Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1997/03/24 00:00

DIEZ AÑOS DESPUES

Cayó el hombre que coordinó para Pablo Escobar el asesinato de Guillermo Cano.

DIEZ AÑOS DESPUES

A comienzos de diciembre pasado el general Rosso José Serrano se encontraba en su despacho hojeando los periódicos de la mañana y un titular le llamó la atención: 'Se cumplen 10 años del magnicidio de Guillermo Cano'. Leyó la pequeña nota y en ella encontró que uno de los autores intelectuales del homicidio, que había sido condenado por una juez a 16 años y ocho meses de prisión, todavía continuaba huyendo de la justicia.Cuando terminó de leer la noticia Serrano se comunicó con su director de inteligencia y le solicitó diseñar un plan encaminado a capturar a Luis Carlos Molina Yepes, el último eslabón del magnicidio de Cano. No fue una tarea fácil. Los investigadores trabajaron varios días en busca de pistas sobre Molina sin éxito. Consultaron los archivos de la Registraduría Nacional, pero de allí habían desaparecido todos sus datos. Las autoridades antioqueñas tampoco sabían de su paradero. A finales de diciembre y con las manos vacías, los hombres de inteligencia decidieron acudir a sus 'agentes dormidos'. Este grupo, que no hace parte de la red de informantes, está conformado por civiles que sólo entran en acción en casos muy especiales. Días después los 'agentes dormidos' establecieron que Molina vivía en la capital. Que era socio de José Armando Castañeda en una fábrica de cristales, localizada en el barrio Rionegro al norte de Bogotá. Pero el dato más importante que recibió el grupo de inteligencia fue que Castañeda -su socio- era físicamente muy parecido a Molina y que debían tener cuidado para no equivocarse en el momento de la captura.El grupo de inteligencia montó una fachada frente a la fábrica de cristalería y durante varias semanas filmaron a todas aquellas personas que ingresaban al lugar. Después realizaron seguimientos selectivos y montaron vigilancia en algunas residencias, pero Molina no apareció por ninguna parte. Por fin la suerte los acompañó el 17 de febrero. Ese día Castañeda salió al mediodía de la fábrica y comenzó a caminar en dirección de la avenida Suba. Tres minutos después fue recogido por una persona que se desplazaba en un pequeño vehículo. Los hombres de inteligencia comenzaron a seguirlos. Más tarde los dos sujetos ingresaron al exclusivo restaurante Banana Boat. A la una en punto un oficial de inteligencia se acercó a la mesa de Molina y le dijo: "Por las buenas o por las malas, usted está detenido".
Bajo perfil
La historia de Molina está llena de secretos y misterios. Según las autoridades, él era una de las personas más importantes dentro del cartel de Medellín. Fue señalado por la justicia como la persona que, por orden de Pablo Escobar, había pagado tres millones y medio de pesos a los sicarios que asesinaron a Guillermo Cano. Su vida en el mundo del narcotráfico se inició a mediados de los 80. Se le conocía con el alias de 'El Míster', su trabajo consistía en fletar aviones para viajar a las Bahamas y al golfo de México para recoger los millones de dólares producto de la venta de droga en Estados Unidos. Con las ganancias de ese negocio rápidamente se convirtió en un hombre millonario. Según las mismas autoridades, Escobar lo nombró como tesorero del 'fondo común'. Cada socio de Escobar tenía que hacer un aporte de un millón de dólares que serían destinados a financiar la guerra que desató contra el Estado. A mediados del 90 montó una casa de cambios en Envigado. En un allanamiento realizado por el Bloque de Búsqueda los agentes encontraron los comprobantes de pagos a los sicarios que asesinaban policías en Medellín. Después del asesinato de sus socios, los Moncada y los Galeano, ordenado por Escobar en la cárcel La Catedral, Molina mandó a dos abogados al Valle del Cauca para informarles a los Rodríguez que él no quería saber más de guerras y que estaba dispuesto a colaborar. Muy pronto se convirtió en informante del Bloque de Búsqueda, pero nunca le dio la cara las autoridades Cuando Escobar se enteró de que Molina lo había traicionado ordenó el secuestro de una de sus pequeñas hijas y exigió tres millones de dólares por su rescate. En ese caso se vio envuelto el jugador René Higuita, quien intervino para que Escobar devolviera a la pequeña. Después de ese episodio el Bloque perdió el rastro de Molina, quien había invertido parte de su fortuna en negocios como centros comerciales y fábricas de embutidos. Sólo volvieron a tener noticias de él cuando el pasado lunes fue detenido por los hombres de inteligencia de la Policía.

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