Sábado, 21 de enero de 2017

| 2008/04/19 00:00

Diplomáticamente vamos de mal en peor. ¿en qué estamos fallando?

El ex canciller Rodrigo Pardo García-Peña le responde a María Isabel Rueda.

El discurso anti-terrorista no es en este momento el adecuado, porque con él no nos acompañan en América Latina

M.I.R.: Muy malas estas últimas semanas para la situación diplomática de Colombia. Comencemos por el presidente Chávez, que parece haber entrado en una etapa de calma. ¿Cree que con Venezuela ya pasó lo peor?
R.P.: Chávez está en calma chicha. Hemos visto que las calmas de Chávez no son duraderas.

M.I.R.: Con Ecuador es cada vez peor la situación…
R.P.: Muy mala. Estamos peor que cuando supuestamente fuimos a arreglar el problema a Santo Domingo.

M.I.R.: Aunque fue Correa quien incumplió primero el compromiso de bajarle el tono al diferendo…
R.P.: Sí, pero lo que importa no es de quién es la culpa sino cómo se arregla el problema. Caer en la dinámica de cuál da declaraciones más duras no ayuda. Creo que el interés nacional de Colombia debe ser normalizar las relaciones con Ecuador.

M.I.R.: ¿No será que Colombia ha sido muy paciente ante las ambivalencias de Ecuador frente al tema de las Farc, hasta que al fin al Presidente se le voló la piedra?
R.P.: La diplomacia no debe ser un problema de piedras ni de alharacas. La diplomacia consiste en lograr los objetivos nacionales. Un tono más bajo por parte de Colombia ayudaría. Fíjese que todos esos ataques y payasadas de Chávez contra Bush nunca los contesta la Casa Blanca y mucho menos el Presidente. No porque Estados Unidos tenga una diplomacia débil, sino porque eso no le conviene.

M.I.R.: Esa consideración, que me parece muy válida, ¿nos lleva a concluir, como dicen algunos, que no tenemos Canciller?
R.P.: Indudablemente nos falta Cancillería, pero más que falta de Canciller, hay un estilo del Presidente que se aplica con éxito en otras áreas del gobierno, que consiste en asumir él personalmente el manejo de los temas.

M.I.R.: Entonces, ¿cree que lo que hace falta es menos Presidente poniendo directamente la cara en todos los problemas de las relaciones con Colombia?
R.P.: Cuando un Presidente como Uribe tiene como prioridad y como bandera de gobierno la seguridad, la diplomacia queda más afectada por el énfasis en la defensa que en la diplomacia. Creo que el Presidente no está muy preocupado por el distanciamiento con Ecuador, porque ese finalmente es el precio que hemos tenido que pagar por un logro muy grande como fue haber dado de baja al número 2 de las Farc, que para muchos era el número 1. Pero estamos haciendo una diplomacia muy en función de lo militar, lo que crea unos problemas muy grandes porque la diplomacia es casi la antítesis de lo militar, de la fuerza. No se trata de no luchar contra las Farc para tener buenas relaciones con los vecinos, sino de hacerlo de una manera en la que sea más factible que vecinos y países amigos se pongan del lado de Colombia y no del de las Farc.

M.I.R.: Pero el gobierno no suelta su discurso antiterrorista…
R.P.: Pues me parece que ese discurso no es el apropiado, porque con él no nos acompañan. Salvo Estados Unidos (y de una manera que no es convincente, como lo vimos en el caso del TLC) y Europa a regañadientes, no nos acompañan en América Latina.

M.I.R.: ¿Estaría entonces de acuerdo con lo que el general Óscar Naranjo, director de la Policía, dijo la semana pasada en esta entrevista, en el sentido de que la política de seguridad democrática ha funcionado muy bien hacia adentro, pero muy mal hacia afuera?
R.P.: Estoy totalmente de acuerdo. Hay como un error de percepción en considerar que lo que funciona es ser duros afuera, en lugar de ser blandos afuera. La escogencia no es entre duros y blandos, sino entre inteligentes y torpes. La fuerza de la posición de Colombia no se logra con un discurso agresivo, sino con uno inteligente. Hay que pensar cuáles son los argumentos que pegan en América Latina. Moderar el discurso hacia el centro, andar menos pegados a Bush, y en cambio más cerca de las corrientes mayoritarias en América Latina, nos permitiría encontrar más apoyo.

M.I.R.: Ahora sólo falta que el mapa de esas "corrientes ideológicas latinoamericanas" se complete con el triunfo en Paraguay del ex obispo de izquierda Fernando Lugo, muy pro Farc, según dicen…
R.P.: Hay que ver, porque la diferencia entre los tres candidatos es muy pequeña, y el partido Colorado tiene mucha capacidad de convocatoria.

