Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/03/15 00:00

¿De verdad cree que la vida es un ratico?

Juanes le responde a María Isabel Rueda.

Empujado por la genialidad de Julio Sánchez y la audacia de Fernán Martínez –¡qué mezcla más peligrosa!– surgió esta locura del concierto por la paz

Me daba contra las paredes porque la semana más movida y más delicada de hace muchos años en Colombia me hubiera cogido por fuera del país. Pero el destino me deparaba una sorpresa: no sólo asistir al apoteósico concierto de Juanes en el Madison Square Garden de Nueva York, cosa que no estaba entre mis planes sino que sucedió casualmente por la invitación de un amigo; y al otro día, por otra casualidad, almorzar en la misma mesa, a su lado, en un frecuentado restaurante del Village.  Estaba dichoso con su apoteosis de la noche anterior en su primera parada de la gira musical 'La vida, tour 2008', que acaba de emprender por Estados Unidos, y que decidió interrumpir para cumplir esa histórica cita musical en la frontera con Venezuela que en buen momento se inventó.

Durante el almuerzo, ocurrió lo que ahora le pasa a Juanes en casi todos los países del mundo: desde otras muchas mesas lo observaban personas de otras nacionalidades -su música pasa por las emisoras de 77 países del mundo- preguntándose: ¿Será, o no será?

Pues sí era. Y estaba a mi lado. Y conversábamos. Y yo no tenía grabadora. Así que agarré cuatro servilletas y le hice las preguntas que me permitió un cierto pudor contrario a la osadía que debe tener un periodista ante una oportunidad como estas, primero porque odio quedar como una lagarta, y segundo, para no tirármele a Juanes el almuerzo.

Aquí, desentrañando lo escrito en las servilletas, no puedo evitar la reflexión: ¿Por qué no le pregunté esto? ¿Por qué no le pregunté lo otro? En fin. Lo hecho, hecho está. Sí les puedo decir que confirmé en persona el embrujo que tienen los ojos de Juanes. Su mirada es melancólica, profunda e indescifrable. Por dentro de esos ojos pasan cosas que no entendemos. Pero, sobre todo, confirmé que es cierta la fama de sus extraordinarias queridura y sencillez. Juanes no sólo es un buen cantante, un buen compositor y un buen guitarrista. Antes que todo eso, es una buena persona.

M.I.R.: ¿Creyó que iba a llenar el Madison Square Garden?
J: Soy un hombre extremadamente tímido. Iba al escenario con la cabeza baja, hasta que alguien de mi grupo me dio un codazo: ¡hombre, levantá la cabeza que aquí no cabe ni una sola persona más! Yo, sin embargo, entré con los ojos cerrados. Veía a mi papá. Sentía que estaba ahí en parte para cobrar su ausencia (murió de cáncer hace un tiempo). Debo confesar que cuando los abrí, se me quebró la voz. Sentí que toda esa gente estaba reivindicando mi ocupación como músico.

M.I.R.: ¿Y es cierto que en un momento dado se le olvidó hasta la letra de una canción? ¿Qué hizo?
J: Es cierto. Me tocó improvisar.

M.I.R.: ¿De dónde salió la idea del concierto sin fronteras? La inspiración tuvo que venirle esa noche en el concierto, cuando les hizo un saludo a los latinos de todas las nacionalidades y el estadio casi se viene abajo…
J:
Al igual que las letras de las canciones, que me inspira el corazón, esa noche el corazón me dictó el saludo al público. Dije que como colombiano extendía mi mano derecha para saludar a los hermanos ecuatorianos, la izquierda para saludar a los venezolanos. Y a los mexicanos, a los dominicanos, a los cubanos…

M.I.R.: Y añadió, lo recuerdo: sólo nosotros podemos consolidar una sola bandera: ¡la de la paz, muchachos!
J:
Es lo que yo creo. Esa noche nos fuimos con mi mánager, Fernán Martínez, y mi amigo Julio Sánchez Cristo a celebrar el resultado del concierto. Yo estaba muy afligido por la situación que venía enfrentando a Colombia con sus vecinos. Todavía esa noche las cosas se veían muy graves. No había ocurrido la cumbre de Santo Domingo. El presidente Chávez había enviado sus tanques a la frontera con Colombia. No podía quedarme con los brazos cruzados. Durante esa velada surgió la idea, con ayuda de la genialidad de Julio y la audacia de Fernán. ¡Qué mezcla tan peligrosa! Así craneamos esta locura. ¡Un concierto de talla internacional armado en menos de una semana para llevarlo a la frontera entre Colombia y Venezuela! ¿Puede haber un mensaje más contundente para la paz y la fraternidad entre países hermanos? Aunque le confieso que no sé cómo lo vamos a hacer ni cómo va a salir. Estoy atortolado. ¿Usted cómo lo ve, Mária? ¿Le parece una locura?

