Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2002/09/02 00:00

¿De vuelta al caos?

La batalla por el espacio público no está ganada. Las invasiones a los andenes y alamedas pululan por doquier.

El concejal independiente Juan Carlos Flórez ha expresado críticas en contra de la Defensoría de Espacio Público de Bogotá. Diana Beltrán, cabeza de esta entidad, resalta la recuperación de 500.000 metros cuadrados de andenes en esta administración

Uno de los mayores logros de la transformación urbana de Bogotá es la recuperación del espacio público. En el último lustro se construyeron más de 600.000 metros cuadrados de andenes y sólo en el último año la ciudad ha ganado 500.000 metros cuadrados más. Sin embargo estas áreas recuperadas corren hoy el riesgo de perderse. Casetas en los andenes, vehículos estacionados en las ciclorrutas y hasta edificaciones en la mitad de una alameda muestran que el respeto por el espacio sigue siendo una dura batalla.

¿Ha perdido la administración el ritmo en este tema? Lo cierto es que la protección del espacio público es una tarea difícil de cumplir si no se cuenta con los recursos suficientes y con la agilidad en los trámites. Por ejemplo, de los 250 policías especializados la Defensoría del Espacio Público conque contaba en la administración anterior hoy quedan 120.

Por otro lado, las normas actuales no ayudan al Distrito a solucionar con más rapidez los procesos de restitución de andenes y ciclorrutas. El concejal Juan Carlos Flórez, uno de los más fuertes críticos de la gestión de la Defensoría, afirma que la responsabilidad "pasa de una entidad a otra en un carrusel de oficios escritos que van de los despachos de las alcaldías locales a las oficinas jurídicas y de allí regresan en un trámite interminable".

A esto se suma toda una serie de procedimientos que alargan la recuperación de las vías invadidas. A la denuncia formal le sigue una inspección ocular del alcalde local y solicitud de pruebas a la Defensoría. Además existe una segunda instancia que permite al demandado un recurso de apelación. Sin embargo, la existencia de la Defensoría ha reducido el promedio de duración de los procesos de 10 años a nueve meses.

Así, tramitomanía e ineficiencia se combinan con una ciudadanía que ni siquiera a las malas ha aprendido a respetar y a hacer respetar sus nuevos andenes, vías peatonales, alamedas, plazas y puentes. Para Diana Margarita Beltrán, defensora del Espacio Público, las denuncias de Flórez, sustentadas con fotos y cartas, son ciertas. "Tenemos algunas dificultades legales y falta fortalecer a las alcaldías locales. Sin embargo lo que se ha hecho en recuperación de espacio público en tres años no se había hecho en 50 años".

Beltrán reconoce que hay mucho por hacer y dentro de sus prioridades se encuentra la modificación de la normatividad del Código Nacional de Policía, que dispone la segunda instancia. No obstante Flórez es enfático: "Se está diluyendo el trabajo de recuperación de andenes que se venía realizando en la administración anterior".

Esto es grave ya que el espacio público es un componente fundamental del modelo urbano que Bogotá ha estado desarrollando en las últimas tres administraciones. Una gran inversión en infraestructura y pedagogía fue necesaria para que los habitantes de la capital entendieran que los automóviles no se podían estacionar en las aceras y que las alamedas, parques y vías peatonales eran espacios de encuentro para la gente.

Pero estos logros son frágiles y sin un respaldo amplio de la ciudadanía a la defensa del espacio público y al cumplimiento voluntario de las normas la ciudad podría regresar al caos de hace algunos años.

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