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| 5/24/2008 12:00:00 AM

De la ‘para-política’a la ‘Farc-política’

SEMANA revela algunos correos comprometedores, pero serán la Fiscalía y la Corte las que tendrán que establecer si los vínculos de políticos y personalidades con la guerrilla fueron tan profundos como los de la para-política.

Esta semana se abrió uno de los capítulos más esperados sobre la penetración de los actores armados en la vida nacional. Después del coletazo de la para-política, que tiene al 30 por ciento del Congreso subjudice, se empiezan a sentir los pasos de animal grande de la 'Farc-política'. Cerca de 1.000 correos electrónicos encontrados en el computador de Raúl Reyes comprometen a políticos, periodistas, ciudadanos extranjeros y empresarios. El Fiscal dijo que la relación de estas personas con las Farc va más allá de una simple afinidad y sugiere complicidad.

Los primeros al banquillo son tres figuras emblemáticas de la izquierda: la senadora Piedad Córdoba, el representante del Polo Wilson Borja y la senadora Gloria Inés Ramírez. Pero también están el ex candidato presidencial Álvaro Leyva, el ex asesor de Paz Lázaro Viveros, el director del periódico Voz, Carlos Lozano, y el periodista William Parra, entre muchos otros.

Ahora, para nadie es un secreto que algunos de estos personajes públicos han tenido en el pasado contacto con las Farc. Piedad es la abanderada del acuerdo humanitario y hasta se ha reunido en la selva con las Farc. La pregunta que determinará la justicia es si la senadora se sobrepasó en sus atribuciones y pasó de neutral a asesora de cabecera del grupo guerrillero. Leyva ha sido, quizá, el colombiano del establecimiento que más se ha reunido con el Secretariado para buscar un acuerdo de paz. Las menciones a Leyva están salpicadas en decenas de mensajes. Se refieren a él como "el profesor". Lozano, ha sido un hombre que tiene interlocución con las Farc y hasta el gobierno lo ha buscado cuando quiere algún acercamiento al grupo guerrillero. Pero, para las autoridades, su relación va mucho más allá de nobles fines humanitarios.

Han llamado la atención en particular dos correos de Lozano hallados en el computador. En uno dice: "el comunicado de lo de El Nogal es bueno. Abrió las contradicciones. Ahora cobra fuerza la hipótesis de que fue el cartel del Norte del Valle. En el nivel internacional le resta fuerza a la campaña de Uribe Vélez con el terrorismo".

Y en otro mensaje del 16 de febrero 2003, Lozano informa sobre una llamada que recibió del embajador cubano en la que le dice que "la embajadora de Estados Unidos lo llamó pidiéndole que le hiciera llegar un mensaje a las Farc. Que el gobierno de Estados Unidos está convencido de las Farc tienen retenidos a por lo menos dos de los agentes de la DEA que se cayeron en un avión en el Caquetá. Que esperan que se les respete la vida, porque si son ajusticiados, eso traerá graves consecuencias. Se ve que están inquietos. Eso les pasa por meterse donde no lo deben hacer". Aunque para nadie son un secreto los contactos que mantiene Lozano con las Farc y que en el pasado ha servido de puente, deberá justificar ante la Fiscalía el tono y el aparente entusiasmo con que escribe sus mensajes.

La Fiscalía también sorprendió con la vinculación de los parlamentarios Gloria Inés Ramírez y Wilson Borja, del Polo. Ramírez es una dirigente sindical y miembro prominente del Partido Comunista. En un correo, Raúl Reyes dice que "la compañera es muy buena, bastante comprometida con la lucha y clara de los objetivos de la combinación de todas las formas de lucha". Con Borja, la Corte Suprema deberá investigar si el Wilson Borja que aparece en un documento de contabilidad de las Farc es el congresista. Las Farc le habrían pagado un pasaje y alojamiento por cuatro días en el exterior.

Más comprometedores son los correos de William Parra, periodista colombiano de Telesur. Según fuentes oficiales, Parra podría estar implicado en la manipulación de pruebas de supervivencia para satisfacer a las Farc, y otros temas de mayor calibre penal.

Este nuevo capítulo busca determinar hasta dónde han llegado los tentáculos de las Farc, va a volver a sacudir el mundo político. Pero esta vez puede poner contra la pared a la oposición. Mientras en el escándalo de la para-política el Polo Democrático había salido ileso y hasta jugaba a veces el papel de inquisidor, Borja y Ramírez son los primeros congresistas de la izquierda involucrados ahora por la Farc-politca. Hay que aclarar, sin embargo, que hasta ahora se inician las investigaciones y que ni la Corte Suprema de Justicia ni la Fiscalía han oído todavía las versiones de los implicados.

Mientras muchos piensan que la Farc-política se va a convertir en una avalancha de las dimensiones de la para-política -un ciclón que desafió las instituciones-, la verdad es que va a ser distinta. El hecho de que haya 67 congresistas investigados y 31 presos refleja la magnitud del proyecto político paramilitar. Un proyecto que se edificó gracias a las alianzas regionales entre militares, paramilitares, políticos, ganaderos y empresarios, para desterrar la violencia guerrillera. Y que, con el tiempo, se convirtió en una temida maquinaria de guerra orientada a conquistar el poder político para luego subyugar al Estado y ponerlo al servicio del crimen.

La Farc-política pinta muy distinta. La primera razón es el rechazo unánime de la sociedad hacia las Farc. Mientras los paramilitares despertaban simpatías en ciertas elites locales por su motivación contrainsurgente, la guerrilla siempre ha visto al establecimiento como enemigo, y a los políticos, en general, como objetivo militar. La política, para ellos, a diferencia de la lógica mafiosa paramilitar, no se captura. Se amenaza, se secuestra o se mata. Hay excepciones, por supuesto. En Arauca, el ELN tenía un control territorial que le permitía hacer guiños y elegir candidatos. Y, seguramente, las Farc tendrán algunos concejales allí, y otros diputadas allá. Y hasta uno que otro congresista. Pero van 258 concejales asesinados por las Farc en los últimos ocho años. Las Farc no están en plan de capturar al Estado, sino de derrocarlo. Y una manera de tomarse el poder es la combinación de formas de lucha. Tener un brazo político dentro de la estrategia militar. En los 80 y 90, la UP, plataforma política de las Farc, fue aniquilada por el paramilitarismo y las fuerzas oscuras del Estado.

Hoy, aunque no se puede decir que el Partido Comunista sea el brazo político de las Farc, sí hay vasos comunicantes. El Polo Democrático, pese a lo que piensan ciertos sectores de la derecha, es una amenaza para las Farc, y varios de sus miembros están en la mira de esa guerrilla. Ante el rechazo de la inmensa mayoría de los colombianos, las Farc han tenido que crear un partido político clandestino, el PC3.

Y esa combinación de formas de lucha es la que se está castigando cada vez más. Luego de septiembre 11 y la seguridad democrática de Uribe, las Farc son cada vez más vistas como terroristas que como grupo armado insurgente. Se acabaron los momentos glamorosos cuando los representantes más insignes del establecimiento desfilaban por la Uribe, Casa Verde o el Caguán. Alrededor del tema de la paz se había construido toda una torre de babel llena de ramificaciones y personajes que tenían acceso directo a las Farc.Hoy, quien haya tenido contacto con alguien de las Farc en algún momento, debe estar comiéndose las uñas, pues puede figurar en los famosos computadores de la guerrilla.
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