M.I.R.: Volviendo a Ecuador, Correa dice que no tiene confianza en Colombia, pero por ahora Colombia tampoco en Correa. ¿No cree que haber despedido a la cúpula militar ecuatoriana que confesó que desde hace años seguía al cerrajero Aisalla es muy sospechoso?
R.P.: Ahí tengo algunas dudas. Partamos de la base de que no es aceptable que Correa, por decisión o por omisión, permita en territorio ecuatoriano un campamento de las Farc y quién sabe qué otras cosas. Eso es inaceptable. Pero ¿cómo manejar el tema de la manera más adecuada para los intereses de Colombia? Creo que mejor sería evaluar cuidadosamente la información de los computadores sobre cuáles son los vínculos de Correa con las Farc, porque no me como el cuento de que él sea de las Farc o que quiera ayudarlas, o que lo hayan financiado, o que ideológicamente esté más cerca de la guerrilla que del gobierno colombiano.

M.I.R.: ¿Si usted hubiera sido canciller del presidente Uribe y él le hubiera consultado la incursión militar en Ecuador contra Reyes, le habría aconsejado que sí?
R.P.: Habría preferido hacerlo en colaboración con las Fuerzas Armadas de Ecuador, que fue lo que hicimos con Venezuela, que era la frontera caliente cuando yo era canciller. El hecho es que el operativo ya se hizo, fue exitoso, la gente en Colombia está muy contenta. El tema es qué hacemos ahora. Hay que asumir una posición más mesurada, porque a nadie le gusta que violen su soberanía territorial. Las simples excusas no resolvieron el problema y me parece que el manejo de la información del computador ha sido agraviante para Correa.

M.I.R.: ¿Cree que el viaje del presidente Uribe a México también salió mal? Le cayeron los editoriales de los periódicos y durísimo la Universidad a la que pertenecían los jóvenes que estaban en el campamento de Reyes…
R.P.: Es que, de nuevo, ese discurso radical contra las Farc que funciona tan bien en el nivel interno, no funciona tan bien en el externo. Creo que si nosotros buscáramos el compromiso de otros países en la lucha contra las Farc pero no por cuenta del "terrorismo", que suena a George Bush y a Al Qaeda, tema que nunca ha sido parte de nuestros tratados ni de nuestra tradición jurídica ni política, sino con otros parámetros más cercanos a nosotros, como la búsqueda de la democracia y la defensa de la paz, se podría más fácilmente lograr aliados. Con ese discurso antiterrorista nos van a dejar muy solos.

M.I.R.: Usted habla de ser "más blandos afuera". Pero cuando el presidente Uribe sugirió en México que los jóvenes mexicanos tenían afinidades ideológicas con las Farc, estaba diciendo toda la verdad…
R.P.: Pero no había que ir allá a "refregárselos". México tiene muchas afinidades en su política internacional con Colombia. Pero no es conveniente retar al presidente Calderón a que asuma públicamente la lucha contra el terrorismo y por cuenta de ella justifique la muerte de unos universitarios: la tradición en México es la contraria. ¿Por qué razón un presidente, llámese Calderón de derecha, o Correa de izquierda, va a acompañar a Colombia en esa política?

M.I.R.: Otro tema: la carta de los 63 congresistas gringos contra las declaraciones de José Obdulio Gaviria. ¿El asesor presidencial dio papaya?
R.P.: Por supuesto. ¿Para qué necesitamos un discurso oficial tan duro contra Iván Cepeda -una víctima que estaba haciendo un trabajo legítimo- que le aporta muy poco al gobierno y tiene semejantes costos externos? Es que es puyar a 63 congresistas norteamericanos en momentos en que el TLC está como está, es un acto de una torpeza infinita.

M.I.R.: Analizado el problema que nos tiene diplomáticamente como estamos, ahora propóngame una solución…
R.P.: A mí lo que me duele como colombiano es que teniendo la razón en las manos, como es la necesidad de que nos apoyen en la lucha contra las Farc, perdamos en el contexto internacional. Ahí es donde veo que hace falta un discurso más estratégico, más inteligente, una presentación más hábil y mejor pensada de la realidad colombiana, que sea más aceptable para los países latinoamericanos, en lugar de trasladar ese teatro de la lucha de Bush contra el terrorismo (que, por cierto, ya ni siquiera le funciona a Bush en Estados Unidos) aquí a América Latina, donde no va a encontrar, como no está encontrándolo, un terreno abonado. Y no hemos llegado a lo peor.

M.I.R.: ¿Siendo qué lo peor?
R.P.: Me aterra la posibilidad de comenzar a meter una cantidad de actores externos en el conflicto. Por ejemplo, hubo una declaración del gobierno de que íbamos a demandar a las Farc ante el Consejo de Seguridad de la ONU por este acto de barbarie contra dos soldados heridos en una ambulancia. Esa no es una instancia que reciba este tipo de casos, pero si lo hiciera, sería terriblemente lesivo contra Colombia. Terminaríamos allí condenados por los niños en el conflicto, por las madres en los cultivos de flores, por el desplazamiento, y al país acabarían manejándolo unos burócratas de Naciones Unidas, lo cual es una perspectiva terrible. Algo indeseable para un país como Colombia, con su dimensión geográfica, con su dimensión económica, con 45 millones de habitantes y que merece una dignidad. Se debilitaría el peso de Colombia en su dimensión internacional y eso nos puede llevar a unas consecuencias realmente muy dolorosas.

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