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| 11/28/2013 12:00:00 AM

Discurso de Juan Manuel Santos en la clausura de los cursos de Altos Estudios Militares

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la clausura de los cursos de Altos Estudios Militares (Caem) e Integral de Defensa Nacional (Cidenal)

Éste es tal vez la séptima vez que asisto a esta graduación, una graduación muy importante, un curso muy importante.

Y hoy quisiera hablarles como de una historia. Por qué está hoy con nosotros el señor exvicepresidente de la República Humberto de la Calle, pensando en que la paz es posible.

Hoy tenemos una verdadera posibilidad de alcanzar la paz. ¿Por qué hemos llegado a este momento?

Esa historia podría decirse que comienza en el año 2000. En el año 2000 llegó aquí a Colombia, a Cartagena, el Presidente (Bill) Clinton. Llegó con el hoy Vicepresidente Joe Biden y una delegación de republicanos y demócratas a lanzar el Plan Colombia.

Me acuerdo perfectamente al Presidente Clinton diciendo esto tiene que funcionar bien. Nosotros –refiriéndose a los miembros del Gobierno y los miembros del Partido Republicano– estamos invirtiendo gran capital político en esta iniciativa y tenemos que hacerla funcionar.

Y ahí se lanzó el Plan Colombia.

Estábamos nosotros en una crisis económica que no habíamos vivido o sufrido en los últimos 70, 80 años. Estábamos ad portas de una cesación de pagos.

Me acuerdo que tuve la impertinencia de decirle al Presidente Clinton, cuando pregunto al final que la ceremonia de lanzamiento del Plan Colombia, que si había una observación, algún comentario para que ese Plan Colombia funcionara.

Y yo alcé la mano y me dio la palabra. Le dije ¿usted se acuerda, Presidente Clinton, del lema de su campaña?

Me llamó, me miró, se sonrió. Me dijo ¿usted me está llamando estúpido? Porque el lema de la campaña es: ‘Es la economía, estúpido’. Ese era, su lema de campaña. Por lo menos lo que utilizaba como propaganda para que votaran por él.

Y le dije: no, Presidente, ni más faltaba. Pero sí le estoy recordando que estamos en una situación muy delicada. Si no nos dan una garantía del Banco Mundial en los próximos quince días tenemos que ganar cesación de pagos y todo se viene abajo y también esto que estamos hoy lanzando, que se llama el Plan Colombia.

Él lo captó inmediatamente. Me dijo ¿en cuánto tiempo puede estar en Washington?

Le dije: pues usted dirá, Presidente. A los tres días estaba yo en Washington con el Secretario del Tesoro. Se hizo la garantía, que era una garantía del Banco Mundial. Nos volvieron a prestar plata, tuvimos recursos y la economía comenzó, después de reformas muy traumáticas y muy difíciles de aprobar en el Congreso –que se aprobaron, afortunadamente– comenzó la recuperación económica.

Y uno de los primeros pasos que dimos cuando ya teníamos recursos –porque en ese momento no teníamos ni para la gasolina, para las Fuerzas Militares–, con el entonces Ministro de Defensa, Luis Fernando Ramírez, que era Vicepresidente, además, dijimos tenemos que comenzar a fortalecer las Fuerzas Militares.

Estábamos en pleno Caguán. Cuando yo acepté el Ministerio de Hacienda, yo le dije al Presidente Pastrana: yo hago todo lo posible por arreglarle la economía, pero no voy al Caguán. Y nunca fui como Ministro de Hacienda. Había ido al principio del Gobierno y me retiré diplomáticamente, porque vi que eso no iba a funcionar.

Con el Ministro Ramírez nos sentamos, estaba el Comandante General, el general (Fernando) Tapias, estaba de Comandante del Ejército el general (Jorge Enrique) Mora. Hicimos como un repaso de cuáles eran las prioridades más apremiantes

Hicimos un gran esfuerzo económico pero realmente no era mucha la plata que teníamos. Pero se inició ahí el fortalecimiento de las Fuerzas.

Luego llegó el Presidente Uribe en el año 2002. Aprobó un Impuesto al Patrimonio que significaba algo así como 1,6 billones de pesos y se inició la Política de Seguridad Democrática.

