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| 2/24/1986 12:00:00 AM

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El tema de las alianzas oficialistas con la UP le pone pimienta a las parlamentarias

Si algún interés comenzaron a cobrar las elecciones presidenciales gracias al debate sobre el enfrentamiento televisado de los candidatos Gómez y Galán, algo similar pareció ocurrir en lo referente a las elecciones parlamentarias con la polémica que surgió alrededor de las alianzas de algunos sectores del oficialismo liberal con la Unión Patriótica, brazo político de las FARC. En cinco departamentos (Huila, Tolima, Caldas, Antioquia y Caquetá), dirigentes oficialistas han llevado a cabo pactos con la UP para conformar listas conjuntas o para apoyarse unos a otros a través de listas separadas.
La cuestión podría haber sido el desenlace obvio de la llamada apertura democrática. Podría haber sido, si no fuera porque el oficialismo liberal fue precisamente el que con más tenacidad planteó interrogantes y obstáculos al proceso de paz iniciado por el presidente conservador, Belisario Betancur. Y si no fuera porque el partido del Presidente es precisamente el que más se ha opuesto ahora a las alianzas electorales con la UP.
Estos pactos también han sido condenados por el candidato del Nuevo Liberalismo, quien los buscó originalmente en su propuesta inicial del "suprapartidismo" y ahora ha preferido oponerse tildándolos de "alianzas mecánicas", no sin que muchos vean en esta actitud algunas contradicciones. Alvaro Gómez también ha condenado estas prácticas y los diferentes movimientos conservadores regionales se han mantenido al margen de cualquier alianza.
Por su parte, el candidato liberal Virgilio Barco se encontró de pronto entre dos fuegos. Por un lado, los dirigentes regionales que han celebrado los pactos con la UP, tienen peso específico e invocan autonomía regional en sus decisiones. Por el otro, voces influyentes dentro del partido como el diario El Tiempo y el ex presidente Julio César Turbay, ejercen una gran presión en contra de estas maniobras. A esta tendencia pertenece también el ex presidente Mosquera Chaux, quien dijo a SEMANA: "Yo voté a favor de esta apertura para que estos señores se dejaran contar y de una vez por todas se acabara el mito de inmensa fuerza convertida en guerrilla, pero ahora, con lo que está pasando, va a ser muy difícil contarlos".
En sus primeras declaraciones al respecto, Barco parece haberse solidarizado con esta línea dura, al manifestar el viernes a la prensa que el Partido Liberal ni autoriza, ni patrocina, ni permitirá que esas alianzas se registren como suyas.
En cierto modo, Galán tiene razón cuando califica las alianzas de "mecánicas". Más allá de los comunicados y de la búsqueda de plataformas mínimas conjuntas, lo cierto es que sólo un interés electoral parece haber llevado a los dirigentes oficialistas Guillermo Plazas, Guillermo Alfonso Jaramillo, Félix Tovar, Alvaro Uribe Vélez y Víctor Renán Barco a negociar con la UP. En cuanto a los 4 primeros, se trata de candidatos en cierto modo débiles que se están enfrentando al gran cacique de su respectivo departamento. Renán Barco, por su parte, es el gran cacique de Caldas, pero parece estar buscando un segundo renglón para el Concejo de Chinchiná, municipio donde ha pactado con la UP. El propio Plazas confirma esta hipótesis al declarar que "si yo creyera que tengo los votos suficientes, no buscaría alianzas ni con la UP ni con nadie".
Pero aparte de esto, hay que reconocer que estos pactos tienen algunos orígenes históricos. En primer lugar, durante la Violencia, liberales y comunistas fueron considerados como enemigos comunes del conservatismo, fenómeno que una vez superado, dejó algunas secuelas cuando el MRL de Alfonso López Michelsen incluyó en sus listas a dirigentes comunistas como Juan de la Cruz Varela, en los inicios del Frente Nacional, cuando el artículo 120 no dejaba ninguna otra posibilidad de acomodo político para la izquierda.
Pero lo más curioso de estas alianzas es que tres de los cinco dirigentes oficialistas que las han protagonizado parecen contar en su pasado con alguna confrontacion directa y grave con las FARC. Jaramillo y Tovar estuvieron supuestamente secuestrados por ese grupo guerrillero hace algunos años. Por su parte el padre de Alvaro Uribe Vélez fue asesinado por las FARC. Algunos justifican esto con otros antecedentes históricos, como el hecho de que dirigentes liberales cuyas residencias fueron quemadas durante el gobierno conservador en los años 50, hubieran aceptado pactar con los godos siete años después para tumbar a Rojas Pinilla y crear el Frente Nacional. La discusión está lejos de haber terminado, pero sin duda ha puesto algo de pimienta a las tradicionalmente aburridas campañas para las elecciones parlamentarias. --
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