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| 3/8/2014 3:00:00 AM

Recriminaciones en La Habana

Pese a que tienen puntos en común y pronto cumplirán cuatro meses hablando del tema, las Farc y el gobierno no logran ponerse de acuerdo en materia de drogas ilícitas.

En un agrio cruce de recriminaciones y sin anunciar acuerdos terminó la ronda número 21 de conversaciones entre el gobierno y las Farc en Cuba. Aunque nadie esperaba resultados significativos antes de las elecciones de Congreso, no es esta una buena noticia para el proceso, y habrá que ver cómo esa falta de avances influye en las votaciones este 9 de marzo.

El pasado jueves se cumplieron casi 16 meses desde que se iniciaron las negociaciones públicas entre el gobierno y las Farc en La Habana. Aunque ha habido evidentes progresos y se han suscrito con esa guerrilla acuerdos sin precedente en materia de desarrollo rural y participación política, no hay señales de avance en el tercero de los seis puntos de la agenda, drogas ilícitas. Se comenzó a hablar del mismo en noviembre del año pasado pero, transcurridas seis rondas desde entonces, solo se han anunciado acuerdos, aún muy parciales, en el primero de los tres subpuntos que componen el tema.

Como para reforzar la sensación de estancamiento, al término de esta ronda no hubo comunicado conjunto y las partes se cruzaron duras pullas.

Iván Márquez, jefe negociador de la guerrilla, terminó una breve intervención ante la prensa en la que resumió las 50 “propuestas mínimas” que las Farc han presentado sobre drogas ilícitas con una proposición y una frase que molestó inmensamente al gobierno. Frente a los llamados del ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, a que esa guerrilla hable de sus vínculos con el narcotráfico, Márquez sostuvo que las Farc han expuesto “de manera suficiente” sus verdades en el tema y propuso crear otra comisión de la verdad “sobre la empresa capitalista transnacional del narcotráfico”. Y acusó a Pinzón de recibir “prebendas, dotes, gangas y canonjías, apartamentos y gomina” de supuestos negociados en el Ministerio de Defensa

A los pocos minutos, Humberto de la Calle, jefe negociador del gobierno tronó en público como pocas veces lo ha hecho. Dijo que el gobierno se niega al “camino absurdo” de embarcarse “en el juego que pretenden montarnos las Farc de convertir la Mesa de Conversaciones en un ring de boxeo”, pero soltó frases de boxeador. Les dijo que no acepta que “se conviertan en jueces de las instituciones y los funcionarios”. Y que “con su lenguaje desmedido están minando la confianza y creando obstáculos”.

Que la sexta ronda de conversaciones sobre drogas ilícitas acabe con las Farc hablando hasta de la gomina del ministro y el gobierno regañándolas, no es la mejor señal. Es difícil estimar qué tanto puedan haber avanzado en sus conversaciones reservadas ambas partes. Pero, a juzgar por el tono público al término de esta ronda, el balance no es alentador.

A todo esto se añaden la bomba que el pasado 25 de febrero causó cuatro muertos en un supermercado de Quibdó y los rumores que circularon la semana pasada sobre una presunta renuncia del general Jorge Enrique Mora como negociador. El general los desmintió categóricamente. Aunque las Farc no tienen un récord de poner bombas en la capital chocoana, las autoridades han señalado al frente 34 como presunto autor, y esta guerrilla no se ha pronunciado, a diferencia de lo que hizo luego de otro atentado en Pradera, Valle, a mediados de enero pasado. Ambos hechos han contribuido a enrarecer el ambiente en torno al proceso. Y el expresidente Uribe aprovechó para hacer una parada en Quibdó en la recta final de su campaña electoral al Senado.

Más allá de todos estos incidentes, es un hecho que el proceso no pasa por su mejor momento. No habría que exagerar el pesimismo: en los puntos previos transcurrieron varios meses antes de que se llegara a acuerdos. Pero ahora, a todas luces, las Farc han decidido no hacer concesiones antes de las elecciones parlamentarias, probablemente a la espera de sus resultados, en particular respecto a los del uribismo. Cómo influya en la votación esta falta de avances está por verse. Pero que el proceso estará en suspenso al menos hasta las elecciones presidenciales parece fuera de duda.

El pronóstico para la ronda 22, que arranca el 20 de marzo, no es el más optimista.
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