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| 1/4/1993 12:00:00 AM

De la oscundad al silencio

Miles de colombianos podrían salir del racionamiento de energía con serios problemas auditivos por el ruido de las plantas.

AL TIEMPO QUE LOS COLOMbianos se ilusionan con la noticia de la reducción del racionamiento, que ha sido anunciado para finales del presente año, comienzan a darse cuenta de algo de lo que muy poco se ha hablado: la falta de energía eléctrica pudo haber les dejado daños irreversibles en su audición. El ruido producido por las plantas instaladas por empresas y establecimientos comerciales ha sido de tales magnitudes, que la contaminación sonora ha llegado a índices jamás vistos en la historia de Colombia y probablemente del mundo, pues nunca un país había tenido que funcionar casi un año con plantas.
Ha sido un lugar común el hablar de los problemas auditivos que padecen los operadores de taladros, los tiradores al blanco o los asiduos visitante de las discotecas. Pero la verdad es que las afecciones generadas por las plantas eléctricas -por tratarse de un ruido continuo- pueden llegar a ser igual de graves. Y lo peor es que gran parte de los colombianos está "conviviendo" con estos aparatos durante varias horas al día. En Bogotá, según un estudio de la Secretaría de Salud, el 80 por ciento de los habitantes está expuesto al ruido de por lo menos una de las 7.000 plantas que funcionan en la ciudad. Y en muchos casos la exposición supera las ocho horas diarias, pues hay empresas que mantienen la planta en funcionamiento todo el día.
De acuerdo con los especialistas, el oído humano no dehe exponerse a un ruido de más de 70 decibeles diarios durante un período de más de ocho horas. De ahí en adelante cualquier ruido comienza a ser nocivo y la consecuencia puede ser, incluso, la sordera total. A este respecto las noticias no son nada alentadoras para los colombianos. El ingeniero Camilo Luengas, de la división del Medio Ambiente de la Secretana de Salud, ha comprobado que la mayoría de las plantas que se emplean en Bogotá superan los 102 decibeles. "Son los aparatos que abundan en los sectores comerciales y que la gente prefiere comprar porque, a pesar de no ser los mejores, son los más económicos". Algo similar sucede en el resto del país, donde la contaminación también alcanza índices preocupantes.
Lo grave es que los males auditivos parecen no dar aviso. y mientras las personas creen haberse acostumbrado al ruido de las plantas eléctricas, en sus oídos se generan afecciones irremediables. La exposición al ruido de estos aparatos destruye un alto número de las células sensoriales, conocidas como cilios, y que son la pieza fundamental del funcionamiento del oído. A esta destrucción se le suma la degeneración de los centros auditivos del cerebro. Según el especialista Juan Carlos Vivas "las plantas eléctricas prodecen una disminución auditiva a la altura del oído interno que se manifiesta principalmente en la dificultad para escuchar los tonos agudos. Es un daño irreversible, pues es como si se murieran células del sistema nervioso central".
Los primeros síntomas de que algo está sucediendo a nivel auditivo son, además de una disminución en la capacidad de escuchar, dolores de cabeza, mareos, insomnio, sensación de oído tapado y un "campaneo" constante en el oído. Aunque estos síntomas pueden pasarce inadvertidos en un primer momento, los médicos aconsejan realizarse un tratamiento inmediato. Y de hecho el número de personas que llegan diariamente a los consultorios de los Otorrinolaringologos pace ir en ascenso "Desde que se instalaron las planlas eléctricas por todas partes, los pacientes que se quejan de disminución auditiva han aumentado notablemente. El paso por seguir es realizarles un examen de audiometría para descubrir hasta donde ha llegado el problema", agrega Vivas.
No todos los especialistas, sin embargo, están de acuerdo con la gravedad del problema. Mientras algunos consideran que el ruido de las plantas eléctricas necesariamente trae consecuencias negativas e irreversibles para la audición, otros señalan que la situación no es tan dramática y que los males son transitorios. Según el médico Rafael Reyes Uribe, las células destruidas se pueden regenerar si se comienza un tratamiento a tiempo y se elimina la causa del próblema. Es decir que el único remedio, cuando ya se ha generado el mal, es évitar por completo los ambientes ruidosos.
En lo que si están de acuerdo los especialistas es en que el cambio de hábito de los colombianos, en cuanto al sonido se refiere, no pudo haber sido más perjudicial. Y eso tiene alarmadas a muchas personas. La Secretaria de Salud de Bogotá, que adelanta desde julio un programa de control sobre la forma como se emplean las plantas eléctricas, ha recibido más de 3.000 quejas por parte de los ciudadanos. El 95 por ciento de ellas son reclamos provocados por el ruido de estos aparatos. Una queja fue puesta por los trabajadores y residentes de un edificio del centro de Bogotá que comenzaron a sufrir desmayos, irritación en la garganta y dolores de cabeza.
Como respuesta a estos reclamos se han sellado ya 480 empresas y estableclmientos comerciales, ubicados en los sectores más afectados de la ciudad que, según una medición de decibeles realizada por la Secretaría de Salud son Chapinero, Restrepo y la zona comercial del Chicó. "No se pueden tomar medidas tan radicales como el decomiso de las plantas eléctricas porque esto ge lleraría un problema económico y social, pues son negocios que tienen muchos empleados. Lo que se les exige aprendan a emplear estos aparatos. Es decir, situarlos lejos d elas personas y colocarles los silenciadores necesarios", señala Lenguas.
Muchas personas ya han acudido a los protectores auditivos. Pero se trata de una solución a medias, pues estos tapones sólo disminuyen en un 30 por ciento la intensidad del ruido. Lo más aconsejable es acondicionar los aparatos de tal forma que se reduzca el sonido en unos 20 decibeles. Para esto es necesario, además de los silenciadores, una carcaza que aísle el ruido del motor. Según los expertos, las plantas requieren una especie de "cama de perro" que se fabrica con fibra de vidrio, icopor de alta densidad y madera. Pero esta solución tiene un costo que puede superar el millón de pesos, y muy pocos están dispuestos a invertir este dinero.
Lo cierto del caso es que las plantas eléctricas van a acompañar a los colombianos hasta cuando llegue el fin del racionamiento o que no se preve que ocurra, en su totalidad, hasta el año entrante y que, mientras tanto, de acuerdo con los especialistas, lo mejor es acostumbarse a permanecer con los protectores auditivos para evitar, aunque sea solo en parte, los cientos de decibeles que actualmente se generan en las calles del país.
Cualquier prevención no evitará, sin embargo, que 1992 pase a la historia como "el año del ruido". O, si se quiere, como ""el otro año del ruido". Pero a diferencia de aquel que figura en las leyendas de la vieja Santa Fe, éste sí tendrá una explicación muy clara: el racionamiento prolongado de la electricidad, y la proliferación de plantas eléctricas instaladas para soportarlo. Sólo queda esperar que esa sea su máxima secuela. Y que no pase también a los anales por culpa de la cantidad de gente que sufrió daños auditivos.
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