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| 2/17/2012 12:00:00 AM

Desplazamiento y acciones armadas, el día a día de El Tarra

La existencia de una base militar en el casco urbano del municipio y la presencia de las Farc, han puesto a la población civil en medio de un conflicto que ha obligado a que abandonen sus casas y se trasladen a albergues temporales.

En El Tarra (Norte de Santander) siempre hay desplazamiento. Todas las semanas. En el día algunas personas permanecen en sus casas, pero en la noche no se atreven. Prefieren acomodarse en uno de los albergues que fueron habilitados para quienes buscan refugio.

Los habitantes dicen que los enfrentamientos entre la guerrilla y el Ejército (con base militar dentro del casco urbano), han provocado que no quieran permanecer en sus casas, que busquen protección en un espacio en el que puedan compartir con más gente y se sientan seguros. Los hechos recientes no les dan tranquilidad.

El miércoles en la noche una explosión en una vereda del municipio mató a un niño de seis años. A dos de sus primas las dejó heridas. Una está en la unidad de cuidados intensivos en Ocaña y la otra en Cúcuta, a punto de perder una pierna.

Durante las últimas semanas se han desplazado más de 300 personas desde la vereda Motilandia. La razón es la misma: los enfrentamientos que dejan a la población civil en medio de balas y cilindros que explotan.

Los coroneles de la zona, Rodolfo Ibarra (comandante de la Trigésima Brigada) y Eliécer Camacho (comandante de Policía de Norte de Santander) aseguran sobre el hecho del miércoles que, pese a versiones que se conocieron inicialmente, en el lugar de la explosión no se presentaron combates. Y que la explosión se produjo por un artefacto que estaba dentro de la vivienda, en donde los pequeños resultaron heridos.

Sin embargo, familiares de las víctimas y vecinos de la zona donde se produjo la detonación, manifestaron a medios regionales que dicho artefacto habría sido lanzado hacia la vivienda, en una zona donde el Ejército realiza patrullas de forma casi permanente.

Según información del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), la población de El Tarra también vive una difícil situación en materia de salud. Según el CICR, desde octubre el municipio no cuenta con servicio permanente de ambulancia y escasean los insumos básicos para la atención de enfermeros y médicos.

Semana.com habló con uno de los dos médicos que tiene el municipio. Él reconoce que a pesar de la permanente difícil situación de orden público, el único puesto de salud con el que cuenta El Tarra no tiene equipos técnicos y humanos para atender a los heridos que constantemente llegan afectados por los hostigamientos.

“Esta es una zona de guerra en donde periódicamente hay enfrentamientos. Y sin embargo, cada vez que ocurre algo debemos remitir, con dificultades, los pacientes a Ocaña o a Cúcuta porque acá solo podemos brindar primeros auxilios”, señaló el médico, quien recuerda el estado de salud de los dos últimos afectados por el conflicto en la zona.

“Una de las niñas tiene esquirlas en el abdomen y fue remitida a la unidad de cuidados intensivos del hospital de Ocaña. La otra menor, tiene un trauma bascular en la pierna izquierda, está en Cúcuta y lamentablemente lo más seguro es que le tengan que amputar una pierna (...) el niño que murió tenía múltiples heridas en el cráneo”, cuenta.

Pero no solo las explosiones están generando graves problemas con la salud de los habitantes de El Tarra. También el hacinamiento que se vive en los albergues. “Son muchas familias en un mismo lugar. Hemos prestado atención médica y detectado que hay muchas personas con dermatitis alérgica, diarreas, estados gripales (...) es un foco de enfermedades”, dice el médico.

El alcalde del municipio, Jorge Arenas, manifiesta que la situación de los albergues ya está controlada. Y que hasta ahora no ha tenido conocimiento de brotes de enfermedades o hechos que estén afectado a la población que habita estos lugares.

“Los albergues se habilitaron principalmente para que las personas pernocten. Es compleja la situación de seguridad en algunas zonas y por eso ofrecemos estos espacios”, dice el alcalde, quien reconoce además que el desplazamiento en el mismo casco urbano ha crecido a partir de recientes ataques a bases militares y estaciones de policía del país.

“Los enfrentamientos y la presencia de una base militar en el pueblo ha generado temor”, asegura. Reitera que de los tres lugares que fueron habilitados como albergue, dos ya están desocupados porque las personas decidieron voluntariamente regresar a sus casas. Y el que se mantiene “es utilizado solo para que duerman porque les da miedo permanecer en las noches en sus casas”.

A la situación de conflicto se suma la educación. Hasta ahora no ha podido arrancar el cronograma académico. “Las escuelas están cerradas porque acá la burocracia afecta y atrasa el proceso de contratación de los profesores”, dice un funcionario de la alcaldía que prefiere mantener en reserva su nombre.

Sin embargo, información del CICR señala que también es el miedo el que ha frenado el inicio de las actividades académicas. Los papás temen dejar a sus niños en las escuelas.
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