Jueves, 18 de diciembre de 2014

| 2012/12/01 00:00

Diálogos: la frágil paz

La caída del respaldo al proceso y el aumento del pesimismo deberían llevar al gobierno a preguntarse si algo falla en su estrategia de comunicación. Y, a las Farc, a cuestionar su política de declaraciones altisonantes.

El proceso de paz entre el gobierno y las Farc en La Habana, Cuba, ha perdido respaldo entre la población. Foto: AP

La gran encuesta abre otro frente de preocupación: la paz. Si en septiembre 77 por ciento de los entrevistados respaldaban las negociaciones con las Farc, ahora 20 por ciento menos lo hace. Y la proporción de optimistas y pesimistas frente al resultado del proceso se ha invertido. Entonces, 54 por ciento creía que se llegaría a un acuerdo y a la desmovilización de las Farc, mientras 41 por ciento era escéptico. Hoy, esa proporción es exactamente opuesta: 54 por ciento cree que no. Y un 56 por ciento de los encuestados se dice en desacuerdo con la estrategia de total hermetismo del gobierno frente a lo que está pasando en La Habana.

La opinión pública frente a un proceso de paz es por definición frágil, voluble, en especial en un país como Colombia, que viene de la experiencia decepcionante del Caguán y de una década de demonización de la contraparte. Por eso, las encuestas sobre este tema deben tomarse con cuidado. A la vuelta de unas semanas, un anuncio positivo sobre un acuerdo en la mesa podría cambiar completamente la percepción ciudadana sobre el proceso. Además, la indignación y el pesimismo que despertó el fallo sobre el diferendo con Nicaragua seguramente contaminan los sentimientos frente a la mesa de La Habana.

Sin embargo, una caída de 20 puntos en el respaldo a la negociación no es un dato para ser desoído. Ni por las Farc, pese a que no crean en las encuestas, ni por el gobierno, para el cual la sostenibilidad del proceso depende en inmensa medida de la opinión pública. Más allá del ‘efecto Nicaragua’, lo que estos datos parecen reflejar es que en la Colombia urbana el tiempo corre en contra del proceso y que la estrategia de silencio total del gobierno frente al mismo y la de declaraciones diarias de las Farc pueden estar conspirando contra su éxito.

Han pasado tres meses desde que se hicieron públicas las conversaciones secretas con las Farc en La Habana y el acuerdo suscrito con ellas para enrutar la negociación. El jueves 29 terminó la primera ronda de 11 días, y los anuncios fueron parcos: el tema agrario apenas empieza a discutirse, habrá página web desde el 7 de diciembre y participación de la sociedad civil en un foro en Bogotá, diez días después, al que no asisten ni el gobierno ni la guerrilla. Anuncios de mecánica. Y solo desde el año entrante, cuando las propuestas de ese foro se reciban en la mesa, el 8 de enero, empezará en serio la discusión del primer punto de la agenda, casi seis meses después de firmado el acuerdo de La Habana.

Esos tres meses de limbo, durante los cuales solo tuvieron lugar la instalación en Oslo y el discurso de Iván Márquez, son, seguramente, responsables del creciente pesimismo frente al proceso. Pese a la buena nueva del cese unilateral de hostilidades, la intervención del segundo hombre de las Farc y las múltiples entrevistas de sus compañeros reforzaron la percepción de que esta guerrilla no va por un final negociado del conflicto sino por una conversación prolongada sobre todos los temas del país (por algo la ya muy desfavorable imagen de su comandante, Timoleón Jiménez, subió 7 puntos, de 74 a 81 por ciento).

Puede que vengan anuncios que cambien esa tendencia, pero, en términos prácticos, para la percepción pública, el resultado del proceso entre agosto y noviembre, es mínimo. El tiempo conspira contra el respaldo popular a la negociación. El gobierno parece entenderlo claramente, pero no así las Farc.

Esto explica el pesimismo. Pero la caída del respaldo al proceso, que es aún más pronunciada, tiene otra razón. Paradójicamente, lo que más necesita la negociación para su éxito se ha vuelto una espada de doble filo: el total silencio del gobierno está afectando negativamente el apoyo público a las negociaciones en Cuba. Es elocuente que la imagen desfavorable de Humberto de la Calle, jefe de los negociadores del gobierno, aumentó de 27 a 43 por ciento.

No se trata de que los voceros del gobierno empiecen a competir en declaraciones cotidianas con las Farc. Eso llevaría lo que se discute en la mesa “a los micrófonos”, como previno De la Calle. La estrategia de discreción absoluta sobre lo que hablan los negociadores es tan adecuada como las condiciones que han impedido que sus sesiones se conviertan en un show mediático como el del Caguán. Sin embargo, ese silencio oficial se ha traducido en que no se ve la necesidad de hacer la indispensable pedagogía sobre el proceso, su justificación y su necesidad.

Sin necesidad de polemizar con la contraparte, sí hace falta explicar, explicar y explicar: por qué se está negociando, a qué aspira el gobierno, cómo es el proceso y en qué consiste la estrategia oficial son temas que han sido objeto solo de declaraciones aisladas, no parte de una campaña sistemática. Hablar sobre esto no implica romper la discreción en torno a lo que rodea la mesa, que debe mantenerse. Pero la pedagogía es indispensable para generar comprensión y apoyo al proceso entre la opinión.

