Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1982/07/05 00:00

¿ DE QUIEN FUE LA CULPA ?

SEMANA abre el debate entre liberales de todos los sectores

¿ DE QUIEN FUE LA CULPA ?

La portada de SEMANA recoge la expresión usual que se oye en estos días en la calle. Usual, pero no exacta. El partido liberal no se ha caído. Simplemente ha perdido unas elecciones. El concepto de caída corresponde a la época de las hegemonías, época que en el sentir de todo el mundo está superada. Colombia, que se ha jactado de tener desde su nacimiento como República independiente un sistema bipartidista, sólo desde el domingo 30 de mayo puede asegurarlo sin suscitar escepticismo. Hasta 1930, cuando nació la república liberal, las rotaciones políticas en Colombia sólo se producían virtualmente por hechos de Suerza. Después de aquella fecha intervenían factores circunstanciales de simple mecánica electoral, que no entranaban desplazamiento de un bando a otro: o limitaciones constitucionales como la alternación consagrada por la creación del Frente Nacional.
Aunque Betancur obtuvo un triunfo sobre un partido liberal dividido, es un hecho innegable que su candidatura refleja una voluntad popular libre de disciplinas partidistas tradicionales, que requirió una transferencia considerable de votos de un partido a otro, así como la aparición de un caudal de nuevos votantes, libres de matricula. Algo similar sucedió en las elecciones de 1970, con la candidatura de Rojas Pinilla, y en 1978 con el propio Belisario Betancur. Pero hay entre esos casos y el actual una inmensa diferencia: esta es la primera vez en que un fenómeno de movilidad electoral produce la caída del partido de gobierno. Si algun peligro existia en la democracia colombiana era la inevitabilidad de los resultados. La presunta ausencia de alternativas reales de cambio dentro del sistema, se contaba entre los factores que llevaban a los descontentos a operar, con un sombrío fatalismo, por el fusil guerrillero o la célula terrorista.
Ahora Colombia entra a la categoría de democracias realmente bipartidistas como las de Estados Unidos, Francia e Inglaterra, y ya, en nuestro ámbito, Venezuela, Costa Rica y aún la República Dominicana, donde dos partidos se alternan confrecuencia segun tengan o no el favor del electorado. Una gran incógnita, sin emhargo, queda en esta nueva etapa: el artículo 120 de la Constitución. A diferencia de todos los países que se acaban de mencionar, una imposición subsiste: el sistema administrativo de coalición obligatoria, pálida modificación de las disposiciones paritarias del Frente Nacional. Después del resultado del domingo, la próxima etapa será sin duda la modificación de este artículo.
Pero haciendo abstracción por ahora de estas digresiones conceptuales, el tema sobre el tapete es el juicio de responsabilidades que se venilla en el partido liberal. ¿De quien es la culpa? SEMANA abre el debate, sin tomar partido.

