Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1984/01/09 00:00

DERROTA AL SECUESTRO POLITICO

La liberación del Magistrado, en medio del repudio nacional y la condena internacional, constituye un golpe de gracia a este delito

DERROTA AL SECUESTRO POLITICO

No era seguro que lo liberaran. Jaime Betancur, desde el comienzo mismo de su secuestro, fue un hombre bajo una amenaza intensa. Aunque sus captores afirmaron en un momento que él podría ser liberado si se realizaba una marcha el 7 de diciembre, cosa que tranquilizó a una amplia franja de la opinión, los observadores más atentos detectaron varios problemas a raíz de los comunicados expedidos por los captores del Magistrado.
Lo primero que registraron fue que la liberación de Jaime Betancur no podría darse automáticamente gracias a la jornada del 7 de diciembre, ya que la condición puesta por los secuestradores--que se realizara una "gran marcha por la paz verdadera" -fue probablemente hecha a sabiendas de que lo que había sido propuesto como jornada de paz por los partidos Liberal, Conservador, Comunista, etc no correspondía a lo exigido por los captores. La jornada de paz, de hecho, no incluía en principio una manifestación o marcha por las calles ni era para pronunciarse sobre las 10 exigencias del comando secuestrador. A la luz de ese análisis los responsables del cautiverio de Jaime Betancur estuvieron fabricando un pretexto para no entregar al secuestrado, a pesar de que se hubiere realizado el simbólico gesto por la paz de dos minutos de silencio.
Sin embargo, otros sectores se divorciaron de ese enfoque. Para ellos el grupo que retenía a Betancur estaría buscando con su propuesta una excusa para entregar al magistrado y salir así "honorablemente" del grave trance en que se habían metido, y con ellos al país. Según esa deducción, los secuestradores, al verse repudiados a nivel nacional e internacional, habrían aceptado que cometieron un error y estarían obrando para enmendarlo de alguna manera.
Otro elemento que reflejaba los riesgos que atravesaba Jaime Betancur fue el comunicado en el que se amenazaba con ultimar al Magistrado si no se cumplían las exigencias. Fue tan ominoso el contenido de ese texto que algunas personas llegaron a sugerir que los medios de comunicación no informaran sobre él para dar la impresión de que el estado del caso era únicamente el reflejado por el primer comunicado que sólo hablaba de las 10 exigencias, y de Jaime Betancur como un "retenido político".
EL 7 DE DICIEMBRE
De todas formas, con el transcurso de las horas, se fue forjando en la ciudadanía una psicología respecto del día 7 de diciembre. Muchos anticiparon que ese día transcurriría en medio de dramáticas espectativas ante la inminencia de la aparición del Magistrado. No fue así. Agotado, con barba de varios días, en la madrugada del miércoles 7 de diciembre, Jaime Betancur se encontró de buenas a primeras pidiendo asilo, en compañía del periodista Germán Castro Caicedo, en una casa del barrio Castilla. A punto de desmayarse, el consejero de Estado fue auxiliado por los dueños de casa, la familia Torres Beltrán, quienes no salían del asombro de verse protagonizando ese reencuentro difícil de Jaime Betancur con la libertad. "Sentí la muerte cada segundo, cada minuto", diría después.
En contra de lo que en un comienzo se llegó a pensar, el secuestro del magistrado se llevó a cabo sin utilización de ninguna forma de violencia, aunque sí a través de engaños. Aparentemente el hermano del Presidente habría sido informado días antes de su captura que un frente del ELN estaría interesado en contactarlo para hacerle llegar al Presidente de la República un mensaje. Tal fue el ardid utilizado por los secuestradores para inducirlo a abandonar la universidad sin escolta y abordar el vehículo que lo conduciría a su cautiverio, sin ninguna sospecha. Las investigaciones policiales tendientes a liberar al Magistrado fueron adelantadas desde un comienzo por el F-2, lo que permitió que las pesquisas fueran llevadas a cabo con evidente discreción, sin tener que recurrir, como en casos similares en el pasado, a la militarización de la ciudad. De los momentos menos tensos que vivió Jaime Betancur estuvo --según él mismo cuenta--aquel en el que uno de los guerrilleros le llevó una Coca Cola y una torta "en señal de amistad". De resto, permaneció vendado con una capucha semejante a las que utilizan los secuestradores.
Nunca lo movieron del lugar y en contra de lo que llegó a afirmarse no fue atado. Dos "regalos" recibió de sus captores: la sudadera con la que estuvo permanentemente vestido durante su cautiverio y las gafas negras que le indicaron se pusiera en el momento de su liberación. La comida durante estos 16 días fue muy deficiente. Siempre se la dieron fria. De hecho él comía muy poco privado de apetito por su estado de tensión.