Esa política comenzó a funcionar con una buena efectividad, comenzaron a tener resultados importantes las Fuerzas en varias zonas del país. Esa política se llamaba democrática, me acuerdo muy bien, que en eso se hacía énfasis, porque la palabra democrática quería decir seguridad para todos y también utilizando la Constitución y las leyes para lograr esa seguridad.

Salto al 2006, cambio de Gobierno. Llegamos, fui designado Ministro de Defensa. En todo este periplo he tenido la buena fortuna de tener a Juan Carlos Pinzón al lado mío. En el Ministerio de Hacienda como Secretario Privado y luego en el Ministerio de Defensa como mi Viceministro.

Y apenas asumimos ese cargo, 20 de julio del año 2006, hicimos un análisis de la situación de las Fuerzas, la situación de las Farc, con el Eln, y nos dimos cuenta que teníamos que fortalecer muchísimo más las Fuerzas Militares.

No solamente fortalecerlas, sino que lo que se estaba haciendo no era suficiente. Teníamos que hacer una serie de cambios: cambios en la doctrina, cambios en los procedimientos y darles más énfasis a ciertos sectores que no habían sido atendidos debidamente.

Me acuerdo muy bien que el Presidente Uribe me dijo: ‘aquí hay una labor muy importante. No hemos podido tocar al Secretariado. No hemos podido tocar los verdaderos objetivos de alto valor. Hay que hacer un gran esfuerzo’.

Y ese era uno de los objetivos principales. Entonces simultáneamente hicimos dos cosas: nos fuimos con el Ministro Pinzón a hablar con todos los empresarios, a decirles: ‘es muy importante que ustedes apoyen un Impuesto al Patrimonio que realmente les dé a las Fuerzas los recursos que requiere’.

Y para nuestra grata sorpresa, la respuesta de los empresarios fue casi que unánime y positiva: ‘estamos listos, entendemos la necesidad, sabemos que es prioridad y estamos dispuestos a hacer ese sacrificio’.

Con el apoyo de los empresarios, le presentamos al Congreso un Impuesto al Patrimonio que se aprobó en diciembre del año 2006 y que generó cerca de 8,2 billones de pesos. Eso ya eran unos recursos bien importantes.

Al mismo tiempo, organizamos muy bien todo el funcionamiento de las Fuerzas.

¿Qué descubrimos? Descubrimos que había una descoordinación entre las Fuerzas, pero sobre todo entre las Inteligencias de las Fuerzas. Y eso había que corregirlo.

Hicimos una serie de reuniones. La primera, recuerdo muy bien, fue en el Club de la FAC, aquí en la 66 con Séptima, con los jefes de Inteligencia, con los jefes de operaciones, con los comandantes, analizando qué estaba sucediendo.

Porque había un grupo que se llamaba ‘Cancerbero’, que reunía a todos los jefes de Inteligencia, que supuestamente daba la línea para perseguir, capturar o dar de baja a los objetivos de alto valor. Pero ese grupo no tenía a su haber ningún resultado.

Y había hasta un chiste que decía que antes de que se terminara la reunión de ese grupo, ya el enemigo sabía qué se estaba discutiendo.

En esa reunión de la FAC nos dimos cuenta que había un problema estructural, de confianza. Los que hacían las operaciones no tenían confianza en la Inteligencia y por consiguiente, como ellos eran los que iban a poner el pecho y en las operaciones arriesgaban sus vidas, tomaban la precaución de hacer su propia inteligencia.

¿Y eso qué significaba? Pues que llegaba la información; mientras la verificaban los que hacían las operaciones y hacían la operación, pasaban cinco, seis, ocho días, diez días. Por supuesto cuando se hacía la operación no había nadie. Y eso era operación tras operación, fracaso tras fracaso.

Entonces dijimos ¿qué tenemos que hacer para evitar esa falta de confianza? Fortalecer la Inteligencia.

Me acuerdo perfectamente que uno de los primeros pasos que di antes de haber sido nombrado Ministro de Defensa fue ir a donde los británicos y pedirle ayuda a un viejo amigo mío, el exprimer Ministro Tony Blair. Le dije ayúdeme a mejorar la Inteligencia.

Los ingleses tienen una forma de operar la inteligencia muy diferente a los americanos. A los americanos les gusta competir entre las diferentes agencias; a los ingleses les gusta es hacer equipo y compartir todo.

