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| 9/30/2013 12:00:00 AM

El ELN tiene toda la intención de hablar, pero…

La segunda guerrilla del país hace públicas cinco “diferencias” con el Gobierno en torno a una eventual agenda de diálogos.

En un editorial publicado este lunes en internet, el Ejército de Liberación Nacional hizo públicas las diferencias que tiene con el Gobierno en torno a la elaboración de una agenda para la apertura de un eventual proceso de negociación.

Los elenos sostienen que como el eventual reinicio de sus diálogos con el Gobierno ya está en las noticias, “la confidencialidad en este aspecto está rota, comenzando por los comentarios del presidente Santos” (quien se ha referido reiteradamente a la posibilidad de abrir conversaciones de paz con la segunda guerrilla del país).

En consecuencia, el ELN ratifica su disposición a hablar, pero hace públicas cinco grandes diferencias que lo separan de las posiciones del Gobierno en estos momentos. 

“Mientras el Gobierno pretende alcanzar en la mesa de diálogos la desmovilización y el desarme, el ELN considera que la mesa es para discutir los grandes problemas económicos, políticos y sociales que originaron el conflicto armado”. Así precisa la primera diferencia.

Las dos que la siguen están relacionadas: mientras para el Gobierno el conflicto se debe a la existencia de las guerrillas, para el ELN se debe a causas económicas, políticas y sociales. De allí que el primero aspire a la desmovilización de las guerrillas, y las segundas a un proceso “donde las dos partes se tracen un plan para superar la crisis, construir el nuevo país y alcanzar la paz”. 

Luego de un tiempo que no se precisa, “llegará un momento en el que las armas sobran y las guerrillas pueden cambiar su carácter por el de un movimiento político, pero esto será fruto del desarrollo y no por exigencia de la contraparte”.

Otro punto de discordia es la duración de los diálogos, relativamente corta para el Gobierno, mientras los elenos consideran que “el tiempo no puede ser camisa de fuerza”.

Por último, precisa el editorial, esta guerrilla aspira a que la agenda recoja “los pedidos y las exigencias de las comunidades” y les ofrezca “mecanismos para su participación en el proceso y en las definiciones”.

Estos cinco puntos (y “otras diferencias”, que el documento no precisa) explican por qué se ha demorado el inicio de un proceso con el ELN, que algunos dieron como un hecho hace ya varias semanas. 

Saltan a la vista las diferencias con el modelo que el Gobierno diseñó y ha venido adelantando en sus conversaciones con las FARC.

Para empezar, es evidente que en estos puntos reside la dificultad de llegar con el ELN a una agenda acotada, con temas específicos, como la que se acordó con las FARC luego de seis meses de conversaciones secretas en La Habana en el primer semestre del 2012 y que hoy sirve de base a las conversaciones que se adelantan allí.

Otra obvia complicación es que los elenos consideren que con ellos no hay confidencialidad y estén ventilando públicamente este tipo de discusiones que, probablemente, han tenido en privado con enviados del Gobierno para tratar de llegar a una agenda con la cual abrir conversaciones. Todo indica que el Gobierno, por su parte, prefiere un modelo similar al que ha tenido con las FARC, en el que la confidencialidad es uno de los pilares de la negociación.

Por último, la desmovilización –que es un objetivo central en cualquier negociación de paz con un grupo armado– queda remitida a un lejano futuro, luego de resuelta la crisis del país y conseguida la paz, según la concepción que esboza el ELN en este comunicado. Es evidente que tal idea es inaceptable no sólo para el Gobierno, sino para buena parte de la sociedad colombiana.
En el mensaje el ELN celebra el anuncio que han hecho algunos países de apoyar el proceso, aunque no menciona ninguno en particular, y reitera su disposición a retomar los diálogos de paz con este gobierno. Pero, con las condiciones que pone, lo que cabe preguntarse es si los elenos están seriamente dispuestos a emprender un proceso que, como el de las FARC, tenga como fin poner fin al enfrentamiento armado con el Gobierno y resulte en su desmovilización y su dejación de las armas. 

Si a lo que aspiran es a discutir cómo hacer la revolución en la mesa, concertar con ellos una agenda va a ser prácticamente imposible y se arriesgan, como han dicho no pocos analistas, a que los deje el tren.
 
Este es el texto del editorial, titulado ‘La paz una obra colectiva’.
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