Quizás la combinación de estas dos cosas fue la que determinó que a los tres dias del secuestro, Betancur diera muestras de agotamiento cardiaco, que preocupó bastante a sus familiares cuando ello les fue comunicado en la primera llamada telefónica. Este agravamiento de la salud del Magistrado probablemente fue una de las razones que pudieron llevar a los guerrilleros a liberarlo horas antes de lo previsto, convocando con visibles rasgos de urgencia, a una conferencia de prensa en la que los que parecíar más interesados en deshacerse de cautivo eran los propios secuestradores.
Ante el anuncio de la aparición de Betancur, la jornada del 7 de diciembre adquirió un significado diferente. No estaba ya en juego la vida del hermano del Presidente y hasta cierto punto se perdía el incentivo que animaba a la ciudadanía hasta el día anterior. Esto no obstante, al llegar las doce del día el país no dejó pasar la oportunidad de expresar su anhelo de paz y su rechazo a la violencia participando en los dos minutos de silencio. Miles de pañuelos blancos fueron agitados en calles, oficinas y fábricas, y cerca de 2.000 personas desfilaron en Bogotá por la carrera séptima hasta la plaza de Bolivar.
Algunos anotaron, sin embargo, que hubiera sido más lógico propiciar con las mismas consignas una gran marcha nacional, con gran colorido y sonoridad para crear un golpe de opinión de características registrables en lugar de una manifestación de carácter intimista como fueron los dos minutos de silencio.
DIAS DE ANGUSTIA
No obstante el hermetismo de todos los que participaron en el proceso de liberación, SEMANA ha logrado armar un mosaico de la forma como se desarrollaron los eventos.
En primer lugar, las autoridades recogieron suficiente evidencia para pensar que, en contra de lo que inicialmente se afirmó, el ex tupamaro Walder Silva no estuvo vinculado al secuestro, porque en el momento en el que éste se llevó a cabo se encontraba fuera del país. Pero las cintas grabadas durante la rueda de prensa con los periodistas, revivieron nuevamente las sospechas sobre Silva, porque de ellas ha podido deducirse que entre el grupo de secuestradores hubo un hombre extranjero, posiblemente de acento uruguayo, que bien pudo ser Walder Silva o algún otro guerrillero de su nacionalidad.
Se cree, por otro lado, que el secuestro fue organizado por una disidencia del grupo subversivo del Padre Manuel Pérez, conformado por estudiantes y profesores de universidades de Bogotá y Medellín.
Hubo tres personas que desempeñaron un papel "clave" en las conversaciones con la célula guerrillera.
La primera de ellas fue el padre Emilio Betancur, primo hermano del Magistrado, que reside en Medellín pero casualmente se encontraba en Bogotá en el momento del secuestro. El hizo las veces de "telefonista", y cuando los guerrilleros le preguntaban qué opinaba el gobierno sobre los comunicados que iban enviando, el padre Emilio invariablemente les respondía: "Yo los puedo aconsejar espiritualmente, pero en política no me inmiscuyo".
Fue él quien atendió personalmente cada una de las llamadas efectuadas a la casa de los Betancur, entre las cuales se colaron varias de oportunistas, extorsionistas (particularmente llamó la atención uno que exigió 30 millónes por la libertad del secuestrado, en nombre de las FARC) y hechiceros que ofrecían dar con el paradero del Magistrado si se les suministraban alguna de sus prendas.
La segunda persona clave fue jefe de Instrucción Criminal y alto comisionado para la paz en el Magdalena Medio, Antonio Duque Alvarez, a quien una amistad de 30 años con Jaime Betancur lo autorizó para intervenir, siempre a título personal y no oficial, en las conversaciones con los guerrilleros. Duque también estuvo secuestrado hace años, durante 87 días, por el 4o. frente de las FARC.
Para su rescate se pagó la suma de ocho millónes de pesos, por lo que jocosamente afirma que "aún sigo secuestrado, pero por los prestamistas". Le dijo a SEMANA que durante el tiempo que duró su secuestro "Jaime viajaba todos los fines de semana con su esposa y acompañaban a mi familia. El día en que me liberaron se fue inmediatamente y estuvo conmigo un día y medio. Por eso el día de su liberación Jaime me abrazó emocionadamente y me dijo: "Hoy por tí, mañana por mí".
