Johnson de Houston, se ha centrado en estudiar las características de los diferentes
planetas y lunas del sistema solar para establecer si es posible adaptarlos para que los seres vivos
puedan habitar y reproducirse en su superficie. Este científico colombiano es de los pocos en el
mundo que trabaja para averiguar si los seres humanos pueden reproducirse en condiciones de
gravedad cero.
Jorge Reynolds
Jorge Reynolds trabaja en un proyecto para poner un microsatélite colombiano en órbita para 2001.
Será un pequeño artefacto con un circuito electrónico que se lanzará al espacio con una grabación de
una estrofa del himo nacional, un mensaje del presidente Andrés Pastrana y el sonido de las
ballenas jorobadas del Pacífico. "Ese microsatélite tiene un significado simbólico, pero quiere decir
que Colombia ya hizo algo para insertarse en la era espacial. El país no saldrá del subdesarrollo si no
empieza a construir su propia ciencia y tecnología" .

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