Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/12/28 00:00

Diego Palacio asume, en serio, como Ministro de la Protección Social

Fuentes cercanas al funcionario describieron el comportamiento, las decisiones y los comentarios que hizo cuando llegó a ocupar su cargo.

El ministro Palacio explotó en ira. Algunos funcionarios casi se ríen de él.

Después de un letargo* de siete años, el ministro de la Protección Social, Diego Palacio, llegó a su oficina y se posesionó de su cargo.

Lo primero que hizo Palacio fue revisar el estado de todas las tareas del Ministerio. Fue tal el desastre de todo lo que ha pasado en este tiempo, que el funcionario estalló en ira.

“¿Alguien puede explicarme por qué este ministerio tiene una base de datos paralela a la de la Registraduría? ¿Es que acaso quieren suplantar las funciones del único organismo encargado de llevar la cuenta de la gente que nace y la que se muere? ¿No les parece que tenemos suficiente trabajo con todo lo que tiene que ver con la salud y el empleo de este país?”, dijo Palacio, muy ofuscado.

Pero la furia reventó del todo cuando, mirando reportes de prensa (porque los de sus funcionarios no le parecieron confiables), se dio cuenta de quiénes administran la base ‘para’. “¡Por Dios! Miren, y las encargadas de manejar la base de datos son dizque las EPS. ¿Pero no ven que vienen engañándonos desde hace años para cobrarnos cosas que deberían estar cubiertas por el plan de salud?”, cuestionó, a punto de darle golpes a la mesa.

Luego, tomó una carpeta cuyo nombre llamó su atención: Pila. Pareció calmarse por un rato, pero, de repente, se levantó de un bote. “El que se inventó esto no tiene vergüenza. ¿Cómo se les ocurre obligar a la gente de bajos recursos a pagar salud y pensiones? ¿Con qué van a comer? Ahora no me vengan a decir, mis funcionarios, que la idea es que la gente no coma para que se enferme y le toque ir a las EPS, que obviamente no van a solucionar nada, y así nunca nadie llegue a viejo para jubilarse”, dijo, gritando ante un cúmulo de funcionarios que intentaron reírse.

Consideró que los temas de salud ya le habían generado bastante malestar. Entonces quiso conocer cómo están los asuntos laborales, pero su rabia no amainó. “¿Cómo así que desde 2005 no hay concertación del salario mínimo y que el Ministerio ha decretado las pírricas ofertas de los empresarios en vez de las de los trabajadores?”, cuestionó.

“Sólo una persona sin corazón puede tomar semejantes decisiones tan perjudiciales para los trabajadores de este país”, afirmó, ya con mucha indignación.

Y así sucesivamente, donde iba metiendo la mano se iba ofuscando cada vez más.

Después de dar un par de vueltas por su oficina con una mano en el mentón y en silencio (parecía estar pensando), se tomó los pantalones y dijo: “me tocó asumir como ministro ahora sí”.

Impartió órdenes sensatas sobre cómo resolver el descalabro que hay en esa cartera y luego les hizo una temeraria advertencia a sus funcionarios. “Y no quiero escuchar nunca que alguno de ustedes está negociando votos con ningún congresistas a cambio de decisiones que favorezcan al Presidente y menos su reelección. ¡Eso no se hace!”.

Ya para despedirse y dejar trabajar a los empleados del Ministerio que se reunieron con él para recibirlo en su posesión, Palacio se paró en la ventana de su despacho. Uno de los funcionarios le contó a Semana.com que alcanzó a escuchar al Ministro cuando se dijo a si mismo “es el colmo que uno no pueda tener siete años de letargo* porque todo se vuelve un caos”.

*Semana.com aclara que la palabra ‘letargo’ tiene tres significados, según la Real Academia de la Lengua Española:

1. Síntoma de varias enfermedades nerviosas, infecciosas o tóxicas, caracterizado por un estado de somnolencia profunda y prolongada.

2. Sopor, modorra.

3. Período de tiempo en que algunos animales permanecen en inactividad y reposo absoluto.

Cada quien aplicará el que considere que más se acomode al contexto en que se usa la palabra.

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