La tercera persona clave fue la viceministra de Justicia, Nasly Lozano Aljure, unida por una amistad de más de 21 años con la familia Betancur Tanto el doctor Duque como la doctora Lozano fueron muy enfáticos en afirmar que su participación no la realizaron asistidos por sus investiduras públicas, ya que el Presidente Betancur en ningún momento autorizó a nadie para que hiciera arreglos nombre del gobierno.

Ambos se reunían cada noche con el padre Emilio y con la esposa de Magistrado, Efigenia Vélez de Betancur, para evaluar los últimos acontecimientos y rendir informes sobre los contactos que cada uno había hecho para obtener la liberación de Betancur. Cuentan que cada noche, después de la reunión, doña Efigenia salía al balcón de su apartamento y se quedaba observando las luces de la ciudad. "Allí debe estar Jaime", decía. Porque para ella nunca hubo duda de que su esposo estaba muy cerca de su casa. Muchas veces afirmó tener la corazonada de que lo liberarían el 8 de diciembre, día de la "Inmaculada Concepción", por lo que dos días antes había enviado a Rosalba, la empleada de más de once años de la familia, a comprar las frutas predilectas del doctor Betancur.
Hubo varias llamadas. La primera, a los tres días del secuestro, fue hecha por un hombre de origen campesino y acento huilense, de léxico elemental, que utilizaba frases del siguiente tenor, hablando con el padre Emilio: "Vea, mi padrecito, usted tiene que entrar en razón"
Las otras cinco llamadas las hizo una persona distinta, y siempre la misma: también un hombre, pero a diferencia del anterior muy bien hablado, con acento paisa, y un vocabulario muy rico y preciso. Se cree por ello que se trataba de un profesor universitario, que llamó la atención por ser muy radical en sus planteamientos.
En las tres primeras llamadas los guerrilleros insistieron firmemente en las demandas que inicialmente habían hecho en sus comunicados. Ya en la cuarta comenzaron a ceder un poco, y específicamente en la 5O. aceptaron reducir sus demandas a tres: salario mínimo de 15 mil pesos, reintegro de 20 trabajadores específicos despedidos por la firma Postobón del Grupo Ardila Lulle, y que tres sindicatos independientes tuvieran voz y voto en el Consejo Nacional de Salarios, (al principio habían exigido este derecho para todas las organizaciones sindicales).
En este momento de las conversaciones también intervino un conocido ex guerrillero, que viajó hasta Bucaramanga, donde supuestamente realizó importantes contactos. De ellos surgió una nueva concesión de los secuestradores, que esta vez redujeron a dos sus demandas: la primera, que la esposa y el hijo del magistrado escribieran una carta pública en la que debían solicitar que se desligara el problema familiar del problema político, y hacer una petición de clemencia por la vida de su esposo y padre.
Esta carta apareció publicada en los periódicos un día antes de la liberación del magistrado. La segunda insistía en la participación de los 3 sindicatos independientes en el Consejo Nacional de Salarios, con la variante algo desconcertante de que uno de ellos debía ser necesariamente un sindicato campesino de Chiquinquirá.
SEMANA también se enteró de que las FARC, a su manera, jugaron un papel clave en los acontecimientos. Aparentemente le dieron un plazo perentorio al ELN para la liberación del Magistrado, amenazando con que de lo contrario tomarían represalias.
¿POR QUE?
En todo caso, ni el doctor Betancur ni la ciudadanía pudieron entender del todo por qué había sido escogido como víctima. Los vínculos de sangre que estaban de por medio constituían un obstáculo para que el primer mandatario pudiera hacer cualquier tipo, de concesiones. Esto determinó que, una vez liberado Betancur Cuartas, entre la ciudadanía persistiera la seguridad de que el grupo guerrillero había perdido en este incidente. Por un lado, se había hecho evidente la gran popularidad del Presidente, que los guerrilleros aparentemente menospreciaron, y también fue ostensible la gran repugnancia que entre la ciudadanía despertó esta acción.
Para los miembros del comando secuestrador, sin embargo, y de acuerdo con las afirmaciones que hicieron a los periodistas durante la "rueda de prensa" (ver recuadro), que convocaron antes de la entrega del Magistrado, lo que ellos hicieron fue, más bien, aprovechar la popularidad del Presidente para dar un golpe publicitario.
"Nunca, ni cuando la muerte de Camilo Torres, habíamos sido tan populares", afirmó uno de ellos. "No nos importa que estén hablando bien o mal de nosotros, sino que hablen".