Y me pareció que eso, para el caso nuestro era lo que se requería. Y siguiendo el modelo británico, nos propusimos que los jefes de Inteligencia de las Fuerzas Militares y de la Policía tenían que comenzar a compartir la Inteligencia. Eso era un cambio de cultura.

Ustedes, sobre todo los que están en Inteligencia, saben que la Inteligencia es información y la información es poder. Y cada uno se guardaba la información y la utilizaba de acuerdo a su conveniencia.

Pero muchas veces llegábamos con un objetivo de alto valor y teníamos la mitad de la Inteligencia que estaba en manos de la Policía y la otra mitad que estaba en manos de la Armada. Cada mitad por sí sola no era una Inteligencia adecuada; si la sumábamos ya era una Inteligencia muy valiosa y muy pertinente.

Fue un cambio de cultura difícil, porque había que cambiar la mentalidad. Inclusive tensionante, porque eran los propios comandantes de las Fuerzas los que les decían a sus jefes de Inteligencia ‘cuidadito. No vaya a dar toda la información’.

Me acuerdo que me tocó un día decirles a los jefes de Inteligencia y a los comandantes que si lográbamos descubrir que alguno no había compartido la Inteligencia que se tenía sobre un objetivo de alto valor, se tendrían que ir el comandante y el jefe de Inteligencia.

Comenzó a operar bien. Comenzaron a compartir la Inteligencia. Y comenzó la Inteligencia a fluir hacia las operaciones. Y la Inteligencia había mejorado tanto que quienes haciendo las operaciones comenzaron a decir ‘hombre, esta Inteligencia no hay que verificarla’.

Y se generó esa confianza en la Inteligencia por parte de quienes hacían las operaciones.

Y para darles una idea, se bajó el promedio de tiempo que se tomaba entre la Inteligencia y la operación, de un promedio de seis a siete días, a un promedio de doce a dieciocho horas.

Y ahí comenzó esa secuencia de golpes contundentes al Secretariado.

El primero fue, recuerdo muy bien, el ‘Negro Acacio’; después ‘Martín Caballero’. Y después los miembros del Secretariado que ustedes conocen. Y eso comenzó a tener una muy importante consecuencia, un efecto muy importante en la correlación de fuerzas.

La seguridad democrática continuó su avance, la gente comenzó a tener más confianza. Eso por supuesto tuvo un efecto muy posterior en la parte económica, en la parte de la percepción del mundo y la percepción misma de los colombianos en el futuro del país.

Vino el cambio de gobierno y nos propusimos no solamente continuar sino fortalecer lo que veníamos haciendo. En el cuatrienio anterior le agregamos a la palabra Seguridad Democrática una palabra: consolidación; consolidación de la Seguridad Democrática. Que tenía un concepto diferente del que se venía aplicando, y era algo que se estaba discutiendo en ese momento en muchas partes del mundo.

Recuerdo que esa era una discusión permanente de los Estados Unidos que estaba en sus guerras, allá en Medio Oriente; era la necesidad de ir controlar el territorio y manteniendo el control del territorio. Esa era la única forma, realmente, de ir derrotando al enemigo.

Entonces el concepto de consolidación se introdujo, en el año 2007, 2008. Y uno de los planes que se hace periódicamente, se le llamó la Consolidación de la Seguridad Democrática.

Al mismo tiempo, en ese momento también veíamos la necesidad de mejorar el bienestar de las Fuerzas. Creamos la Dirección de Bienestar. Y dentro de los recursos que habíamos conseguido, comenzamos a darle cada vez un mayor volumen a ese frente tan importante que era el bienestar de nuestras Fuerzas.

Eso se fue administrando, fuimos avanzando y, como digo, vino el cambio de gobierno. En ese momento dijimos: tenemos que construir sobre lo ya construido, tenemos que fortalecer en todavía más las Fuerzas. Y propusimos un nuevo Impuesto al Patrimonio, parecido al impuesto que se había aprobado en el 2006. Se aprobó el presupuesto en el Congreso.

Ese impuesto nos trajo, más o menos, la misma cantidad de dinero, algo un poquito menos, pero total entre el año 2006 a 2010, y del 2010 a hoy, conseguimos como recursos extraordinarios, 16 billones de pesos.

