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| 1/17/1983 12:00:00 AM

DIETAS: NO, NO, NO...SI

Después de tres objeciones, Betancur sanciona finalmente la ley de dietas.

"La paz sea entre el ejecutivo y el legislativo", le decía Abelardo Forero Benavidez al presidente Betancur, al tiempo que apuraba su copa de champaña. La frase, si bien sintetizaba el ambiente del momento, no podía sanar totalmente las cicatrices que habían dejado las escaramuzas entre el ejecutivo y el legislativo, con ocasión del problema de las dietas.
Y no era para menos. Tres horas antes de la clausura del Congreso y después de muchas objeciones, el presidente Betancur le había puesto fin al lastimoso debate que, desde octubre, estaba minando las relaciones entre los dos poderes. En una culminación casi forzosa de la lucha que los parlamentarios habían iniciado en procura del aumento de las dietas, el presidente Betancur había sancionado la ley que establecía el aumento de los sueldos a 150 mil pesos.
Como bien se sabe, la historia había empezado en octubre, cuando los 200 mil pesos mensuales que los congresistas habían propuesto como sueldo, recibieron un fuerte rechazo por parte del primer mandatario y de la opinión pública. Luego, la fórmula de los 150 mil pesos fue objetada por Belisario a principios de diciembre, alegando inconstitucionalidad e inconveniencia para el país. Esto le costó al presidente la popularidad que tan hábilmente había ganado entre los congresistas desde los primeros días de su gobierno. Muchos pensaban que se trataba de una posición de principio y que, al presentarse de nuevo, serían aprobadas. Pero el lunes pasado, el presidente, dándole prioridad a sus relaciones con el electorado más que con el congreso, las volvió a objetar. Esta vez la copa se derramó. Los parlamentarios, indignados, no sólo declararon infundadas las objeciones del gobierno, sino que acusaron al ejecutivo de usurparle funciones al legislativo y de hacer demagogia con la imagen pública del Congreso.
Lejos de hacer un acto de contrición, el Congreso desafió abiertamente al presidente, aprobando en tres días de sesiones maratónicas, una ley de aumento de dietas por el mismo monto, obviando el tecnicismo constitucional que había sido invocado. Esta vez lo que se esperaba era que el presidente las volviera a objetar y que el Congreso considerara esa objeción sin fundamentos.
Sin embargo, el presidente logró, una vez más, desafiar todos los presagios y sancionó las dietas, escasos tres días después de haberlas objetado.
Señalando que "el gobierno entiende plenamente la justificación del ajuste y sabe que el parlamento debe estar dotado de todos los instrumentos necesarios para su eficaz tarea", el presidente pareció ceder en cuestiones de principio por consideraciones estratégicas, aunque "sigue creyendo que la proporción aprobada excede los topes que considera máximos para contener el proceso alcista del costo de la vida".
Las críticas de oportunismo no se hicieron esperar. Sin embargo, no se puede decir aún si el balance fue favorable o no para el jefe del Estado. Todo dependerá de si la opinión pública recuerda más las objeciones iniciales que la aprobación final. Exactamente lo contrario sucederá con el Congreso.
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