Si este era el enfoque, los guerrilleros habían conseguido sus propósitos. Pero en la práctica el asunto no es tan simple. El hecho de que hubieran terminado liberando sano y salvo a Jaime Betancur en medio de un repudio general de la ciudadanía y de la condena internacional, constituye una clara derrota de la vía por ellos elegida: el secuestro político.
El costo que ellos mismos, como organización, se vieron obligados a pagar, fue bastante alto: perdieron el apoyo de la junta sandinista y el gobierno cubano, a los que consideraban sus mentores en la lucha revolucionaria. Además de ésto sufrieron graves escisiones internas que fueron de conocimiento público, y se vieron enfrentados a otras organizaciones guerrilleras que llegaron a amenazar con castigar esa "acción aventurera".
A partir de ese momento, el secuestro quedó tan desprestigiado que hasta las FARC anunciaron la liberación de cuatro personas que tenían en su poder, y existe la posibilidad de que se produzcan otras liberaciones en los próximos días.
Al finalizar la semana reinaba en el país una actitud positiva que no se vivía desde hace muchos meses. Por primera vez, la ciudadanía había decidido expresar en forma colectiva un sentimiento largamente reprimido de hastío por la ola de violencia que se ha convertido en el pan de cada día.
Esta guerra está muy lejos de terminarse, pero por lo menos se ha ganado una batalla. -
EL PAPEL DE FIDEL CASTRO
El papel del Presidente Fidel Castro en los sucesos del Magistrado Jaime Betancur fue ampliamente controvertido. Para unos, como el diario El Tiempo, la mediación de Castro a través de las dos cartas al Presidente Belisario Betancur, en las que fulminaba a los secuestradores de Jaime Betancur, calificando como inmenso error su acción y exigiendo la liberación inmediata del consejero de Estado, fue simplemente la plena prueba "por tanto tiempo oculta" de "las relaciones (...) entre Fidel Castro y quienes aquí patrocinan el secuestro". Tal editorial, escrito después de la liberación de Jaime Betancur, llamó también la atención de muchos por otras alusiones en las que se plantea incluso una supuesta infiltración del castrismo en esferas del gobierno colombiano.
Tales admoniciones, para muchos, tenían un sólo destinatario: el premio Nobel de Literatura Gabriel Garcla Márquez. Según el editorial de El Tiempo "personajes del izquierdismo colombiano hoy vinculados al gobierno en forma bien conocida"--la alusión es transparente--vieron en el secuestro de Jaime Betancur "el más grave escollo para poder seguir influyendo en el gobierno presente y auparlo en la posición novedosa que ha adoptado la cancillería colombiana". Por esta razón, según la teoría de El Tiempo, Castro habría intervenido, tratando de impedir que un amigo de la revolución cubana --probablemente García Márquez--perdiera "influencia".
Para otros, el maquiavelismo extremo descubierto en la conducta de Castro por el diario bogotano no tendría razón de ser simplemente se trataría de una acción de Castro de genuina búena voluntad para con un gobierno que no sólo está esforzándose por distensionar a Centroamérica, a través del grupo de Contadora, sino que tuvo con ocasión de la invasión norteamericana a Granada un gesto humanitario para con el personal cubano que fue allí capturado por los marines.
Para este sector, la mediación del líder cubano fue constructiva, pues su oposición al citado secuestro, y a ese tipo de práctica, al denunciaría en su primera carta como algo "realmente reaccionario y negativo" puso contra la pared a los responsables del secuestro, reforzando enormemente a las demás presiones de orden moral y político que en esos difíciles momentos llegaron a expresar los más amplios sectores colombianos.
Pero la segunda carta del mandatario cubano no se quedó al nivel de las exhortaciones a los secuestradores de Jaime Betancur.
En uno de los apartes más reveladores de ésta, Castro sugiere que él y otros sectores políticos en América Latina--todos los políticos honestos y progresistas de este continente--de llegarse a cometer homicidio contra Jaime Betancur, "no descansarán hasta conocer, probar y denunciar a los provocadores", advertencia que posiblemente pesó lo bastante en el grupo secuestrador como para desistir en su empeño de hacer del Magistrado un rehén por tiempo indefinido o un muerto más del historial de violencia política del país.
Lo que es incuestionable es que el impacto político de la conducta del mandatario cubano fue grande. Algunos días después de finalizado el espinoso episodio de Jaime Betancur, un leído columnista de El Tiempo, Fernando Cepeda Ulloa, llegaba a sugerir una revaloración de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Cuba: "Con Cuba tenemos suspendidas las relaciones diplomáticas y Fidel Castro ha intervenido activamente para que la guerrilla no estorbe el proceso de paz. Antes, y por ello suspendimos las relaciones, intervenía para perturbar la paz. Esta nota, entre otras cosas, saludaba la "transparente y vigorosa actitud de Fidel Castro con ocasión del absurdo secuestro del hermano del señor Presidente. -

¿QUE DICE EL E.L.N?
