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| 1/20/2007 12:00:00 AM

Después de Lucho, ¿quién?

El Polo Democrático y el uribismo, esta vez con Peñalosa, se volverán a enfrentar por la Alcaldía de Bogotá. ¿Qué podría afectar el favoritismo del ex alcalde?

Enrique Peñalosa vs. el Polo Democrático. Igual que hace cuatro años, en las elecciones de octubre próximo volverán a encontrarse estos rivales. Aunque faltan nueve meses, en los que todo puede cambiar, los indicios conducen a la conclusión de que los bogotanos verán un segundo round de una pelea conocida entre la izquierda democrática y el uribismo.

Hay algunas diferencias. Enrique Peñalosa será candidato en cuerpo propio y no ajeno: en 2003, el actual ministro Juan Lozano llevó su bandera, y perdió. Un punto a favor del ex alcalde, pero en la otra equina también hay mejoras: el Polo, en los últimos cuatro años, pasó de ser un proyecto desordenado a ser un partido que ha escalado peldaños tan significativos como derrotar al partido Liberal en las elecciones presidenciales y convocar a más de medio millón de militantes a sus elecciones internas. Lo favorece también la administración del saliente Lucho Garzón, cuya gestión divide opiniones pero mantiene índices aceptables y, en todo caso, enterró los miedos que antes generaba la imagen de la izquierda en el poder.

La candidatura de Peñalosa es un hecho. La anunció a finales del año pasado en una entrevista en El Tiempo, y en diciembre sostuvo múltiples encuentros con líderes políticos que se inclinan por apoyarlo. El más notable, con Germán Vargas Lleras, senador y jefe de Cambio Radical, quien tuvo que descartar una alianza con el partido Liberal en torno a Rafael Pardo porque este último prefirió guardarse como presidenciable para 2010. Como plan B, en la búsqueda de un contrapeso para el Polo, Vargas se acercó a un Peñalosa que por estos días mezcla actividades académicas y conferencias en los cinco continentes con juiciosos recorridos por Bogotá.

En el Polo también se ha ido aclarando el camino para buscar la mejor manera de conservar la Alcaldía de Bogotá, cargo que requiere la segunda votación más alta después de la Presidencia. Una derrota frenaría el camino ascendente que ha tenido desde su fundación. El próximo fin de semana se instalará la nueva Dirección, que aprobará las reglas del juego para la escogencia interna del candidato: consenso o consulta abierta (en la que pueden participar electores de todos los partidos). En la práctica, esa fórmula significa: 'Carlos Gaviria vs. elección interna'. Y como el ex magistrado, ex candidato y presidenciable Gaviria se siente en corral ajeno en las discusiones sobre huecos, movilidad y cerramientos, lo más seguro es que se haga una consulta.

Ya se sabe incluso quiénes serán los contendores: la ex canciller María Emma Mejía, recuperada en imagen según las encuestas, y Samuel Moreno, ex senador que ha hecho durante meses una campaña discreta pero efectiva entre las bases de su partido. María Emma pesca entre los electores no polistas. Pero como la consulta se hará un domingo cualquiera, sin otras elecciones que atraen votantes, Moreno se podría beneficiar de un voto prácticamente reducido a los militantes. Suenan también otros nombres: el gobernador del Valle, Angelino Garzón; Clara López Obregón, ex concejal, y Carlos Vicente de Roux, actual concejal. El primero tendría que dejar su cargo para hacer un poco probable traslado a la capital, y los otros dos despiertan la sospecha de que sus preaspiraciones son estrategias para fortalecer candidaturas al Concejo.

¿Pero está completo el panorama? La respuesta es no. O, al menos, no todavía. Al escenario de 'Peñalosa vs. el Polo' le faltan piezas. En particular porque aún no se sabe qué harán los partidos tradicionales y si tienen capacidad de alterar el juego. ¿Tendrán que resignarse ante una nueva evidencia de que Uribe y el Polo se tomaron la política y desplazaron el viejo bipartidismo? Y tal vez la pregunta más crucial: ¿lo que pasa en Bogotá es un reflejo de las nuevas tendencias políticas nacionales?

