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| 8/17/1998 12:00:00 AM

DE TRAPO CAIDO

Valencia Cossio muele al jefe del Partido Liberal con las mismas armas que hicieron famoso a Serpa en la defensa de Samper.

El Partido Liberal cumplió 150 años la semana pasada, pero por estos días en sus toldas no hay mucho para celebrar. Según la última encuesta de Gallup, las personas que se consideran liberales pasaron en los últimos años de ser el 38 por ciento de los colombianos al 20 por ciento. Esta era la cifra histórica que tenía el Partido Conservador cuando no era considerado una opción de poder. El único consuelo de todo este Titanic partidista es que los desertores no se han vuelto conservadores sino independientes.
De lo anterior se deduce que en Colombia ya no hay partidos mayoritarios sino simplemente dos minorías. Las consecuencias de esta nueva realidad política se midieron la semana pasada en la elección del nuevo presidente del Senado. Fabio Valencia Cossio, el gran elector de Andrés Pastrana, derrotó a Horacio Serpa, el jefe único del liberalismo. Lo que estaba de por medio era mucho más que un puesto. Se trataba de un pulso para medir dos cosas que serán fundamentales los próximos cuatro años: por un lado, la capacidad de convocatoria de un presidente sin mayoría en el Congreso. Y, por el otro, la capacidad del jefe del Partido Liberal, con mayor votación en toda la historia, para mantener firmes a sus filas sin puestos. Ganó el primero y perdió el segundo. Las tropas liberales dejaron a su general colgado de la brocha y a nombre de la unidad nacional se subieron al bus de la victoria pastranista.
El beso de Judas lo dio el bloque costeño. Paradójicamente fue en esta zona donde Horacio Serpa obtuvo la mayor votación del país, con más de tres millones de sufragios en los ocho departamentos de la región. La Costa cuenta con 21 senadores, que representan el 20 por ciento de esa corporación. Ese bloque ha sido considerado históricamente el principal pilar de apoyo del Partido Liberal. Que se volviera lentejo, aunque sorprendió, no es muy difícil de entender. Obedece simplemente al hecho de que el Estado es el mayor empleador del país y en la Costa lo es mucho más. Sin puestos es prácticamente imposible hacer política en esa región. Para el bloque, Serpa fue muy importante mientras era el dispensador de los puestos. Ahora el dispensador es otro. Algunos conocedores de los intríngulis burocráticos afirman que la rendición del bloque costeño no se basó siquiera en una expectativa de nuevos puestos sino en la simple conservación de los que ya tienen.
Fabio Valencia Cossio no solamente está muy cercano al nuevo dispensador de puestos sino que es el jefe político directo del dueño del presupuesto nacional: Juan Camilo Restrepo. El respetado próximo ministro de Hacienda le debe su carrera parlamentaria al gran jefe conservador de Antioquia, quien en 1994 lo metió a físico bolígrafo en su lista para el Senado. De la mano de Valencia Cossio impulsó una precandidatura conservadora que obtuvo el 40 por ciento de los votos de la convención de ese partido y que posicionó a Juan Camilo como precandidato conservador para 2002.
Tener a Valencia Cossio despachando burocracia y presupuesto y a Horacio Serpa con las manos vacías ha producido situaciones inesperadas e incluso cómicas. Parece increíble que Serpa se rasgue las vestiduras criticando la compra de apoyos parlamentarios a punta de puestos o hablando de lentejismo. Al fin y al cabo en la historia reciente del país no se había visto mayor habilidad que la suya para utilizar la burocracia estatal en la compra del Congreso y en la atracción de lentejos. En buena parte por cuenta de esto Ernesto Samper obtuvo los 111 votos que le dieron su absolución en la Cámara y que hoy tienen en el banquillo a esos parlamentarios. Gracias a esa práctica Serpa logró 'ferrocarrilear' los más importantes proyectos de ley de la administración Samper. Por muchos años la relación entre gobierno y Congreso se ha manejado así. Esto no es ni bueno ni malo, ni tiene nada de nuevo. Lo que llama la atención es ver a Serpa indignado por ver su sartén en otras manos. Como el mismo diría. "Un burro hablando de orejas".
Horacio Serpa puede verse hoy contra las cuerdas pero está muy lejos de estar noqueado. Después de perder este asalto a manos de Valencia Cossio va a presentar su renuncia en la próxima convención liberal, la cual ya no será en agosto. Los convencionistas seguramente no se la aceptarán, pues aunque no les gusta la oposición que plantea Serpa no existe dentro del partido otro líder de su talla. Serpa, sin embargo, no está cañando. Es un hombre con dignidad política y considera que cuando a uno lo derrotan, lo derrotaron. Sin embargo no es seguro que esta batalla perdida le haga daño a largo plazo. Cuando una persona ha tenido una vez 5.600.000 votos se puede dar el lujo de pasar al asfalto. En esta forma Serpa mantendría su independencia y sus lugartenientes su poder electoral a través de las cuotas burocráticas. En Colombia muchas veces se ha recurrido a esta división creadora para unir las dos partes de la tenaza en el momento de las elecciones. El último candidato derrotado que utilizó esta estrategia se llama Andrés Pastrana y el primer lentejo que lo abandonó en 1994, cuando se lanzó a la oposición, después de su derrota, se llamaba Fabio Valencia Cossio.
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