Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/19/2004 12:00:00 AM

Demasiado Estados Unidos

Colombia ha decidido alinearse incondicionalmente con Estados Unidos, una política exterior que trae menos beneficios de los que se publicitan y fragmenta las relaciones con Europa y los países vecinos.

La política exterior continuó siendo en 2004 un instrumento de la estrategia de seguridad. Para concretar apoyos al respecto, el gobierno de Álvaro Uribe ha desplegado una activa diplomacia que ha dado frutos, algunos sobredimensionados en su alcance y otros subestimados en los riesgos que conllevan.

El primer logro, Bush en Cartagena declarando ante las cámaras: "Uribe es mi amigo", avalando la política de seguridad democrática y comprometiéndose con la continuidad del Plan Colombia. Los montos dependerán de los costos de la guerra en Irak y el déficit fiscal estadounidense. Continuará el énfasis militar de la ayuda estadounidense pues el aporte social del Plan, además de ser precario se ha ido desmontando y además porque se han usado los desembolsos para presionar decisiones colombianas, por ejemplo, sobre la extradición de paramilitares y guerrilleros. El éxito que representa la renovación del apoyo de Estados Unidos está atado, sin embargo, a la adhesión de Colombia a las cruzadas globales antidrogas y antiterroristas, que alivian algunos síntomas pero agravan la enfermedad y, aunque permiten ganar ciertas batallas, pueden conducir a la derrota final.

En el caso colombiano, si bien tales cruzadas tienen que ver con dimensiones de la confrontación, no la agotan, y atarse a ellas impide buscar vías de solución más acordes con la problemática nacional.

Creer que, como Estados Unidos es el único que puede ayudar a enfrentar la amenaza armada interna, hay que subordinarse a sus prioridades, lleva a olvidar que Colombia también tiene divergencias con ese país y que, de ordinario, cuando Washington sabe de antemano que cuenta con el apoyo de una nación, no se preocupa por tomarla en cuenta. Lleva a olvidar además que, en materia de seguridad, Estados Unidos no tiene amigos y no duda en eludir acuerdos binacionales y entorpecer compromisos multilaterales, y que en materia económica tiene intereses, no socios. Por esta razón poco cuenta el que el gobierno de Uribe quiera unir el tema de seguridad con las negociaciones comerciales. El 2005 podría comenzar con un TLC hecho a la medida estadounidense en el que Colombia haya tenido que ceder en aspectos sustanciales para mantener apenas las preferencias que hoy se tienen.

Europa subestimada

Europa ha sido más parca ante la petición de Uribe de ayuda integral. Así los logros puntuales hayan sido a veces sobrestimados desde Bogotá. No así las exigencias -derechos humanos, separación de paramilitares y negociación política- que condicionan cualquier apoyo europeo. La declaración de Londres, por ejemplo, fue presentada como un apoyo al gobierno, pero éste dependía de la aplicación de recomendaciones de Naciones Unidas que en 2004 mes tras mes fueron reiteradas.

En enero, en visita a Bogotá, el comisario europeo renovó esos requerimientos, demanda que fue rechazada por el Vicepresidente como una actitud neocolonial. En febrero, en la visita de Uribe a Europa, distintas instancias comunitarias y no gubernamentales le manifestaron además su rechazo al estatuto antiterrorista, al proyecto de alternatividad penal y a las acusaciones de Uribe contra las ONG de derechos humanos. Sólo se concretaron apoyos para guardabosques y reinserción de niños combatientes. Francia reiteró su disposición para acoger guerrilleros liberados en un eventual intercambio humanitario y Suiza se ofreció a contribuir en los diálogos al respecto. En abril hubo un pequeño logro gubernamental: la Unión Europea declaró al ELN como terrorista luego del secuestro de cinco europeos. En julio, las delegaciones europeas en Colombia acordaron no asistir a la instalación de la mesa de Ralito, condicionaron su apoyo a procesos de verdad, justicia y reparación, y a la verificación de la desmovilización paramilitar que hace la OEA. Entre tanto se concretaron apoyos policiales y de inteligencia con Europol para compartir información en la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, el lavado de dinero y la trata de blancas. En cambio, la solicitud de ayuda militar, rechazada por entes comunitarios, sólo consiguió el renovado aval de Inglaterra pues el nuevo gobierno español rechazó los acuerdos de su antecesor de venta de equipos. En suma, el mayor apoyo europeo se ha dirigido a la oficina de derechos humanos de la ONU, los laboratorios de paz y los programas humanitarios desarrollados por ONG. La prórroga de las preferencias arancelarias ha sido demandada por la India y la cuarta mesa de donantes se anunció de nuevo para 2005.

