Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/02/28 00:00

De primera

Tras décadas de informalidad, los ropavejeros de la Plaza España inaugurarán su propio centro comercial.

Luis Barbosa, presidente de Casacoop; Jaime Garzón, presidente de la agremiación de ropavejeros y su tesorero, Vicencio Ortiz, frente al nuevo centro comercial al que se trasladarán los 423 vendedores.

Todo lo del pobre es luchado", dice Jaime Garzón mientras camina por el interior de una moderna construcción que el próximo jueves será entregada a las 423 familias que durante décadas han vivido de comprar y vender ropa usada en el centro de Bogotá. Este hombre, que nació, creció y vive gran parte de su día en la Plaza España, mira con orgullo de propietario los 6.750 metros cuadrados de lo que será el primer centro comercial de ropavejeros de la capital, un proyecto piloto en América Latina.

Atrás esperan dejar las inclemencias de trabajar a la intemperie, de ser perseguidos por las autoridades, de soñar con las promesas incumplidas de los políticos de turno, de buscarse un espacio para alimentar a sus familias y de vivir con la incertidumbre de ser un vendedor informal.

Durante la política de recuperación de espacio público adelantada en la primera administración de Antanas Mockus se acordó con estos vendedores, que ocupaban la Plaza España, calles 11 y 11A entre carreras 18 y 19, y los alrededores de la ya desaparecida Escuela Reino de Suecia, el traslado a un lote del Distrito en uno de sus costados. Con esto, la administración hizo la recuperación más pacífica de una zona pública en la historia reciente de la ciudad y abrió un camino para convertirlos en propietarios, el cial cinco años después se hace realidad.

Para la gran mayoría, el pasarse a un lote cerrado, con casetas ordenadas y con vigilantes a las entradas fue un gran logro, pues por lo menos dejaban la guerra por un espacio público para sobrevivir.

Los primeros ropavejeros aparecieron en 1958 en las afueras del hospital San José. En unas cuerdas de cabuya, Luis García, Misael Correa, Jesús Taborda y José Euseche colgaban unas pocas prendas de paño, lino y algodón que compraban o les regalaban, y las revendían a 10 ó 15 centavos.

En la medida en que el parque se consolidó como un sitio de intercambio barato de ropa, los vendedores empezaron a crecer en número y a ser perseguidos por la Policía. Se trasladaron de una esquina del parque a la otra, después a la carrera 21 y a finales de los 60 a Paloquemao. "En ese peladero aguantaron hambre y muchas dificultades, porque nadie iba, hasta que las casi 100 familias que ya trabajábamos en el negocio decidimos invadir de nuevo la Plaza España en 1970 y quedarnos, sin importar las adversidades, en el sitio en el que comenzó este trabajo", dice María Lina Rosa García, una de las más antiguas en el negocio.

En el intercambio vieron llegar y pasar de moda la minifalda, la bota campana; el paño, el terlenka, la pana, el corduroy, y los yines de todos los colores y formas. También vieron cómo una zona tradicional se descompuso. Algunos ladronzuelos y gamines les dieron paso con los años a ñeros y desechables hasta quedar en medio de las dos peores 'ollas' de Bogotá: El Cartucho y Cinco Huecos.

Por eso, la salida del parque hacia un lote les pareció buena. Allí, en compañía de la Alcaldía y el Fondo de Ventas Populares, diseñaron lo que sería el centro comercial en un lote anexo de 1.380 millones de pesos en el que están, el cual puso la Alcaldía.

Los ropavejeros ya venían ahorrando 1.000 pesos diarios por familia y habían logrado completar en 2001 la inalcanzable cifra de 1.000 millones. Con la plata en la fiducia y los planos del proyecto, ganador del premio de arquitectura Fundación Corona y Bogotá Cómo Vamos, duraron cuatro años buscando una entidad financiera que les prestara los 2.000 millones de pesos que les hacían falta para hacer la obra. Siempre tuvieron un no como respuesta, hasta que en 2004 la cooperativa Casacoop creyó en el proyecto y se dio a la tarea de construir el Centro Comercial Parque Plaza España, con 60 parqueaderos, restaurantes, guardería y sanitarios que hoy es una realidad.

Cada ropavejero tendrá un local de cuatro metros cuadrados por 6.800.000 pesos, un precio muy bajo si se piensa que a una o dos cuadras, en pleno San Andresito de San José, puede costar 80 ó 100 millones de pesos. Cada familia está pagando cuotas de 135.000 pesos mensuales.

Pero la batalla aún no termina. La próxima semana las 436 familias (unas 2.000 personas), en su gran mayoría de estratos 1 y 2, deberán definir la forma de financiar los 500 millones de pesos que les hacen falta para dividir el centro comercial y construir los locales. Mientras no estén listos, por estatutos, ninguno podrá trasladarse. Ya hay posibilidades de que Casacoop o la Alcaldía les preste el dinero. También les preocupa empezar a ser comerciantes formales.

"Somos un proyecto piloto de Latinoamérica. Diplomáticos, políticos, empresarios han venido a ver este modelo de unión entre Alcaldía, vendedores ambulantes y sector cooperativo. Esperamos en tres meses poder abrir al público el nuevo centro comercial y turístico de la ciudad, más con la remodelación de la Plaza España", dijo Garzón.

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