ERNESTO SAMPER: NO EVADO MIS RESPONSABILIDADES
Coordinador de la campaña liberal, apareee hoy como el gran derrotado. Llueven sobre él las críticas. Pero él se defiende:
Entiendo perfectamente la necesidad del juicio que se ha inicidado sobre la caída del partido. No evado en dicho proceso la responsabilidad que me pueda corresponder como coordinador de la campaña. Pero hubo fallas en la coordinación, sería ingenuo negarlo: paradójicamente, de las pocas oposiciones que recibí en el ejercicio de mis funciones, casi todas ellas procedían de dos políticos ultralopistas que insistían en ser los dueños absolutos del candidato, argumentando contra sus compañeros de debate la frasecita del "yo lo vi primero".
Me parece que este esclarecimiento debe manejarse con serena objetividad si no queremos que el partido sufra más y que algunas de las circunstancias que influyeron en su derrota lo dividan más profundamente. Páginas enteras podrían escribirse sobre las razones de la caída. Tal vez existe una de ellas que debe tenerse en primera consideración lógica: el éxito de la campaña de Betancur, una candidatura atemperada durante varios años en distintos sectores de opinión, que logró resucitar sectores populares que hace algunos años militaron con la Anapo y respaldada en la firme vocación de reconquista del partido conservador que a partir de este momento amara, seguramente, nuestro propio partido.
Imposible sería negar que el expresidente Lleras Restrepo y sus seguidores contribuyeron, con su odio recalcitrante a tumbar el partido descalificando el papel que alguna vez atribuyera Alberto Lleras a la lealtad como arma secreta del liberalismo.
El resto de las explicaciones son algo peregrinas y su utilización como garrote entre liberales es inconveniente y oportunista. Existe una que vale la pena aclarar, sin embargo, porque ya comienzan a utilizarla quienes se sienten sindicados, como liberales, de haber sido cómplices en la caída, se trata del argumento de que perdió la reelección. Si quienes construyen esta especie hubieran jugado limpio con la candidatura de López, tendrían todo el derecho de reclamar credibilidad para su tesis, pero fueron los mismos que no desperdiciaron procedimientos inícuos para ensuciar el nombre de López Michelsen y alterar el curso de su campaña en pos de la presidencia, los mismos que hace algunos años consideraban buena la reelección en cabeza de Lleras Restrepo.
Salvo estas aclaraciones me parece dañino mantener abierto este compás de reproches y recriminaciones cuando lo que el partido necesita es prepararse para fiscalizar el gobierno de Belisario Betancur y convertirse en una alternativa diáfana y legítima que interprete los anhelos de cambio, hoy frustrados, de los casi tres millones de personas que acompañaron en los pasados comicios al candidato ofical del liberalismo.

SANTOFIMIO: EL ARTICULO 120 PERMITIO LA DIVISION
Ha sido el primero en abrir un juicio de responsabilidades sobre la derrota liberal. Y lo ha hecho a su manera, sin rodeos.
La culpa fue de la división. La interpretación del artículo 120 de la Constitución en los últimos años fortaleció la posibilidad conservadora y casi que hizo inevitable su triunfo. Se demostró además que estos factores negativos sumados al rechazo de la reelección superaron en la práctica el inmenso esfuerzo intelectual, político y humano que López Michelsen realizó. Frente al evidente revés catastrófico que ahora soporta el partido no quedan más que dos caminos: o la oposición radical o la colaboración con dignidad sobre los parámetros del artículo 120, pero ambas requieren una amplia consulta de las bases del partido.
El continuismo fue un factor adverso porque en general, el país vive deseando el cambio. La situación natural del desgaste de un gobierno que termina, la crisis de la práctica del 120 que en este mandato se ha agudizado permitió una amplia colaboración conservadora y de ahí el aumento de guarismos en todo el país y la alta votación conservadora.
En algunos círculos de opinión las opiniones de "El Espectador" y "El Tiempo" fueron factores en contra de la candidatura pero de menos peso que la división, la reelección y la práctica del 120.
Fueron los principales responsables de la división la actitud personalista y obstinada de Galán y Lleras.
La de Eastman, fue una declaración verdaderamente imprudente y costosa porque al peso de una reelección le sumó irresponsablemente otra.
El fomento de la costa no es generalizable. El Tolima puso más votos que en 1974 y 1978 con todo y las dificultades. En otras zonas no fue lo mismo. No todos los dirigentes políticos están desgastados, solo algunos. Además a Belisario también lo eligió la clase política.

ABELARDO FORERO: A LLERAS RESTREPO LO JUZGARA LA HISTORIA
Barquista, luego lopista al retirarse la candidatura de Barco, tiene a sufavor a la hora de establecer juicios, un buen conocimiento de la historia política del país y en especial de su partido.
No había nadie más importante que el doctor López para asumir la candidatura liberal. Yo fui barquista y ahora no estoy tan seguro de que hubiera sido una buena alternativa: le habría salido no sólo su Galán sino que hasta Santofimio se habría lanzado.
En las gobernaciones los secretarios conservadores se mantuvieron compactos mientras los liberales estaban disueltos. No hubo un propósito uniforme ni siquiera para vigilar el comportamiento conservador y a mí me consta que varios gobernadores conservadores utilizaron hábilmente su poder para la victoria conservadora, mientras los liberales se desgarraban entre ellos.
Batallador tenaz, agresivo y empecinado, Carlos Lleras no da brazo a torcer. De él no podía esperarse nada, porque su descanso es el pelear. Enarboló las banderas del galanismo a sabiendas de que Galán no iba a ganar. Al doctor Lleras Restrepo la historia se encargará de juzgarlo y sus contemporaneos de padecerlo.
Las de Eastman fueron unas declaraciones eminentemente inoportunas e impolíticas que me extrañan en un hombre de su inteligencia. Si la reelección del Dr. López estaba creando dificultades, cómo sería el hecho de otra reelección. Fue un documento absolutamente imprudente.
El fenómeno de la costa es bien grave porque muchos dirigentes políticos invierten en su propia candidatura pero no en una impersonal. Les apasionan las curules pero no las banderas.

