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| 2/4/2016 12:11:00 AM

“Hace dos años me dieron seis meses de vida y aquí sigo”

María Claudia García, paciente con cáncer de mama desde hace diez años, cuenta cómo ha sido vivir con la enfermedad.

“Cuando me diagnosticaron cáncer fue como si se abriera un hueco negro. Me imaginaba que me iba a morir y que iba a dejar desamparada a mi única hija, Gaby, en ese momento de apenas cinco años. Yo me aferré a ella y con la ayuda de Dios logré celebrarle los 15 años hace dos días, el 2 de febrero. Yo siento que además de los medicamentos me ha servido tener una buena actitud para sobrellevar estos 10 años con la enfermedad. Esta es mi historia.

Yo digo que a mí me han dado tres cánceres. Con cáncer 1 yo tenía 41 años. Mi cáncer es de esos que tienen un gen que se hereda, como el de Angelina Jolie. Mi mamá, mi abuela y mis dos tía lo tuvieron. Excepto mi abuela, todas han sobrevivido a esta enfermedad. Yo les dije a los médicos: Háganme lo que tengan que hacer. A los ocho días de recibir el diagnóstico ya me habían hecho una mastectomía. Desde ese momento no volví a mirarme al espejo ni dejar que nadie me mirara de la cara para abajo. Pero luego de la cirugía no me hicieron nada más. Me dijeron que lo habían cogido a tiempo, cuando era apenas un punto. Yo era una suertuda porque hubo detección temprana.

Un día en control ginecológico le dije al médico que me revisara los senos porque yo no era capaz y cuando lo hizo encontró una mancha en el mismo seno que me habían extirpado. Dos años después del primer diagnóstico, el cáncer había regresado. Era el cáncer 2. Cuando yo pensaba que había salido de todo me volvió esa vaina. Me derrumbé en el laboratorio cuando vi la biopsia.

El cáncer es una enfermedad dura para la pareja. Una enfermedad larga en general es difícil porque al principio es como el sofá nuevo, que lo pones y lo ves y lo aprecias, pero a los ocho días apenas lo miras y a los tres meses ya no existe. Eso pasa con enfermedad larga: deja de existir. Pero uno además no es la persona más agradable. Con mi pareja no sabíamos cómo manejar la enfermedad.

Con el cáncer 2 me hicieron una remastectomía, que consistió en terminar de limpiar todo. Además me sacaron el útero y los ovarios. Me dieron quimio y radioterapia. Se me cayó el pelo y eso fue duro pero no insoportable. Mi matrimonio ya era una mierda. Yo no entendía cómo él no podía tener consideración conmigo. Él no podía creer cómo me había convertido en la fiera en que me volví. Pero es que uno está vuelto nada: luchando contra este mal, sin pelo, ni seno, con quimio complicada. Luego entendí que para él era muy difícil también.

Hice el tratamiento durante un año y tres meses y luego salí limpia, pero con 75 % de probabilidad de que me diera una metástasis. En esa época no actué con inteligencia. He debido relajarme, que me importara todo tres pesos, dejar la angustia. Pero sucedió la quiebra de nuestra compañía y eso me angustió mucho. Y se fue mi esposo y cuando lo hizo, casi me muero. Me quedé con mi hija. Con lo que me quedó del divorcio me alcanzó para comprar el apartamento donde vivo y el pollo de la gente que me hizo el trasteo. No me alcanzó para la gaseosa.

Arranqué de nuevo sin con qué comer. Fueron cuatro meses espeluznantes. Mi mamá me ayudaba con mercado, vendí los objetos de plata del matrimonio para pagar servicios. Y en medio de las dudas y las culpas sobre el divorcio me pegué a Dios. Yo no soy católica ni religiosa ni nada, pero mi alma se acercó a Él y eso le dio sentido a mi vida.

Un día amanecí con un dolor en la cadera y en el esternón, pero como el día anterior había estado taladrando las paredes para colgar cuadros, no le paré bolas. A los dos meses tuve la cita de rigor con la oncóloga y me vio divinamente. Pero cuando le dije que me dolía la cadera puso una cara terrible. Era el cáncer 3: metástasis en huesos, pulmón y cerebro.

Eso fue en noviembre hace dos años. No me pregunten de dónde saqué fuerzas. Me dieron seis meses de vida, pero ya llevo en quimio dos años y medio. Como el pulmón y los huesos estaban invadidos, no podían hacer radio. La terapia es cada tres semanas. Me la han cambiado tres veces porque el cáncer hace resistencia a los medicamentos. Con esta quimio me empezó a ir muy bien. Los marcadores tumorales bajaron y empecé a sentir que era una época muy buena de mi vida.

Hoy tengo el amor de la gente que no me ha abandonado: amigos, amigas, familiares, mi exmarido. No me siento sola. He crecido espiritualmente, salí del ego porque yo era muy soberbia. Yo creo que por ese ego tan grande mi Dios me mandó estos tres males. Él dijo: ‘Esta niñita o aprende o aprende’. Y he aprendido a conectarme con el amor de la gente. No veo ya lo que me faltó o me sobró, o si me miraron mal sino veo la abundancia de amor a mi alrededor. Aprendí a dar las gracias, a sonreírle a un mendigo.

Cáncer 3 ha sido difícil porque me tocó sola con mi hija, pero hemos estado unidas. Y mis amigos corren a ayudarme. El año pasado me hicieron una ‘Claudiatón’ para poder ir a Nueva York, una ciudad que soñaba con conocer pero no había podido visitar. Tengo un seguro médico maravilloso, cuya atención médica es perfecta, impartida con un gran amor.

Estoy desahuciada pero no voy a morirme todavía porque me falta por aprender. En realidad todos nos vamos a morir, lo que pasa es que a mí me pusieron unos tiempos. Tampoco digo que sea una paciente terminal porque no lo estoy. Me dieron seis meses de vida y aquí sigo. Los médicos se aterran porque a pesar de que tengo ya cuidados paliativos, me veo regia. Sólo sé que el organismo hace resistencia a la droga y va a haber un momento en que no haya nada más. He aprendido a no quejarme. Estoy súper bien y tanto lo repito, que me lo creo.

El cáncer me da duro, me patea, sobre todo cuando siento físicamente que me duele, pero en resumen ha sido una bendición en mi vida porque me ha vuelto una mejor persona. Al principio sólo sentía rabia, soberbia. Ahora sólo siento paz y gratitud. Los medicamentos sirven, pero también la actitud. Un ser humano puede dejarse morir por un cáncer en cinco meses. Yo aprendí a no decretar: ‘Es que me voy a morir’, ‘es que voy a empeorar’, son frases que nunca me van a oír decir.

Con el cáncer 1 el objetivo era estar en la primera comunión. Ahora con el cáncer 3, eran los 15. Hace dos días le hice la reunión y vinieron sus amigos y sus familiares. Me parecía increíble haber llegado a esta meta. Y pensé que era hora de ir por la negociación del grado de Gaby.

También pensé en lo agradecida que estoy con Dios por darme esta oportunidad. El cáncer es gran maestro cuando uno lo coge por donde es. Me ha permitido conectarme con el amor de todo el mundo. Mucha gente tiene un infarto, se va y no pudo hacer nada. Yo he tenido tiempo para organizar mis cosas, para dejar a mi hija con lo que necesita. Eso es lo maravilloso de esta enfermedad: que le da a uno tiempo. Pareciera que te lo quita, pero en realidad te lo da”.

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