Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2016/04/02 00:00

Frank Pearl, el dueño de la llave que abrió los diálogos

Frank Pearl hizo los primeros contactos para los procesos de paz tanto con las Farc como con el ELN. Esta es la historia de cómo fue esa fase secreta.

Frank Pearl ha combinado su trabajo en el sector privado con el servicio público. Foto: Juan Carlos Sierra

Si todo sale bien con el ELN, los tres procesos de paz que se han dado en la última década habrían tenido un denominador común: Frank Pearl. El economista llegó a conocer a los grupos armados ilegales del país en parte por casualidad y en parte por pasión. Aunque es un hombre discreto que maneja un bajo perfil, si se llega a una firma con las Farc y los elenos, un enorme componente de la esquiva paz que Colombia ha buscado por décadas se le deberá a él.

Pearl fue el contacto inicial de ambos grupos guerrilleros. Pero su trabajo en el conflicto armado comenzó mucho antes. Para finales de los noventa, el joven ejecutivo era una más de las promesas del sector privado en el país. Graduado de un máster de negocios en Canadá, llevaba varios años en una carrera ascendente. Había sido asesor de la consultora internacional McKinsey & Co. y fue nombrado presidente de Valores Bavaria (Valorem), el holding del Grupo Santo Domingo, para manejar las inversiones en diversos sectores económicos. Estuvo a la cabeza de esa compañía hasta 2006.

Sin embargo, su trabajo en la empresa privada tenía una particularidad. A pesar de que esos cargos suelen consumir 24 horas al día y 7 días a la semana, Pearl tenía una labor casi igual de importante en el sector público. En el año 2002, cuando fue elegido Álvaro Uribe como presidente, él hizo parte de un grupo de empresarios que frecuentemente daban ideas y asesoraban algunos de los principales programas de ese gobierno.

El entonces presidente de empresa había conocido al vicepresidente Francisco Santos, pues juntos habían liderado las marchas contra el secuestro del No Más, en el que él había servido como miembro de la junta directiva. Pearl se reunía con Santos al menos una vez al mes, y en poco tiempo comenzó a hacer lo mismo con la primera dama Lina Moreno. Esos encuentros se convirtieron en una especie de consejo consultivo en el que todos aportaban su experiencia. En ese ejercicio pasaron casi cuatro años.

En 2006, Pearl se reunió con la primera dama para hablar de un tema clave. Por cuenta de los diálogos con los grupos paramilitares, desde 2003 más de 33 mil miembros de esos grupos ya se habían desmovilizado. Esa realidad estaba desbordando los programas que existían para acogerlos y se necesitaba con urgencia crear políticas nuevas. Moreno le preguntó a Pearl qué haría si estuviera frente a esa tarea, y él, como llevaba varios meses estudiando ese asunto, le contestó lo que tenía en mente.

A los pocos días de esa reunión, Pearl se fue a Londres a cerrar un negocio estructural para su compañía. Cuando volvió recibió una llamada del Palacio de Nariño. Era el presidente quien le propuso sin introducciones que se sumara al gobierno de la seguridad democrática. Uribe le dijo que iba a crear una alta consejería para la reintegración y que le parecía que él podría liderar esa difícil misión.

En ese momento, la vida del ejecutivo dio un giro de 180 grados. Asumió un cargo que no existía y creó un programa para darles oportunidades a los miles de excombatientes que entraron a la vida civil. Centenares de empresas se sumaron para dar oportunidades a estas personas y el programa de reintegración del gobierno llegó a 430 municipios. Para ser la primera vez que se desarrollaba un piloto con esas magnitudes los resultados fueron satisfactorios. Como en todos estos procesos muchos volvieron a delinquir, pero la mayoría (el 75 por ciento) se quedaron por fuera de la ilegalidad y en el esquema del gobierno. En los guerrilleros esa cifra alcanzó el 92 por ciento.

En 2009, el entonces alto comisionado para la paz, Luis Carlos Restrepo, renunció a su cargo. Las relaciones entre Restrepo y Uribe estaban tensas por cuenta de inconvenientes que se dieron en la liberación de algunos secuestrados, y por eso su salida del gobierno estaba cantada. El presidente decidió nombrar a Pearl. Al gobierno solo le quedaba un año, y como la seguridad era la prioridad, ese cargo era muy significativo.