SLEBI: LA CULPA NO FUE DE LA COSTA
Lopista desde los primeros días del MRL Slebi duró doce años en los arenales de la oposición antes de convertirse en Senador e influyente jefe liberal del Atlantico (cacique para sus enemigos). Optimista por naturaleza un mes antes de las elecciones de mayo echó sorpresivamente un chorro de agua fría sobre las cuentas alegres de los asesores bogotanos de López Michelsen pronosticando la derrota de su jefe y amigo y un descenso vertical de su votación en la costa. Tenía razones que a continuación explica:
Si sufrimos la derrota del 30 de mayo no fue por culpa del candidato, sino por la división del partido. Esta fue fomentada e inspirada por el ex-Presidente Carlos Lleras Restrepo, quien aparece como el mayor responsable de la caída del partido.
También tiene muchas acciones en ella el presidente Turbay Ayala. Su actitud fue pasiva y gaseosa frente a los intereses del partido y complaciente ante las presiones del partido conservador.
La gran prensa liberal es también responsable, pues estimuló la división liberal en vez de combatirla.
En el interior de la campaña hubo errores graves. Lemas tales como "Juéguele al colorao" y "La roya es azul" produjeron rechazo en el elector. La publicidad no reflejó el pensamiento del candidato. Los conservadores fueron en este, como en otros terrenos, mucho más eficaces.
La designación de Ernesto Samper Pizano, anónimo en la clase política, produjo una reacción adversa en los dirigentes regionales. Samper tenía más jerarquía en el manejo de la campaña que Mosquera Chaux y que Balcázar Monzón. Samper tomaba decisiones que no se hubieran atrevido a tomar ni Espinosa Valderrama ni Santofimio. Las interferencias de Samper impidieron una buena coordinación en la costa.
La televisión jugó un papel decisivo a favor de Belisario Betancur. La primera charla televisada de López Michelsen fue negativa.
Los planteamientos de Betancur, especialmente el de las casas sin cuota inicialmente produjeron mayor impacto que el de la paz. La costa siempre ha vivido en paz. Pero sus gentes pobres viven en tugurios. La vivienda es su mayor aspiración.
Si la costa definía la elección de López, ha debido tener autonomía en el manejo de la publicidad y sus propios coordinadores.
No eludo mis responsabilidades. Puedo decir que trabajé con entusiasmo al lado de los senadores Name Teran y Martín Leyes. La baja no se debe, como se dice en el interior, al hecho de que no nos dedicáramos debidamente a la compra de votos. Esta no es una región mercenaria. Si los servicios, auxilios parlamentarios, reparto de becas, servicio de transporte el día de elecciones y el reparto de camisetas es asimilable a una virtual compra de votos, todo el país compra votos.
Para mí, las causas de la caída son las que he enunciado. Yo sabía que las cosas andaban mal. Lo dije. Lo grité. Con energía, con inquietud, con angustia a quienes podían enderezar la situación. A los jefes de la campaña nacional, al propio candidato y aún a Felipe López Caballero, a quien apelé en última instancia.
Parece increíble, nunca me escucharon.
Pero hay un hecho que todo el mundo ha pasado por alto. A pesar de la campaña de su adversario, realizada con las más altas ténicas; a pesar de la división liberal, de la prensa hostil, de los expresidentes, del desgaste del gobierno, del sentimiento antireeleccionista que existe hoy en el país y de las aspiraciones de cambio propias de la inconformidad social, a pesar de todo eso, López Michelsen obtuvo 300.00 votos más de los que necesitó Turbay para ganarle a Betancur. Yo me pregunto, quién dentro del partido, habría sido capaz de aglutinar en torno suyo, fuera de él, dos millones ochocientos mil votos. El partido, a la hora de establecer juicios de responsabilidades, debe preguntárselo.

