Un laboratorio para el procesamiento de cocaína de características muy similares a los que hay en las selvas de Guaviare o en poblaciones de Caquetá fue desmantelado por el Ejército en la zona rural del municipio de Bojacá, población ubicada a media hora de Bogotá.
Estaba en medio de u
na zona semiboscosa en la que habían construido dos estructuras rústicas con madera y plástico, pero que contaba con servicios de agua y energía eléctrica de la que se surtían los aparatos empleados para el procesamiento del alcaloide.
Según el coronel Wilson Camargo, comandante del batallón Miguel Antonio Caro de la Brigada 13 del Ejército, “en el lugar se hallaron 400 kilos de insumos para el procesamiento de base de coca, 200 galones de precursores químicos, siete marquillas, 50 canecas plásticas, un ‘gusano’ de seis puestos empleado para cocinar la sustancia ilegal, dos hornos microondas, un compresor, un secadero artesanal y una máquina conocida como ‘marrano’, empleada como sistema de refrigeración”.
La investigación que permitió dar con la ubicación del laboratorio se inició con la sospecha que levantaron algunas personas que llevaron hasta el sitio una maquinaria, la cual no era común. Además, empezaron a llegar sujetos que generaron desconfianza por la forma en la que se comportaban, así como los carros en los que se movilizaban.
Así las cosas, inteligencia de la brigada 13 montó una serie de operativos en la zona que los llevó a concluir, entre otras cosas, que ese laboratorio llevaba cerca de 11 meses en la zona y que mensualmente producía entre 35 y 40 kilos de la droga, lo que le significaba un ingreso de 112.000 millones de pesos.
“Estamos investigando a quién pertenecía el laboratorio. Lo que es cierto es que es de una organización criminal que exportaba la cocaína hacía Centroamérica o Europa por rutas de los Llanos Orientales”, dijo el coronel Camargo.
Una de las pistas que podría llevar a determinar quiénes son los dueños del cristalizadero está en los sellos que encontraron en algunos de los bloques de cocaína que ya estaban listos para ser distribuidos. Otra de las evidencias con las que cuentan son las marquillas halladas en la zona.