Un elemento que añade confusión es la falta de coherencia en los pronunciamientos oficiales. Voces que deben hablar no lo hacen (el comisionado de Paz, Sergio Jaramillo no habla públicamente del tema); de vez en cuando se pronuncian el presidente o el ministro de Interior, y Lucho Garzón, que debía llevar la batuta del ‘diálogo social’ ha desaparecido en los pasillos de Casa de Nariño y escribe un blog personal. La única voz que sí se oye a diario le resta coherencia al discurso oficial: mientras en La Habana el alto gobierno habla con las Farc, el ministro de Defensa las tacha de “mentirosas y traidoras”. No es un mensaje muy consistente el que envía a la opinión pública el gobierno, legitimando con una mano a las Farc como interlocutor en La Habana, mientras con otra, en Bogotá las descalifica por completo. Una cosa es proseguir la ofensiva militar y otra, la guerra verbal.

Esta falta de unidad en el discurso oficial y la ausencia de una estrategia pública de pedagogía sobre el proceso explican, en parte, las preocupantes cifras de la Gran Encuesta en materia de paz. Por otro lado, mientras el gobierno calla o envía mensajes contradictorios, las Farc llenan a diario el escenario con propuestas y declaraciones que, a menudo, refuerzan las prevenciones o las dudas que en amplios sectores del país existen frente al proceso de paz con ellas. Márquez y sus compañeros también harían bien en leer la encuesta con cuidado. El tiempo corre, y si la mesa no adquiere una dinámica que arroje avances claros, así sean modestos, la tendencia a que siga cayendo el respaldo público al proceso de paz no será fácil de revertir.
 
Ficha Técnica

Persona natural o jurídica que la realizó: Ipsos Napoleón Franco, inscrito ante el Consejo Nacional Electoral. Encomendada y financiado por: Alianza de Medios, RCN Radio, RCN Televisión, La FM y Revista SEMANA. Grupo objetivo: Población general, hombres y mujeres, mayores de 18, de estratos sociales 1 al 6, residentes habituales de las áreas urbanas de 13 municipios en Colombia, seleccionadas aleatoriamente entre las 28 poblaciones con más de 200.000 habitantes el país, de modo que se trata de una muestra representativa del 67% de la población urbana adulta. Para esta medición, el grupo objetivo incluye además a los residentes en San Andrés Isla. Tamaño de la muestra: 1.006 encuestas reales, 1.006 encuestas ponderadas por nivel socioeconómico, género y rangos de edad, con base en información del Censo DANE 2005 con proyecciones de población 2012, para la muestra ‘continental’ y 153 encuestas para la muestra de San Andrés Isla. Técnica de recolección de datos: Mezcla de entrevista personal y telefónica en hogares. Se realizaron entrevistas telefónicas únicamente en estratos 4, 5 y 6 de algunas de las ciudades, mientras que las entrevistas presenciales fueron en estratos 1, 2 y 3 de todas las ciudades, y para estratos 4 al 6 en algunas de ellas (según penetración telefónica y cantidad de hogares en estos estratos). En San Andrés Isla, la totalidad de la muestra se realizó personal. Margen de error observado: Para el total de la muestra ‘continental’, 3,1% con 95% de confianza para fenómenos de ocurrencia del 50%; Para la muestra en San Andrés Isla 8.0% con 95% de confianza para fenómenos de ocurrencia del 50%. Entidades por las que se indagó: Corte Suprema de Justicia; Congreso de la República; Corte Constitucional; Partido Liberal; Partido Conservador; Partido Cambio Radical; Polo Democrático Alternativo; Partido de la U; Partido Verde; Grupo guerrillero FARC; Iglesia Católica; Fuerzas Militares de Colombia; Policía Nacional; Grupo guerrillero ELN; Grupos paramilitares; Medios de comunicación; BACRIM o nuevas Bandas Criminales; Nicaragua como país. Tipo de la muestra: Para la muestra ‘continental’: Muestreo estratificado, multietápico, primera etapa selección de municipios, segunda etapa selección de secciones cartográficas, tercera etapa selección de manzanas a visitar (en cada conglomerado se seleccionan los hogares a entrevistar). Para las entrevistas telefónicas, muestreo aleatorio a partir de bases de datos propiedad de Ipsos-Napoleón Franco. El método de selección del entrevistado en el hogar, es la persona presente en el hogar y residente habitual del mismo, mayor de 18 años, próxima a cumplir años. Para la muestra en San Andrés: Muestreo por cuotas en varias etapas, primera etapa selección de sectores, segunda etapa selección de hogares y por último selección de la persona a ser entrevistada. Muestra autoponderada. Preguntas concretas que se formularon: Ver cuestionario anexo. Tema o temas a los que se refiere: Seguimiento a la opinión de los colombianos sobre el rumbo del país, el gobierno del Presidente Santos y otros temas de opinión de actualidad nacional. Fecha de realización del trabajo de campo: Del 23 al 25 de Noviembre de 2012. Personajes por los que se indagó: Alejandro Ordóñez; Álvaro Uribe; Angelino Garzón; Barak Obama; Gustavo Petro; Hugo Chávez; Juan Manuel Santos; Rafael Correa; José Roberto León Riaño; Eduardo Montealegre; Sandra Morelli; Humberto de la Calle Lombana, Rodrigo Londoño Echeverri alias “Timochenko”; Daniel Ortega; María Angela Holguín; Mauricio Cárdenas; Juan Carlos Pinzón; Germán Vargas; Juan Camilo Restrepo; Fernando Carrillo Flórez ; Comandantes Fuerzas Militares; Ministros y principales funcionarios del Presidente Juan Manuel Santos. Área / Cubrimiento: Área urbana de Armenia; Bogotá; Barranquilla; Cali; Envigado; Floridablanca; Itagüí; Manizales; Medellín; Montería Palmira; Soacha y Soledad; San Andrés Isla. Para acompañar cualquier publicación de los resultados, considerando la legislación vigente, la siguiente ficha técnica debe ser incluida en su totalidad.


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