Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2010/11/05 00:00

Desempleo juvenil, situación alarmante

En Colombia, el 28% de los jóvenes desempleados no estudia ni trabaja. El país tiene la mayor cantidad de jóvenes totalmente improductivos de América Latina. Según estudios de la OIT, este es el segmento de la población que potencialmente tiene mayor riesgo social.

Desempleo juvenil, situación alarmante
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Dinero

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define la transición escuela-trabajo como el espacio entre la conclusión, voluntaria o no, de la educación y la incorporación definitiva al trabajo como actividad única o la posibilidad de realizar ambas opciones. En la mayoría de casos, el estudio y el trabajo son opciones excluyentes; sin embargo, en el país hay un significativo 28% que no estudia ni trabaja.

Estos jóvenes serían los que están más expuestos a caer en la exclusión social. Al sacar de la muestra el 67% del total que no trabaja ni estudia porque está compuesto por amas de casa y relativamente al margen de lo que puede considerarse riesgo social, queda el otro 33% que lo conforman principalmente los jóvenes que ya no buscan empleo porque creen que no hay oportunidades laborales o porque ya se cansaron de buscar trabajo sin conseguirlo.

Dentro de ellos, podría considerarse que los que provienen de familias en situación de pobreza están directamente expuestos a la marginalidad y, por lo tanto, tienen más probabilidades de caer en la exclusión social y por tanto en la delincuencia, pandillas, etc.

Un problema estructural

Lo deseable, según la OIT, es que los jóvenes de 15 a 17 años se dedicaran solamente a estudiar y lograr la mayor permanencia posible de ellos en la formación educativa, retardando su participación en el mercado laboral hasta que su mayor calificación técnica o profesional les permita una mejor inserción laboral.

Lo anterior no pasa en la región, y alcanza a ser más crítico en el país hasta llegar a ser una de las razones de las altas tasas de informalidad laboral. En América Latina, el 69% de la población es menor de 40 años, con capacidad de consumir y solamente tiene el 11% de los ingresos.

Claramente es un potencial de consumo y de productividad desperdiciado y a largo plazo, se reduce cuando se observa que de ese porcentaje, solamente el 65% ha terminado la educación secundaria y el 14% tiene estudios hasta nivel superior. En Colombia, la cifra no es diferente, el 52,4% de la población alcanza la educación básica secundaria.

De esas cifras se desprenden algunas interpretaciones. Por un lado, se deduce que la posibilidad de que el continente se vuelva industrializado y genere empleos calificados para la población de la región, por lo menos en el corto plazo, es muy baja. Por el otro, mejorar los niveles de informalidad laboral en el corto plazo se convierte en una tarea muy difícil y por lo tanto, se vuelve un problema económico estructural.

Por lo tanto, hay que destacar que las consecuencias de estos indicadores no solo afectan la calidad de vida de estos jóvenes, si no que se convierten en un problema estructural que retrasa el crecimiento de la economía del país. El problema está en que el potencial de consumo de una población joven como la del continente y la del país, se está desaprovechando por los niveles bajos de educación y por lo mismo, una dificultad de acceso empleos de alta calidad.

Otras cifras alarmantes

Al dividir el número de jóvenes desempleados de América Latina entre la población económicamente activa juvenil se obtiene la tasa de desempleo juvenil que es del 13%.

En Colombia, la tasa de desempleo juvenil es del 21%, la segunda más alta de la región, después de Argentina, en donde el 24% de los jóvenes no tiene trabajo. El componente principal del desempleo juvenil en Colombia es el cesante, que está en 13,2%, mientras que el 7,9% se encuentra buscando trabajo por primera vez.

Por otro lado, en Colombia la diferencia entre lo que gana un adulto y un joven es mucho mayor que el promedio de América Latina (54%). El joven colombiano promedio gana 58% menos que los adultos. Adicionalmente, estos bajos ingresos de los jóvenes no están acompañados de una reducida intensidad de la jornada laboral. Casi la tercera parte de los trabajadores jóvenes labora, en promedio, más de 48 horas a la semana.

Cabe destacar asimismo, que entre los jóvenes de 15-17 años la cobertura alcanza niveles muy bajos, Colombia, Ecuador y Panamá tienen los niveles más alarmantes en este indicador. Mientras que en la región el 11% cuenta con seguro de salud y el 10% con seguro de pensiones, en estos países apenas alcanza el 1%. En el país, la razón principal, es la restricción que hay para las empresas de contratar menores de edad, por lo tanto lo hacen en la informalidad.

En el estudio se destaca que en el país, el porcentaje de mujeres que solamente se dedica a estudiar es el 37% y de hombres es 38%. Esto muestra que, en principio, se ha alcanzado una igualdad de oportunidades en el plano educativo. Sin embargo, hay menos mujeres trabajando y más en la situación de inactivas ya sea por ser amas de casa o por no encontrar oportunidades en el terreno laboral.

Finalmente, la diferencia entre lo urbano y lo rural se destaca también desde el punto de vista de calidad de vida, proyecciones futuras, que se traduce al final en capacidad de consumo y producción. Entonces, en el país el 22,7% de los jóvenes que viven en áreas rurales no trabaja ni estudia. Y en el área rural la cifra es menos alentadora, en donde la proporción de jóvenes que no estudia ni trabaja es el 42,6%.

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