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| 3/14/1988 12:00:00 AM

DIALOGANDO

Una semana de reuniones en busca de un acuerdo para el plebiscito.


Reunión va, reunión viene, la semana pasada fue de inusitada actividad política. El presidente Barco se entrevistó con la UP. Los gremios con Pastrana. J. Emilio Valderrama, presidente del Directorio Conservador, con la Dirección Liberal. La Dirección Liberal con la UP. Alberto Santofimio, presidente de la DNL, con el expresidente Betancur. El expresidente Pastrana con Santofimio. Y al final de la semana, para cerrar con broche de oro, el presidente Barco con el ex presidente Pastrana. Toda esta prestidigitación política corrió por cuenta del tema del plebiscito que, irónicamente y no obstante su aridez y complejidad, lleva 15 días llamando la atención de la opinión pública.

Pero además de todas estas reuniones y a las posiciones ya fijadas de los ex presidentes Lleras, López y Pastrana, se sumaron las del ex presidente Belisario Betancur y el jefe del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, que hasta el momento se habían abstenido de fijar oficialmente sus puntos de vista. Betancur le dijo "si" al plebiscito, pero por la vía de la Constitución, es decir que la convocatoria directa a ese procedimiento nunca debe originarse en el Presidente de la República, sino en el Congreso. Por su parte, Galán dio su espaldarazo a la propuesta del presidente Barco, con la advertencia de que como la convocatoria a un referéndum es más un acto político que jurídico, debe ser el resultado de un acuerdo que comprometa la responsabilidad de todas las fuerzas políticas del país.

Precisamente este era el apoyo que trató de barajársele al Presidente la semana pasada. El ex presidente Pastrana afirmó que el Partido Social Conservador se abstendría de participar en el plebiscito, si el gobierno insitía en realizarlo el 13 de marzo simultáneamente con la elección popular de alcaldes. Sin embargo, el "no" rotundo de Pastrana a la fecha no era la esencia del problema. Tan no lo era, que el mismo presidente Barco tomó la decisión de visitar al ex presidente conservador en su casa el jueves de la semana pasada, para ofrecerle la posibilidad de que el gobierno cambiara de fecha, siempre y cuando obtuviera del Partido Conservador una posición concreta frente a un mecanismo extraordinario para sacar adelante las reformas institucionales.

Al "si" y al "no"
Al plebiscito se le puede anotar una victoria inicial: la de haberle dado al gobierno y a la oposición un pretexto para sentarse a conversar sobre algo concreto, así éste fuera un desacuerdo.

Y la verdad era que el Presidente y el jefe de la oposición estaban "que se hablaban". Tanto, que gastaron buena parte del tiempo recordando las épocas en que ambos, estudiantes de provincia, estudiaban en los café de Bogotá. Incluso hablaron de que Bogotá hace unos años era más fría que hoy, y que salir de nocturna sin pañuelo en la boca era exponerse a una pulmonía.

Finalmente llegó el tema serio. Barco le expuso a Pastrana un planteamiento sobre la necesidad y urgencia de las reformas que venía proponiendo, y le aclaró que si en la reunión del viernes 29 de enero no le había hablado del plebiscito, era porque aún no había tomado la decisión de lanzar la propuesta. También le dijo Barco a Pastrana que había seguido muy de cerca sus declaraciones sobre el tema y que si venía a buscar su apoyo era porque consideraba que Pastrana no había cerrado del todo las puertas. El ex presidente conservador le dijo a Barco que eso era así y que en su opinión el plebiscito no era un problema jurídico, sino político.

Sin embargo, todo depende del color del cristal con el cual se mire. Porque si bien Pastrana jamás le ha dado un "no" rotundo al plebiscito, al tiempo que ha afirmado que el Partido Social Conservador "no tiene posiciones dogmáticas y está dispuesto a dialogar sobre las reformas que se deben llevar a cabo con prontitud", también ha sido muy enfático en afirmar que estas reformas deberán hacerse "siempre dentro de los marcos de la juridicidad".

A ojo de buen cubero, las posiciones del gobierno y de la oposición parecen irreconciliables en un punto fundamental: el de si la Constitución puede reformarse por dentro o por fuera de sus disposiciones. Barco dice "si" y Pastrana dice "no". Por eso, en medio de este desacuerdo fundamental, no resulta extraño que las conclusiones de este primer encuentro hayan sido tan gaseosas como para llamarlas un preacuerdo.

Este preacuerdo consiste en que el gobierno retira su propuesta del 13, siempre y cuando que a más tardar el martes, el social-conservatismo produzca un documento de respaldo al plebiscito o a la Asamblea Constituyente, y una fecha para ejecutar el procedimiento de reforma de la Constitución dentro de los 60 días siguientes a la elección de alcaldes. Sin embargo, el compromiso no es tan tajante. El Presidente dejó abierta una puerta para que el conservatismo plantee su propia salida, sobre la base de que sea un procedimiento extraordinario y expedito dentro del mismo plazo.

Teniendo en cuenta que el desacuerdo entre el gobierno y la oposición va más allá de la fecha del 13 de marzo, y que tiene que ver con la escencia misma del procedimiento de la reforma constitucional, alguna de las dos partes tendrá que echar reversa. La pregunta del millón es si será el gobierno o será la oposición.

Por lo pronto, Virgilio Barco ha asumido un compromiso con el país y el costo político de desbaratarlo sería demasiado alto. Pero por otro lado, un plebiscito como el que propone, que es, fundamentalmente, un acto político, debe contar necesariamente con el partido de oposición, ya que la Constitución es esencialmente un acuerdo sobre lo fundamental, que no puede ni debe ser modificado unilateralmente por el gobierno.

Por otra parte, el apoyo popular a la propuesta del gobierno difícilmente permite que el social-conservatismo pueda "cerrarse a la banda" y quedar como el Caín del paseo. El hecho de que el presidente Barco hubiera cedido en su propósito de adelantar el plebiscito el 13 de marzo, constituye ya una victoria del ex presidente Pastrana, lo cual le permitiría posiblemente salir airoso en otros puntos del desacuerdo.

En últimas, habrá que esperar el pronunciamiento del social-conservatismo. Por lo pronto podría decirse que en materia del plebiscito, la intransigencia ha cedido paso a la transacción.--
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