Tanto los liberales como los conservadores desearían presentar candidato propio. Otra ausencia en la contienda por la Alcaldía de Bogotá de 2007, que ya se produjo en 2003, reforzaría la percepción de su progresiva pérdida de importancia. Sin embargo, ni rojos ni azules quisieran tener un representante sin capacidad de competir o que se preste para una derrota humillante. Y en ninguno de los dos hay cartas valiosas para jugar. En las pocas encuestas que se han hecho sobre esta plaza, ningún liberal o conservador aparece en los primeros puestos.

Sólo les quedan dos salidas: encontrar un candidato en el tiempo que falta para la elección, o hacer una alianza con los que van en la delantera. Entre los liberales hay quienes no pierden la esperanza de que algún presidenciable -Rafael Pardo, Rodrigo Rivera- se le mida a defender la colectividad. Pero lo más probable es que, si van con candidato, terminen en alguien como Antonio Galán, actual presidente del Concejo. Entre los conservadores se baraja una amplia lista: Juan Gabriel Uribe, Eduardo Pizano, Dionisio Araújo, Jorge Ospina y Telésforo Pedraza. El primero de ellos es el más conocido y tiene relaciones con otros partidos que podrían apoyarlo. Pero como director de El Nuevo Siglo, tiene que deshojar la margarita entre una candidatura de escasas posibilidades y la continuidad del ambicioso proyecto de fortalecimiento del periódico.

A la hora de plantear coaliciones, los liberales se fraccionan. ¿Peñalosa o el Polo? Los actuales concejales se dividen casi por mitades iguales. Un grupo considera que hay afinidades con el ex alcalde, cuyo origen es liberal, y que el apoyo a la candidatura de Lucho Garzón en 2003 no le dejó mayor beneficio al partido. Otro sector del liberalismo considera que la convergencia con el Polo es natural en el centro-izquierda y sienten muy abiertas las heridas que dejó el portazo de Peñalosa al partido en 2005, cuando se retiró de manera abrupta de la consulta para definir el candidato presidencial. La suerte de esta colectividad se definirá en parte en el Congreso Nacional de abril, que decidirá líneas de acción política y si se mantiene o no la actual jefatura única en manos del ex presidente César Gaviria.

En síntesis, la hipótesis de un Peñalosa que pica en punta montado sobre la base de un sólido apoyo uribista (aunque no representa a ningún partido, si no que se inscribirá con firmas, como movimiento ciudadano) y un candidato del Polo como único competidor real es la más fuerte. Las encuestas la corroboran. En la última, realizada por la firma Yanhaas y publicada por RCN Televisión el 15 de enero, el ex alcalde alcanza un 39,41 por ciento, seguido por Samuel Moreno, con 11,71, y María Emma Mejía, con 11,51. Si no existiera una tradición en Bogotá en contra de quienes encabezan las encuestas y a favor de los que repuntan al final -como en 2000, cuando Antanas Mockus derrotó a María Emma Mejía, y en 2003, cuando Lucho venció a Juan Lozano-, las apuestas estarían definidas.

Pero todo vale en la contienda y hay que tener en cuenta las variables que eventualmente podrían cambiar el rumbo. Por ejemplo, debilidades de Peñalosa como las secuelas que dejaron sus erráticas movidas en la elección presidencial del año pasado, y la oposición de quienes no comparten su visión de la ciudad o su estilo de gobierno. O las posibilidades de que algún candidato que hoy no registra pudiera llegar a crecer, como Leonor Serrano, quien ya puso en marcha una campaña muy bien financiada. Falta ver también si en un arranque de realismo, el Polo destapa cartas más competitivas que por ahora están en otros juegos: Antonio Navarro, candidato a la gobernación de Nariño, o Carlos Gaviria, aspirante presidencial. Y siempre está abierta la puerta para una aparición de último minuto de Antanas Mockus. Si algo ha demostrado la política electoral en Bogotá es que no es un terreno fértil para las predicciones. El segundo round del uribismo y el Polo, por ahora, no es más que el escenario en la línea de partida.
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