GUSTAVO VASCO: LA DIVISION PERO ANTE TODO UN VIGOROSO ENEMIGO
Eminencia gris del barquismo, Gustavo Vasco, sagaz y hábil maquinador, habría sido para Virgilio Barco lo que Augusto Ramírez es para Belisario Betancur. Trabajó para la candidatura de convergencia del exalcalde de Bogotá que murió lánguidamente antes de la Convención de Medellín. Así analiza las razones que condujeron a la derrota del partido:
La respuesta más fácil, aquella que proporcionan las propias cifras electorales, es la de que el partido perdió el debate electoral pasado, a causa de su división interna. ¿Por qué? El proceso político que antecedió a la jornada electoral de mayo, arroja luces esclarecedoras sobre las raíces históricas de ciertas graves dolencias del partido liberal. En primer término, el peligro y constante juego de las confrontaciones personalistas que desembocan con gran frecuencia en la pugnacidad y el antagonismo entre las máximas figuras del partido.
Como un antídoto o terapia para este evidente mal del partido liberal, surgió una candidatura de convergencia, como la del Dr. Virgilio Barco que, para infortunio del partido liberal y del país, no pudo sobrevivir a las borrascas políticas generadas en la lucha de las personalidades.
"Escogido ya como candidato oficial el expresidente López, no existia otra vía de victoria que la de acoger, respetar y apoyar esta candidatura. No ocurrió así. La aspiración, legítima por cierto, del insurgente y juvenil lider Luis Carlos Galán, dentro del inverosimil juego de las figuras consagradas, se tornó en una fatal e irreversible ambición obstinada y precoz. Y la división, una vez más, definió negativamente la suerte del partido.
Otras circunstanacias y errores coadyudaron a la derrota. Por ejemplo, el fenómeno de la reelección que, en las condiciones colombianas, siempre ha sido prejuzgada por sus aspectos negativos: la permanencia de determinadas ambiciones y la supervivencia de ciertas comparsas, fenómenos inevitables en la política electoral, que llegan a tener efectos de rechazo en la opinión pública.
Es posible señalar ciertos errores no suficientemente evaluados: la publicidad que, en la campaña del candidato liberal, tuvo infortunios y desaciertos mayores, hoy por todos reconocidos.
Estas equivocaciones cobraron mayor importancia ante la circunstancia precisa y concreta de la confrontación de mayo. El partido liberal no sufrió un colapso cardíaco que paralizó su vitalidad y lo dejó inerte. Cayó vencido, debilitado por su propia división pero lo fue ante un infatigable y vigoroso enemigo. Y es esta, quizas, la única circunstancia atenuante de la derrota.

PARDO PARRA: LOS GALANISTAS NO SOMOS RESPONSABLES
Rebelde, después de haber sido un oficialista liberal de tiempo completo, lanzó y dió un respaldo decisivo a Luis Carlos Galán.
Lo que se ha caído no es el partido liberal, sino una clase política que a la gente menor de 45 años no le interesa. Todos los estamentos directivos del partido liberal quedaron desfigurados por un clientelismo que no toma en cuenta las condiciones morales de las personas, sino los votos cautivos de que se disponga. Valga el ejemplo de Holmes Trujillo en el Valle y de Santofimio en el Tolima. Lo que se cayó fue un equipo corrupto que se apoderó del nombre del liberlismo.
Con Barco el partido hubiera salido adelante. Tenía la aceptación del partido y de los Lleras: con él se habría conseguido una mayoría. Lo único que no tenía era la clase política, que hizo en la Convención de Medellín una imposición brutal de su exclusiva voluntad. Por eso no asistimos a la convención.
En realidad, en esta oportunidad no funcionó entre los liberales el miedo por la caída del partido. Creo que medio millón de liberales--muchos de ellos de los nuestros--votaron por Betancur.
Es inexacta la relación directa que hacen entre Galán y Carlos Lleras. La candidatura de Galán la lanzamos Rodrigo Lara y yo sin consultársela a él.
Cuando se lo dijimos, su reacción fue reveladora. "Para listas, sí. Para lo demás, no"
La votación de la costa fue significativa. La gente votó contra el oficialismo, expresó un rechazo contra las maquinarias.
A los que seguimos a Galán no se nos pueden cargar responsabilidades. Si Galán se retira, Belisario hubiera tenido medio millón de votos más a su favor.

