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| 1/27/1986 12:00:00 AM

DEPORTES

Muchas noticias y casi todas buenas. Con estas palabras se podría resumir el año deportivo de Colombia, sin duda uno de los más exitosos en toda la historia del país. Mientras se sumaban a diario los puntos negros en los demás terrenos de la actualidad, con problemas de orden público, crisis económica y catástrofes naturales, el deporte se las arregló siempre para sacar la cara y producir los únicos hechos positivos.
1985 pasará a la historia como un año de campeones, de ganadores y de revelaciones: los ciclistas adueñándose de las carreteras europeas, los futbolistas juveniles conquistando estadios en Paraguay, México y la Unión Soviética, un menudo pegador costeño reviviendo las épocas más gloriosas del boxeo nacional, y una serie de triunfos en campos con poca tradición en el país, como la lucha, las carreras de categoría senior master y las competencias de minusválidos.
El ciclismo fue, por encima de todos los demás deportes, el rey del 85. Si durante los dos años anteriores, los pedalistas colombianos se habían mostrado en Europa como interesantes novedades, este año lograron consagrarse, no sólo porque demostraron ser los mejores escaladores del mundo, sino porque dejaron en claro que habían progresado en los terrenos donde parecían menos temibles: el plano y las competencias contra el reloj.
Como si fuera poco, los destacados no fueron unas pocas estrellas, sino toda una constelación, en la cual no es fácil definir quién brilló más. Fabio Parra, mejor neoprofesional en las dos carreras más importantes del calendario ciclístico mundial: la Vuelta a Francia y la Vuelta a España. Luis Herrera, rey de montaña en Francia, una posición a la que sólo han llegado los más grandes. Pacho Rodríguez, tercero en España a pocos segundos del ganador y uno de los pedalistas profesionales con más futuro en estos momentos. Y Martín Ramírez, campeón de la Vuelta del Porvenir en Francia,quien confirmó así las dotes que había revelado en el Dauphiné Liberé de 1984.
Entre ellos, ¿quién fue el mejor? La discusión es larga, pero es posible que al final haya que reconocer que Parra les ganó por una cabeza, pues estuvo literalmente en todas, a diferencia de los demás. Herrera fue rey en Francia, pero claudicó en España; Rodríguez hizo lo contrario y Ramírez solamente se lució en el Porvenir. Además, fue el mejor coequipero, un hombre sin egoísmo que siempre supo competir tanto con los pies como con la cabeza. Y un deportista con una característica difícil de encontrar en ese mundo: disciplina para entrenar y tanto como para sacar adelante su carrera universitaria. Seis meses en lo primero y seis en lo segundo.
Parra, Herrera, Rodríguez y Ramírez fueron, sin duda, los mejores. Pero no los unicos. Agudelo, Montoya y muchos más, aprendieron a efectuar labores de equipo y permitieron el triunfo de sus líderes. La muestra de que el boom no será pasajero es que algunos de los más jóvenes ya han sido contratados por prestigiosos equipos europeos. Cerca de una docena de pedalistas colombianos correrán en 1986 con divisas del Viejo Continente y con sueldos en dólares nada despreciables.
Finalmente, es bueno destacar que no todos los éxitos se dieron en la ruta. La pista también trajo buenas noticias, como el sorprendente logro de tres récords mundiales en categoria profesional del antioqueño Efraín Domínguez, que pasó casi desapercibido en medio de los sucesos del Palacio de Justicia y el volcán del Ruiz. Algunos especialistas han señalado a este respecto, sin embargo, que lo de Domínguez es menos espectacular de lo que suena, pues en efecto, algunos de sus récords son inferiores a los que logran los aficionados, particularmente alemanes orientales y rusos. Pero estos mismos especialistas reconocen que detrás de las marcas de Domínguez hay un ejemplo de disciplina y trabajo que no puede demeritarse.
La fiesta juvenil
En el terreno futbolístico, donde Colombia siempre ha sido inferior a la mayoría, pese a una tradición de muchos años, también se presentaron éxitos de gran valor. En particular, la participación de la Selección Juvenil por primera vez en esta categoría en un Mundial de Fútbol. Un equipo con garra, habilidad, individualidades y gran trabajo colectivo sorprendió a toda Suramérica en el torneo continental en Paraguay a principios del año, logrando la clasificación al Mundial en la URSS, donde pese a un lamentable final frente a Brasil, se coló en la lista de los 8 mejores equipos del mundo, en contraste con lo sucedido con la Selección de mayores, que sucumbió de la peor forma en sus aspiraciones para ir al Mundial de México.
En el fútbol vale la pena destacar también la llegada del América de Cali a la final de la Copa Libertadores.
Aunque en principio se estaba apenas repitiendo la hazaña del Deportivo Cali en el 79, lo cierto es que, a diferencia de esta actuación, la del América fue superiorísima en la final, que el conjunto Argentinos Juniors sólo pudo ganar en una definición a tiros desde el punto pénal.
Otros reyes
Aparte de lo anterior, el año llevó a Miguel "Happy" Lora a un título mundial de boxeo, que revivió el pasado de los Valdés, los Pambelé y los Cardona, pero que al final dejó un mal sabor debido a los graves problemas de Lora con sus manejadores, que se hicieron públicos a la hora de definir la primera defensa del título.
La gran sorpresa del año fue sin duda el humilde Joselio Fanor Mosquera, quien se convirtió en París en campeón mundial de lucha en un torneo, al cual él y su compañero de delegación llegaron sin un franco en el bolsillo y protagonizaron una de esas historias llenas de dramatismo, con dormida en los parques y final feliz.
Otros nombres colmaron las páginas deportivas del 85: doña Evelia Martínez, la anciana que se impuso en dos torneos internacionales en Italia y Canadá en las categorias senior master, Néstor Hernández, un minusválido que se coronó campeón mundial en Inglaterra, Joaquín Gutiérrez, un beisbolista que siguió destacándose en las Grandes Ligas en Estados Unidos y Fuad Veizel, el primer colombiano en integrar la línea titular de un equipo de fútbol americano, los Delfines de Miami. En fin, queda claro que en 1985, el deporte fue el encargado de evitar que los colombianos perdieran todas las esperanzas.--
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