La habitación medía cerca de 15 metros cuadrados. Una mesa octogonal ocupaba gran parte del espacio. Encima de ella se encontraban 8 folletos de la campaña de Belisario Betancur y el plan de desarrollo "Cambio con equidad". Jaime Betancur Cuartas, los ojos enrojecidos, demacrado, la barba de varios días, estaba sentado allí. Detrás, nueve guerrilleros, tres de ellos con rockets de moderna fabricación. Cuatro periodistas, Efraín González de El Bogotano, Hernando Salazar de Colprensa, Arturo Jaimes y Germán Castro Caycedo de R.T.I. habían sido contactados por el ELN para una rueda de prensa. Los relojes no marcaban aún las 9 de la noche del martes 6 de diciembre. Minutos después, cinco de los guerrilleros encapuchados se sentaron. Uno de ellos informó a los periodistas que los objetivos de la rueda de prensa eran explicar los motivos que los habían llevado a lo que ellos calificaron como la "retención" del Magistrado Betancur y, además, comunicarles que el hermano del Presidente les serla entregado, no sin antes advertirles que consideraban que el enemigo estaba más interesado en su muerte que en que saliera con vida y que, una vez concluida la reunión, la vida de Betancur quedaría en sus manos y bajo su responsabilidad.
Comenzaron a contar que habían logrado algunos contactos con B.B., a través de intermediarios con quienes "hemos llegado a algunos puntos de acuerdo para darles solución . Para ellos, los gobiernos anteriores no habían hecho nada y cada uno, a su turno, una vez terminada su gestión, se había dedicado a hacerle oposición al anterior. "Llegó Turbay con el gobierno mas represivo, pero al fin y al cabo se mostró como instrumento de la burguesía. El pueblo lo odió, pero era muy definido. Luego aparece Belisario Betancur como el Mesías: el pueblo cree nuevamente en las farsas de los explotadores, pues Belisario Betancur se presenta como algo diferente. Empieza su manejo retórico a través del cual se muestra como una salida política, mientras en la práctica los problemas se agravan.
No obstante es vitoreado por la burguesía y el pueblo sigue esperanzado. El ELN no creyó en eso desde un principio, porque se dio cuenta de que B.B. en lugar de ser un alivio se convirtió en un verdugo; en lugar de tender los brazos a los alzados en armas permitió que las Fuerzas Armadas siguieran matando y torturando.
Entonces el ELN con esta retención le sale al paso a esa demaoogia para demostrar que es un farsante que sigue utilizando los sentimientos de un pueblo sometido a una de las peores farsas".
Para el ELN, según lo afirmaron a los periodistas que llevaron a la rueda de prensa, el objetivo central de su acción era demostrarle al mundo que B.B. era diferente de la imagen que se tenía de él. Y afirmaron que "mientras hablaba de empleo, el desempleo subió el 12%, según el Dane que no es la fuente más confiable.
Cuando habló de amnistia y cerca de mil alzados en armas creyeron en él, 14 fueron asesinados, 200 detenidos y los demás estafados. Cuando tendió la bandera blanca, Chaguendo (un combatiente, dijeron) fue asesinado.
Luego, los medios de comunicación comenzaron a difundir la masacre de Remedios en Antioquia.
En su primer año de gobierno, la cifra de desaparecidos y asesinados fue superior a la del último año de Turbay. Cuando B.B. sostenía que era defensor de los humildes y establecía la paz, el director de CAMINA renunció, porque solamente había recibido un presupuesto de 300 mil pesos. Simultánemente las fuerzas armadas contaban con un presupuesto de 47 millónes de dólares, de los cuales 13 millónes están perdidos. Gracias a nuestro operativo con el Magistrado Jaime Betancur, todo el mundo sabe que en Colombia no se está dando ningún proceso de pacificación y por eso no hay otro camino que la lucha armada".
El interés propagandístico de, ELN al llevar a cabo esta acción quedó confirmado cuando uno de ellos recordó: "Ni aún cuando murió Camilo el ELN había recibido tanta publicidad". La "retención" de Betancur fue, según ellos, la manera de demostrar que en Anorí 1973) el ejército no los había herido de muerte y que, a pesar de los 92 combatientes muertos entonces en enfrenta miento con 30 mil efectivos de las fuerzas armadas, el movimiento estaba vivo y fuerte 10 años después.

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