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| 4/11/1988 12:00:00 AM

DICIENDO Y HACIENDO

El triunfo de Andrés Pastrana, más que a la suerte, obedece a una estrategia fríamente calculada desde hace dos años

DICIENDO Y HACIENDO, Sección Nación, edición 306, Apr 11 1988 DICIENDO Y HACIENDO
Era casi imposible que el alcalde de Bogotá no fuera liberal. Se requería mucha mala suerte y cometer muchos errores por parte de los liberales, y muy buena suerte y muchos aciertos por parte del conservatismo. Todos estos requisitos se cumplieron.
Por el lado liberal más que un error hubo un concierto de errores. El mayor de todos, el de la división. A diferencia de las históricas divisiones liberales cuando no se sabía lo que iba a pasar, hoy, con las encuestas, el resultado prácticamente se sabe de antemano. Era un suicidio. Independientemente de la polémica sobre cuál de los dos candidatos liberales, Carlos Ossa o Juan Martín Caicedo, tenía más fuerza, lo que nunca estuvo en tela de juicio fue que divididos ninguno de los dos podía ganar. Sin embargo en política, particularmente en política colombiana, la victoria del partido contrario a veces es menos grave que la del contendor del mismo partido, y eso fue lo que sucedió. Luis Carlos Galán y Ernesto Samper prefieren a Andrés Pastrana como alcalde que a las fuerzas de Carlos Lleras, Hernando Durán Dussán, Alberto Santofimio, Rafael Forero y Alfredo Guerrero Estrada. Estos, a su turno, prefieren al delfin conservador que a los "renovadores" de Sagasa. Y por cuenta de estas rivalidades en la cúpula, el Partido Liberal perdió imbécilmente el segundo puesto más importante del país.
Pero además de la suerte de la división liberal para los conservadores, estos tuvieron un singular acierto. O por lo menos lo tuvo Andrés Pastrana: en primer lugar, no aceptó la Alcaldía de Bogota cuando se la ofreció Belisario Betancur, en los melancólicos días de Hisnardo Ardila y Diego Pardo, lo que probablemente lo habría quemado. En segundo lugar, y esto sin duda es el mayor acierto, rechazó la posibilidad de integrar las listas para congreso en las pasadas elecciones, lo cual lo habría inhabilitado. Como las disposiciones de la elección de alcaldes exigen que los candidatos no formen parte de las corporaciones públicas, casi todos los políticos con prestigio y con votos están impedidos para aspirar. Pastrana Jr. hábilmente se marginó del proceso electoral pasado, convirtiéndose en el único peso pesado que quedaba en disponibilidad para ser alcalde. No podían ser ni Galán ni Samper ni ninguna otra figura nacional del liberalismo, pues todos estaban en el Senado o en la Cámara. Por eso se tuvo que recurrir a candidatos como Caicedo Ferrer y Ossa, que a pesar de haber llevado a cabo buenas campañas, no dejaban de ser pesos medianos o inclusive ligeros para el elector promedio. Pastrana, por el contrario, no sólo ya habia pasado por el Concejo de Bogotá, sino que su breve carrera como presentador de noticias puede haber sido el factor determinante de su triunfo. A esto debe sumarse la circunstancia de su secuestro y liberación, que constituyó sin duda alguna un golpe de suerte política, no soñado ni en el escenario más optimista con que podrian soñar los conservadores.
El triunfo de Andrés Pastrana es un triunfo personal de él y no de su partido. Además de su estrategia, ya mencionada, trazada hace más de dos años, de cambiar el Congreso por la televisión, la campaña la adelantó con gran altura. Mientras la campaña de sus adversarios se caracterizó por el negativismo y la agresión, la del joven conservador siempre fue cordial y positiva. Su campaña de publicidad fue la mejor. Más significativo aún resultó su magistral manejo de la televisión. En esto, su único rival en el país en la actualidad es Luis Carlos Galán.
Existe, sin embargo, una gran incógnita sobre el nuevo alcalde. A pesar de ser un gran comunicador, e inclusive un hábil político, su inexperiencia en materia administrativa es casi total. El manejo de la capital de la República con un presupuesto de cerca de 500 mil millones de pesos y deudas de cerca de 300 mil millones es mucho más complejo que el de empresas gigantescas como Bavaria, Avianca o Coltejer. Y la hoja de vida de Andrés Pastrana en esta materia apenas registra breves periodos en la gerencia de la revista Guión y el noticiero TV-Hoy, antes de convertirse en periodista. Habrá que ver si su recursividad para hacerse elegir es igual a su recursividad para ejercer el cargo de alcalde.
En todo caso, Andrés Pastrana es hoy por hoy, el mayor activo con el que cuenta el partido conservador en el futuro. Como se decía de Belisario Betancur, es el único que tiene mucho más votos que su partido, requisito sine qua non de un partido minoritario para llegar al poder.
Con escasos 33 años, es seguro que Andrés Pastrana estará en las papeletas de más elecciones en Colombia. Y es seguro que el próximo cargo al que aspirará no será propiamente el de alcalde.

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