LA OPINION DE PIERRE GHILODES
Pierre Ghilodés, profesor de la Fundación Nacional de Ciencias Políticas de París, vino a dictar dos ciclos de conferencias para el Instituto de Altos Estudios para el Desarrollo. Su visita coincidió con las elecciones presidenciales. Observador calificado e informado de la política colombiana, SEMANA le solicitó su opinión sobre el resultado electoral.
El 30 de mayo Colombia eligió un nuevo presidente. Es un derecho que quisieran tener varios países de américa Latina, privados de toda vida democrática. Las condiciones de tranquilidad, de mejor funcionamiento y de sinceridad de dispositivo electoral, son también elementos positivos que se deben apuntar a favor del espiritu civico creciente de los colombianos

LA CAMPAÑA ELECTORAL
Dentro de las limitaciones graves que pone la constitución a la elegibidad de senadores y presidente, pudieron presentarse a los electores cuatro ciudadanos portadores cada uno de un proyecto político distinto.
Campaña larga y probablemente costosa, con un grado creciente de tecnificación en relación con las anteriores.
Ojalá las "fábricas de candidatos" no se apoderen de los partidos hasta vender al electorado un "producto" según técnicas de mercadeo más propias de una crema dental o de un nuevo modelo de carro.
Belisario Betancur, presidente electo, supo dar consistencia a la candidatura nacional que él ideó; candidatura necesaria para un partido conservador que es minoritario en el país. Pero también algo peligrosa para dicho partido con la latencia de la estructuración de una colectividad política diferente. Su campaña respaldada por grupos noconservadores entre los cuales indudablemente ANAPO le dio un cariz distinto, cuajó frente a la puramente partidista de Alfonso López debilitado por la candidatura Galán y a la tibieza por no decir más, de varios jefes liberales. Hábitualmente, frente a masas urbanas de expectativas crecientes, Belisario Betancur supo vestir a Alfonso López del lema impopular del "No se puede". Un jefe liberal de primera importancia considerba además que "con malos gobiernos liberales no se hacen buenas elecciones".

II. LOS RESULTADOS
Indudablemente y aún cuando la participación electoral sigue siendo baja.--votó un colombiano de cada dos en edad de votar-la candidatura Belisario Betancur logró descongelar una parte de los barrios populares --podríamos calificarlos de sentimientos anapistas-que, sumados a los votos conservadores le dieron esta cuantiosa victoria. Este electorado flotante, es el que también había tenido Alfonso López en 1974 y que no pudo recibir en toldas estrictamente partidistas. El electorado popular flotante es muy superior el electorado flotante de capas medias que logró aglutinar Luis Carlos Galán además de parte del llerismo tradicional (otra parte debió votar directamente por Belisario Betancur como ya lo hizo en 1978). El electorado liberal favorable a Alfonso López se movilizó relativamente bien en Bogotá y en departamentos como Cauca y Córdoba; se derrumbó estrepitosamente en el resto de la Costa, en el Valle probablemente por razones que la moral pública, con mucha razón, repudia. Las otras fuerzas, en particular la candidatura de la Izquierda de Gerardo Molina, fueron víctimas tanto de la bipolarización del electorado como de su estilo de campaña demasiado testimonial en el que faltaron algunas propuestas concretas capaces de dar una perspectiva concreta al electorado y talvez de influir sobre los demás candidatos.