M.I.R.: La vida está llena de locuras. El día en que dejemos de hacerlas es porque ya no queremos vivir más o porque estamos muertos. O peor aun, porque dejamos de soñar. ¿Es verdad, como creo, que usted es uno de los artistas colombianos que a pesar de haber conquistado la fama internacional, jamás se ha desconectado de los acontecimientos de nuestro país y que los sigue día a día?
J: Eso es cierto. Vivo pendiente de ellos. Inspiran mis canciones. Me dictan palabras que me vienen del corazón. Me han comprometido en mi campaña contra las minas antipersona y en la Fundación Mi Sangre, que atiende los mutilados de las minas. Leo prensa, revistas, veo televisión y oigo radio. Jamás las ocupaciones de mi vida profesional me impedirán seguir de cerca lo que todos los días pasa en Colombia y contribuir en lo que pueda para que algún día podamos salir de esta guerra y caminar tranquilos por las calles y los campos de nuestro país.

M.I.R.: ¿Usted cree que a la gente le gusta que las letras de las canciones tengan un sentido social y político, o que prefieren canciones que hablen de sentimientos?
J: Es que en mi caso, las dos cosas son inevitables. Mi música está dictada por los sentimientos de todo tipo. Amor, dolor, angustia, violencia: transmitir todo eso es mi fórmula para componer. Cada una de mis canciones surge de uno de esos sentimientos.

M.I.R.: Sin embargo, sus canciones no son pesimistas. Están llenas de optimismo, incluidas las que tienen ese contenido social…
J: En el álbum Mi Sangre eso está muy bien expresado. Porque muchas de sus canciones son una mezcla entre la violencia y la esperanza. Transmito angustia, pero nunca depresión. Al contrario, si es que eso es optimismo, lo que intento transmitir es una invocación a la vida. Amo este país de una manera visceral y el día en que no pueda expresar ese amor en mis canciones, me retiro.

M.I.R.: Shakira parece más desentendida de ese compromiso. Usted estaba de gira y la interrumpió. Ella estaba de vacaciones en Argentina y por alguna razón no hizo lo mismo. Admito que no soy especial fan de Shakira, y acepto con humildad mi aplastante minoría. No tengo ni un solo disco de ella. Me aburren sus 'gallitos'.Y he llegado a creer -es una opinión personal- que esa fundación de los Pies descalzos la tiene más para cumplir el compromiso de los artistas con las causas sociales y altruistas que les ayuda a mejorar su imagen, que porque realmente esté involucrada con el difícil momento de Colombia. Al contrario de su caso, a ella la veo muy distante. No sé si el país entenderá su ausencia de este concierto. Le advierto que no le toca responder la anterior impresión que -repito- es muy personal. Pero ¿es cierto que entre usted y ella hay rivalidades musicales?
J: Para nada. Valoro mucho el camino de los artistas colombianos y el camino de nuestra música. En eso, ella y yo venimos del mismo lugar y hemos recorrido una vía que indudablemente abrió Carlos Vives, aunque tengamos una concepción diferente de la música. Ambas son válidas. Enfrentamiento no hay ninguno y nunca lo habrá.

M.I.R.: ¿Cree que el concierto sin fronteras pueda acercar a Uribe, a Chávez y a Correa?
J:
Sólo sé que iré a cantar por las mismas razones por las que los colombianos salieron a marchar no en una, sino en dos oportunidades. Porque no queremos más guerra ni más violencia. Creo que con la música, y ese mensaje me lo entendieron muy bien los amigos que me acompañarán en el concierto, vamos a demostrar que las fronteras entre países hermanos no se cierran a la fuerza. La música está por encima de esas diferencias políticas entre mandatarios. Este no pretende ser un acto político, sino un acto de fe por la cordialidad y la hermandad entre naciones.

M.I.R.: Algunos no han entendido su compromiso con la situación del país, y lo consideran demasiado político. Incluso hay quienes lo han 'acusado' de ser uribista
J: Mire: yo tengo un gran interés personal en los problemas del país. No soy para nada ajeno a los problemas que traen las drogas, el desempleo, la falta de oportunidades de educación. Y creo que la ciudadanía juega un papel muy importante en la situación del país para informarle al mundo qué es lo que nos interesa y nos importa a los colombianos, tal y como lo demostraron en las marchas. En particular, yo no quiero casarme con ningún extremo político: si lo hiciera con uno, lo haría con el extremo centro. Pero sí creo que históricamente, Álvaro Uribe era en este momento el Presidente para Colombia.