La predisposición colombiana a medir la participación europea en comparación con la de Estados Unidos limita la comprensión del sentido que podría tener su apoyo. Es verdad que la Unión Europea, absorta en su ampliación y en los problemas de sus vecinos, y dividida ante Estados Unidos, sigue muy cautelosa frente a una situación tan confusa como la colombiana, que no reviste además, para ella, un lugar prioritario. Pero también es cierto que en Colombia poco se entiende su compleja construcción institucional y se subestima el sentido de su apoyo en la conformación de regímenes internacionales que regulen asuntos globales a los que están muy ligadas dimensiones de la confrontación colombiana.

Vecinos más amigos

Luego de al menos dos reuniones, en 2004, con cada gobernante de los países con los que Colombia tiene fronteras terrestres, Uribe ha podido concretar algunos acuerdos de seguridad e integración. Con Perú y con el anterior gobierno de Panamá se lograron gracias a una convergencia ideológica en la lucha contra el terrorismo. Tras el ingreso de Panamá al Grupo de los Tres se han dado pasos con el nuevo gobierno en el estudio de alternativas de conexión física y energética; y con su anuencia, la de México y los centroamericanos se avanza en la incorporación de Colombia al Plan Puebla-Panamá. También se han realizado acercamientos exitosos con los presidentes de Ecuador y Brasil. Con el primero, para mitigar problemas en las fronteras y el desbalance comercial entre las dos naciones y con el segundo, para lograr el acuerdo entre la Comunidad Andina y Mercosur, y algunos proyectos de integración física suramericana.

Con Venezuela las tensiones coparon varios meses de 2004. Primero, algunos senadores colombianos pidieron a la OEA que aplicara la Carta Democrática contra Chávez y los venezolanos los confrontaron. Después vinieron las gestiones de ambos países para la compra de armamento, en el marco de renovadas hipótesis de conflicto, de denuncias de militares colombianos de ayuda venezolana a las guerrillas y de reclamos de Venezuela por la incapacidad colombiana para controlar sus fronteras. Un poco más tarde se produjo la detención de un centenar de presuntos paramilitares colombianos que dio pie a la acusación de Chávez de una conspiración contra su gobierno y de una invasión a su país. Las tensiones comenzaron a ceder gracias a la rápida reacción de Uribe para clarificar los hechos y a su visita simbólica, días antes del referendo revocatorio al Zulia en donde anunció que desistía de la compra de tanques. El acercamiento se selló con la presencia en Cartagena de un Chávez distinto al que, en el pasado, equiparaba a guerrillas y gobierno colombiano. El repunte del comercio ayudó a que los presidentes les apostaran a megaproyectos conjuntos como el gaseoducto y la conexión energética con Panamá y al poliducto de Venezuela hacia el Pacífico y Asia. De cuajar esa perspectiva, Venezuela y Colombia podrían convertirse en socios estratégicos dispuestos a superar la histórica desconfianza por diferendos limítrofes, el traslado de las divergencias ideológicas intergubernamentales a las fronteras, la mutua incomprensión y recriminación por los efectos de sus situaciones internas. No obstante, para consolidar ese entendimiento es necesario el funcionamiento permanente de las comisiones de vecindad y de la comisión militar binacional y fronteriza, que aún siguen paralizadas.

En los países vecinos persisten, sin embargo, muchos rechazos a los acuerdos entre sus gobiernos y el de Colombia y a las consecuencias de la presencia estadounidense en el país, que fracciona la región e impone sus prioridades. Atender estos reclamos exige complementar los acuerdos de seguridad que han aumentado la presencia militar en las fronteras con desarrollo e integración transfronteriza, mirar los problemas de seguridad no sólo desde una perspectiva colombo estadounidense y no desconocer las encrucijadas que enfrentan los vecinos ni sus opciones políticas distintas.

El futuro de Colombia está cada vez más articulado a asuntos globales. Esta realidad demanda que el necesario activismo presidencial fomente la coordinación de toda la política exterior de Colombia más que su fragmentación y desinstitucionalización. Así mismo requiere que la diplomacia sea un instrumento de inserción internacional basado en méritos, experiencia y conocimiento, y no un mecanismo de politiquería interna. Ahí el gobierno de Uribe tiene un compromiso pendiente que también debería generar un afán por resultados.

*Profesora del Iepri, Universidad Nacional
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.