III. ¿ Y MAÑANA QUE ?
La victoria de Belisario Betancur va a obligar a las diferentes fuerzas políticas a una nueva alineación. Hay jefes desgastados, apetitos caudillistas, ansias de colaboración y oposición dentro de un liberalismo que necesita remozarse y, si es capaz de ello, volver a encontrarse con el pueblo.
La posición de Luis Carlos Galán no es más fácil. Una buena parte del liberalismo atribuye a su "traición" la pérdida, de la presidencia, cosa que no está demostrada. Cualquier grado de colaboración puede atraerle además la etiqueta no menos infamente de "romanista".
Pensamos que en Colombia no hay un partido conservador sino dos, provisionalmente agrupados detrás de una candidatura que no pertenece a ninguno de los dos. En el estado de gracia inicial presenciaremos una lucha disimulada y no por eso menos feroz, para amarrar firmemente un presidente cuyos votos le van a dar cierto margen de maniobra y que puede tener la tentación de potenciar fuerzas que lo apoyaron a manera de contrapeso.
Son muchas las expectativas creadas. La situación económica general no es halagueña y la fiscal puede llevar a políticos de austeridad ¿Quién las va a pagar? Será más fácil adoptar las medidas de tipo extramonetario: la pacificación por acuerdo, la vuelta a un orden jurídico normal, dar cierta autenticidad a prácticas democráticas. Hay medidas de carácter administrativo o demostrativo que pueden ayudar al fortalecimiento de la participación, democrática. Está claro que no son suficientes ¿Le será permitido al nuevo presidente ir más allá de ellas por las fuerzas políticas y económicas que lo acompañan? Esta situación recuerda en algo la que tocó a fines del 79 al presidente Herrera Campins de Venezuela cuyas ansias de renovación se vieron frustradas por una situación económica mala y la hostilidad de una mayoría de su partido.
Por razones de prudencia no tocaremos aquí el tema de las relaciones internacionales que se están presentando en términos profundamente renovwdos en la América Latina de hoy.
La buena voluntad, la capacidad la constancia del autor de "Colombia cara a cara" no pueden ser puestas en duda. Las presiones que se van a ejercer van a ser de gran peso. Se puede beneficiar del compás de espera que se le va a abrir para tomar medidas rápidas y sorpresivas en los primeros días de gobierno.
Creo que él sabe que el país lo necesita.

HABLA UNA ESTRATEGA BELISARISTA
"¿El triunfo del Movimiento Nacional en Bogotá y su avance espontáneo en las 30 principales ciudades del país constituyen una casualidad electoral u obedece a una brillante estrategia que sólo ahora se inicia?".
Esta reflexión, formulada después de la derrota de Betancur en 1978 por el director de planeación y control de su campaña, Octavio Gallón Restrepo, tiene hoy un alcance profético.
Gallón Restrepo, abogado de la Universidad Javeriana, analista político, especializado en la Sorbona en Economía de la empresa, casado con la abogada y polítologa Merlene Tobón, fue otro personaje clave de la estrategia puesta en marcha.
Según declaró Gallón a SEMANA, hace 4 años se comprobó que el vieje axioma político que dejaba el campo y las veredas a los conservadores y el proletariado urbano al partido liberal, podía modificarse en el sentido inverso.
Los profesionales que participaron en la campaña descubrieron que en el sector macrourbano se han roto las viejas fidelidades partidistas y cacicazgos y que los medios de información tienen una respetable independencia.
Más o menos treinta mil personas trabajaron en la campaña. Figura clave reconocida por los técnicos: Augusto Ramírez Ocampo.
Se fijaron metas concretas. Antioquia debía llegar a 450.000 votos: Bogotá debía aportar 310.000 y así con todas las principales entidades territoriales. Estadígrafos y analistas fueron integrados al movimiento así como expertos en computación.
"El lopismo--dice Gallón Restrepo- debió enfrentarse a estrategias modernas en todos los órdenes, ciencia social, estadísticas, sicologia colectiva, publicidad, encuestas, informática, radio y televisión. El resultado no podía sorprendernos".

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