Y eso, también hicimos todo un ejercicio con las Fuerzas, de poder equipar a las Fuerzas para que tuvieran lo que podríamos considerar, dentro de esas limitaciones, el estado del arte, o sea lo mejor que se podía conseguir para que fueran cada vez más efectivas.

Hicimos un ejercicio que duró mucho tiempo, Fuerza por Fuerza, lógicamente que la lista de mercado era muy superior a lo que se podía adquirir. Fuimos priorizando, fuimos escogiendo en cada Fuerza qué era lo realmente importante. Y así comenzamos a hacer todas las adquisiciones y el fortalecimiento de las Fuerzas.

Simultáneamente, por el volumen de dinero, le dijimos al sector privado ¿por qué no nos ayuda a vigilar estos recursos y sean ustedes una especie de cuestionadores y veedores permanentes sobre todas y cada una de las compras importantes? Ese fue un ejercicio bien interesante.

Los empresarios más importantes del país participaron, además con entusiasmo. Y hacían las preguntas pertinentes, hacían las preguntas correctas, cuestionaban por qué van a comprar este tipo de vehículos y por qué van a comprar este tipo de cañones y por qué no compran este otro, qué alcance tienen.

Hacían preguntas de empresarios duchos, no expertos en la parte militar pero las preguntas eran muy pertinentes.

Eso nos ayudó muchísimo a reafirmar que las compras que se estaban haciendo eran las compras que realmente se requerían.

Y eso ha continuado hasta el día de hoy. Todavía estamos en algunos sectores recibiendo parte de las compras que se han venido haciendo desde ese momento, desde que comenzamos.

Al mismo tiempo hicimos un gran esfuerzo en mantener esa coordinación entre las Fuerzas. Lo considerábamos absolutamente indispensable para ser efectivos.

Y también había un problema que teníamos de tiempo atrás y era la guerra política y el permanente cuestionamiento a la legitimidad de nuestras Fuerzas.

E hicimos un esfuerzo enorme para que los derechos humanos se convirtieran en una especie de doctrina dentro de las Fuerzas y quitarle el estigma a Colombia y a las Fuerzas que en forma hábil y malévola les habían puesto ante el mundo entero de que éstas eran unas Fuerzas que estaban en una guerra sin ningún tipo de escrúpulo y sin ningún tipo de comportamiento adecuado en situaciones como la que estábamos viviendo.

Eso también fue un ejercicio bien interesante y muy útil y muy efectivo. Poco a poco en esa doctrina se fue internalizando y se fue entendiendo que efectivamente la legitimidad de cualquier Fuerza residía en el respeto con que la gente veía que se tratara a la ciudadanía, inclusive hasta los propios enemigos.

Y fue cambiando la percepción. Fue cambiando esa situación bastante desagradable que se tenía sobre la imagen de nuestras Fuerzas, sobre todo de ciertos estamentos nacionales e internacionales.

Esa nueva doctrina, ese esfuerzo que se hizo, ha dado unos resultados muy importantes.

Y tan es así que yo me enorgullezco cada vez que veo cuando salen todas las encuestas sobre el aprecio de los ciudadanos frente a nuestras Fuerzas. Siempre están de primero y eso tiene mucho que ver con esa percepción de que son unas Fuerzas legítimas. Son unas fuerzas que operan con unos instrumentos legítimos. Y dan resultados, resultados muy importantes.

También nos propusimos desde ese momento hablar sobre la posibilidad de terminar la guerra.

Pero para ello teníamos que mantener la ofensiva militar. Y la ofensiva se mantuvo desde el primer momento y se mantiene hasta el día de hoy. Con resultados también muy importantes.

A la gente se le olvida que en este Gobierno se dio de baja a ‘Alfonso Cano’, número uno; a ‘Jojoy’, número dos, y cuarenta y siete cabecillas más.

Se hizo un gran esfuerzo por desarticular estructuras. Se comenzó a enfocar también el trabajo sobre el apoyo al terrorismo, las milicias, las llamadas estructuras de apoyo al terrorismo.