Pero el trabajo más importante de Pearl como comisionado era secreto. Desde ese cargo, el alto funcionario comenzó a buscar los primeros contactos para tener un posible diálogo con las guerrillas. En ambos grupos al margen de la ley logró avances.

Tuvo los primeros acercamientos con el ELN en agosto de 2009, en la cárcel de Bellavista, con Juan Carlos Cuéllar, un miembro de la dirección nacional de ese grupo preso desde 2004. Pearl lo visitaba regularmente en ese centro penitenciario y casi un año después, en junio de 2010, firmó un documento que sentaba las bases del proceso.

Con las Farc, el contacto se logró a través de Henry Acosta. El empresario valluno era amigo de infancia de Jorge Torres Victoria, Pablo Catatumbo. La Oficina del Alto Comisionado le pidió a este que buscara un acercamiento para una reunión entre él y alguien del gobierno. Las primeras comunicaciones de Pearl con la guerrilla se dieron gracias a Acosta y fue básicamente una relación epistolar. Así, como en el proceso con el ELN, en estos acercamientos su mano derecha fue Alejandro Éder, quien luego lo sucedió en la Alta Consejería de la Reintegración.

Por medio de una carta, Pearl buscó concretar una reunión secreta en Brasil. Sin embargo, esta se frustró en un momento inesperado. En mayo de 2010, las Farc hicieron un gesto de buena voluntad al entregar los restos del mayor Julián Ernesto Guevara, quien había muerto en cautiverio. Uribe exigió la liberación de todos los secuestrados.

Días después, la agencia de noticias Anncol publicó un comunicado dirigido a Pearl en el que manifestaban su “interés por conversar”, pero aclaraban que si había diálogos estos debían ser “en Colombia y de cara al país”. Como el cambio de gobierno se haría el 7 de agosto siguiente, las cosas quedaron paradas hasta entonces.

Juan Manuel Santos fue elegido presidente el domingo 30 de mayo, y el lunes siguiente llamó a Pearl para reunirse con él. El martes se vieron. Ambos se conocían porque en los noventa, el Alto Comisionado había diseñado con Roberto Prieto la estrategia para los primeros años de la Fundación Buen Gobierno. El presidente le pidió que le contara lo que había hecho, lo cual incluyó un detallado reporte de estos contactos secretos. El seis de septiembre, Santos envió a las Farc una comunicación a través de Henry Acosta indicando que uno de sus delegados sería Pearl. Lo que pasó después, el país lo conoce.

Algo similar sucedió con el ELN. El presidente designó a Sergio Jaramillo, Alejandro Éder y Jaime Avendaño para continuar con esos contactos. Pearl se fue a estudiar a Harvard una maestría en Administración Pública, pero venía constantemente a Colombia para reunirse con Cuéllar. Lo mismo sucedía cuando ocupó el Ministerio de Medio Ambiente pues, desde ese cargo, mantenía los contactos con ambos grupos guerrilleros.

El anuncio del pasado miércoles es producto de esos siete años de acercamientos. El equipo del gobierno, compuesto además por Jaime Avendaño, el general Eduardo Herrera Berbel y José Noé Ríos, ha negociado más de 1.000 horas y 19 rondas en diferentes países del continente como Ecuador, Venezuela y Brasil.

Quienes han seguido de cerca el trabajo de los negociadores resaltan siempre el enorme sacrificio personal que ha representado para cada uno de ellos. En el caso de Pearl esa cuota la ha cumplido con muchísimas horas ausente de casa pues al mes, al menos dos semanas está por fuera. Mientras los diálogos, Pearl ha tenido tres niñas y siempre le brillan los ojos cuando habla de ellas y de su esposa. Todos aprendieron a usar Skype para no extrañarse. Hace tres años, cuando el proceso con las Farc estaba en un momento trascendental, le diagnosticaron cáncer de próstata. El negociador se operó y trató esa enfermedad sin dejar de lado su trabajo en La Habana. Hoy está completamente recuperado.

La foto símbolo de esta nueva era, del apretón de manos entre Pearl y el líder del ELN Antonio García, es el resultado del trabajo de todos estos años.

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