M.I.R.: ¿Por qué no canta en inglés? ¿Es sólo terquedad lo que lo lleva a cantar solamente en español?
J: En mi carrera, la clave para haberme vuelto internacional es ser muy local. Soy lo que soy. En la música que compongo y que canto encontré mi dignidad, y canto en homenaje a las cosas que tengo. Mi país, mis hijas, mi esposa, mi madre. Soy Juan Esteban Aristizábal Vásquez, de Carolina del Príncipe, Antioquia. Y soy lo que soy.

M.I.R.: ¿Se imaginó que iba a conocer la gloria?
J: Desde los 15 años lo único que me interesaba era la música y, con ella, el inevitable deseo de viajar de Medellín a Bogotá para arrancar esa carrera musical.

M.I.R.: Alguna vez le preguntaron si prefería Medellín o Miami…
J: Y respondí, desde luego, que Medellín, aunque le tengo mucho cariño a Miami.

M.I.R.: Ya no se pueden contar con los dedos de las manos los premios que ha ganado. ¿Le gusta que lo premien?
J: ¿A quién no le gusta que le reconozcan su trabajo? En mi caso, el premiado no he sido solamente yo, sino todo mi equipo. Pero siempre he pensado que con los premios hay que guardar una distancia. Uno no canta para que lo premien sino para transmitirle al público música que sale del corazón y del alma. Si de paso aparece el premio, perfecto.

M.I.R.: ¿Qué es más Juanes: cantante, compositor o guitarrista?
J: Yo soy un músico empírico. Compongo, como se lo expliqué antes, a partir de los dictámenes del corazón. El corazón es el lenguaje de la música. Me inspiran la tristeza, la melancolía, mi familia, la paz y los desastres de la guerra. Esas cosas son las que componen las palabras de mis canciones. Las melodías las improviso. Por lo general compongo en los aeropuertos, en los hoteles, hasta en los buses. ¿Que si soy mejor cantante o mejor guitarrista? Le respondo: El canto lo disfruto más. Es espiritual. Es el instrumento que tengo en la garganta. La guitarra es una técnica.

M.I.R.: Una de sus canciones más importantes es 'La camisa negra'. Puso a todos los países del mundo, hasta al Parlamento Europeo, a cantar al son de una melodía cuya letra no comprenden. Hasta lo acusaron de que esa canción era fascista, por lo de la camisa negra…
J: La compuse como una forma de burlarme del dolor.

M.I.R.: ¿Está consciente de lo sexy que es?
J: Qué va. Si lo soy, todavía no soy consciente. Pero ya no creo que lo sea nunca, porque ese no es mi papel.

M.I.R.: ¿Por qué todos esos tatuajes que lleva en el cuerpo?
J: Los considero trabajos corporales ornamentales. Representan distintas etapas de mi vida. Cierres de ciclos, rebeldía… Tengo cuatro.

M.I.R.: ¿Y vienen más?
J: No lo sé. Pero confieso que es una especie de adicción.

M.I.R.: Es la única pregunta personal que voy a hacerle sobre su matrimonio: ¿están bien las cosas con su esposa Karen? Su rompimiento temporal nos partió el corazón a los colombianos…
J: Las cosas con Karen están mejor que nunca. Es la mujer de mi vida. Mi alma gemela. No estaría en este lugar si no fuera por ella.

M.I.R.: ¿Quiénes lo han inspirado musicalmente?
J: ¡Tantos! Pero le menciono a Lennon, a los Rolling Stones y a Metallica.

M.I.R.: Alguna vez leí que usted tiene una hermana muy enferma, y que ni siquiera los compromisos de su carrera evitan que cumpla rigurosamente un turno cada tanto tiempo para cuidarla…
J: Sí. Somos seis hermanos y mi mamá. En el centro está mi hermana. Está en coma hace 15 años. Todos los hermanos vivimos súper pendientes de ella. Nunca está sola. Ningún compromiso profesional es lo suficientemente importante para que no la acompañe cada tanto tiempo.

M.I.R.: Me encanta no sólo la música, sino el título de su último álbum: 'La vida es un ratico'. ¿De verdad cree que es un ratico?
J: Ante todo, la vida es un concepto. Y cuando se aclara, es que uno ha madurado.

Me da pena hacerle más preguntas. Trajeron el almuerzo. Pero he sacado algo en claro: Juanes se llama así no sólo porque así le decían de pequeño, uniendo su primer nombre con el comienzo del segundo. Se llama Juanes ¡porque es mucho Juan!

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