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| 9/17/2001 12:00:00 AM

Demanda temeraria

Nicaragua pretende desconocer los derechos de Colombia en el mar Caribe. Pero casi con certeza su aspiración no prosperará.

De nuevo Nicaragua protagoniza un pleito internacional. A la larga lista de litigios que salpican la historia de las relaciones de ese país centroamericano con sus vecinos se añade la demanda contra Colombia, presentada ante la Corte Internacional de La Haya por el gobierno saliente de Arnoldo Alemán. Managua busca en el litigio que se le “reconozca más de 50.000 kilómetros cuadrados de aguas territoriales en el mar Caribe, incluyendo al archipiélago de San Andrés que incluye la isla de Providencia, y también los cayos Roncador, Quitasueño y Serrana”.

La Cancillería colombiana contestó el mismo día con un comunicado en el que reafirmó la validez de los títulos colombianos sobre las áreas reclamadas por Nicaragua y se declaró preparada para enfrentar el largo litigio que se avecina. Al fin y al cabo, como dijo el experto Alvaro Tirado Mejía, “Colombia es el país que más ha adelantado sus títulos en el mar Caribe: es un visionario”.

Aunque aún no se conocen en detalle los argumentos de los nicaragüenses, éstos se refieren en general al hecho de que, según ellos, el tratado que concretó los límites de los dos países no es válido porque se firmó en 1928 bajo presión de Estados Unidos, cuyos marines ocupaban el país.

Ese argumento, sin embargo, es bastante débil. Como dijo a SEMANA un experto en derecho internacional, “los nicaragüenses olvidan varias cosas: una, que fue el mismo gobierno de su país el que pidió la presencia de los militares gringos. Dos, que a pesar de ella las instituciones nicaragüenses eran universalmente reconocidas como legítimas y funcionaban normalmente. Y tres, que en esa misma época firmaron gran cantidad de tratados, entre otros el mismísimo reconocimiento de la Corte de La Haya ”.

La posición nicaragüense también se estrella con el principio de la intangibilidad de los tratados internacionales, que ha sido siempre respetado por Colombia y que es la base del orden jurídico internacional. Según el mismo experto, “ni siquiera los tratados de límites firmados después de guerras pueden ser desconocidos unilateralmente. De lo contrario, ¿qué tal México reclamando ahora a Texas o a California? ¿O el caso de Perú y Chile, o las mismas fronteras de Europa? Ese principio es la llave de la coexistencia pacífica de los Estados”.

El origen de todo

Otra equivocación es creer que los títulos de Colombia nacieron en 1928. Lo cierto es que vienen de una real orden de la Corona española otorgada en 1803, por la cual quedaron bajo la jurisdicción del Virreinato de la Nueva Granada no solamente el archipiélago de San Andrés y Providencia, sino las islas Mangle o del Maíz y lo que es más, la costa Mosquitia, que es nada menos que el costado de Nicaragua que da contra el mar Caribe.

Esa era la situación cuando se produjo la independencia de las colonias españolas. Como sucede en todo Latinoamérica, a excepción de Brasil, los nuevos Estados aceptaron la doctrina del Uti Possidetis Juris de 1810, por la cual los territorios de cada jurisdicción corresponderían a las divisiones administrativas de la colonia vigentes en ese año.

Lo interesante es que mientras Colombia hizo presencia y desarrolló actos de soberanía en San Andrés y Providencia desde entonces, Nicaragua jamás tuvo ningún tipo de injerencia en las islas, ni por vía de la migración, ni del comercio, la navegación o ninguna otra. En derecho internacional el ejercicio público, continuo y pacífico de la soberanía es un título suficiente, aun en ausencia de tratados, por lo cual la situación de Colombia en el área resultaba incontestable.

De ese modo Nicaragua jamás puso en tela de juicio los títulos de Colombia hasta 1917.

Fue sólo entonces, en medio de unos controvertidos esfuerzos nicaragüenses por asegurar que Estados Unidos construyera por su territorio una ruta interoceánica alternativa a Panamá, cuando surgió por primera vez el tema de la delimitación con Colombia lo que, tras largos años de negociaciones, condujo al tratado Esguerra-Bárcenas de 1928.

En éste las partes llegaron a un acuerdo que comportaba cesiones importantes de ambos lados: por el colombiano, el país dejó en manos de Nicaragua la costa Mosquitia y las islas Mangle o del Maíz, mientras Nicaragua cedió sus pretensiones sobre el archipiélago de San Andrés. Pero en este punto hay un aspecto clave: mientras Colombia había reclamado desde siempre su soberanía sobre la Mosquitia Nicaragua nunca había hecho ningún tipo de manifestaciones acerca de San Andrés.

En ese punto es lógico preguntarse qué llevó a que la delimitación con Colombia se volviera tan importante para los nicaragüenses. El asunto surgió recién en 1980, cuando el gobierno sandinista estrenaba su triunfo sobre el régimen de Anastasio Somoza. En medio del entusiasmo de la victoria armada los sandinistas convocaron en una forma poco ortodoxa al cuerpo diplomático para notificarle que el tratado Esguerra-Bárcenas era inválido por la tesis inédita de haber sido firmado bajo presión de Estados Unidos. Según la retórica revolucionaria Nicaragua sólo era verdaderamente independiente y autónoma desde el triunfo sandinista.

Gracias a una agresiva campaña publicitaria los sandinistas lograron calar en la opinión pública, que se apropió del tema a tal punto que, como dijo a SEMANA el director del diario La Prensa, Jaime Chamorro, “es una causa que goza de gran popularidad y muchos ven la posición colombiana como un absurdo”. De ahí que hoy en día el reclamo contra Colombia sea prácticamente la única herencia vigente del régimen sandinista. Un legado tan fuerte que un gobierno tan contrario como el de Alemán —y el de su sucesor Enrique Bolaños, quien fue consultado—, se ve abocado a iniciar un litigio que, casi con toda seguridad, saldrá perdiendo.
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