Y así se ha venido operando, debilitando cada vez más al enemigo, a tal punto que hoy podemos decir que están en su nivel más bajo en toda la historia. Desde que se lleva la contabilidad de hombres armados, hoy las Farc tienen el nivel más bajo; son cerca –me corregirán– de 7.200 hombres. El Eln ha sufrido un proceso muy similar.

Y en este proceso de estos últimos dos años y medio, tres años, también iniciamos el proceso de conversaciones. Proceso que se mantuvo en secreto durante algún tiempo, que tenía una serie de condiciones desde el primer momento.

Una de esas condiciones era aquí no va a haber ningún tipo de cese al fuego, no vamos a bajar la guardia en la ofensiva militar y solamente cuando acordemos lo que hay que acordar, podríamos hablar de cese al fuego.

Y la segunda condición era la que nada estaba acordado hasta que todo estuviera acordado. Eso tiene una razón de ser. Los procesos como en el que estamos embarcados son procesos complejos, que tienen todo tipo de contradicciones, y también todo tipo de enemigos.

Y yo asimilo mucho el proceso, en ese sentido, a cuando un artista pinta un cuadro. El artista no quiere que el comprador lo vea sino hasta cuando está terminado; no lo deja ver cuando esta por la mitad, o cuando está una cuarta parte.

Un proceso como éste también tiene esa dificultad, de que la gente, si lo ve parcialmente, lo va a rechazar.

Y la evidencia es clarísima. Si uno le pregunta individualmente a la población: usted considera que este resultado sería aceptable o no, si esta gente podría participar en política el día de mañana, la gente dice que no.

Es una cosa natural, es una cosa, una reacción obvia, porque hemos sido maltratados como ciudadanos durante cincuenta años.

Pero cuando uno tiene todo el paquete, la percepción es diferente. Porque cuando la gente dice si eso es la paz –y allí está el meollo del problema, el meollo del desafío–, si eso es la paz, así la compro.

Y cuando decimos ¿y esa paz cómo sería?

Y ahí es también muy importante tener muy claro a dónde queremos llegar.

Esa paz a la que queremos llegar no es nada diferente a una transición, a un cambio, de una gente que está en el monte disparando, a darle la oportunidad a que si quieren seguir su lucha la sigan. Sin armas, sin violencia, por las vías democráticas, acogiéndose a la ley.

¿Por qué están dispuestos a dar ese paso?

Pues porque se dieron cuenta que por el camino en que estaban embarcados no iban a llegar a ningún lado.

Y es ahí donde las Fuerzas Militares y la Policía pueden sentirse muy orgullosos. Y no me canso de repetirlo, para cualquier militar y para cualquier policía, la paz es la victoria.

Si ellos están dispuestos a dar ese paso, quién se queda con las armas, quién es el que se desarma y por consiguiente quién ganó.

Esa es una pregunta de fondo que tiene una respuesta muy obvia y muy sencilla.

Pues es gracias a esa perseverancia y a esos resultados de nuestras Fuerzas a través de estos últimos años que hoy podemos tener una situación en donde hay posibilidades altas de conseguir esa paz.

Dentro de los enemigos, y eso es parte, digamos, del juego, generan todo tipo de desinformaciones para ver cómo pueden envenenar el proceso.

El proceso tiene enemigos de todo tipo: enemigos que no se consideran bien representados, enemigos que simple y llanamente les gusta vivir de la guerra, otros por razones políticas; cualquiera que sea.

Pero ahí juegan también con las armas de la guerra, que es la desinformación, que es sacrificar la verdad. Y ahí también hay que tener mucha paciencia y mucha constancia y mucha perseverancia.

Porque nosotros desde el principio sabemos perfectamente hasta dónde podemos llegar y cuál va a ser esa paz que le vamos a presentar al pueblo colombiano. No le vamos a presentar una paz al pueblo colombiano que el pueblo colombiano diga que no. Le vamos a presentar una paz fácil de digerir y fácil de aceptar.

Porque si hay una condición que hemos repetido mil veces es que, el acuerdo final va a ser sometido al pueblo colombiano. Para que el pueblo colombiano decida y le dé la legitimad a lo que se acuerde. Para que eso perdure y para que eso sea una paz definitiva y sostenible en el tiempo.

Y por eso no hemos puesto en discusión nada de lo que los colombianos o nuestras Fuerzas podrían considerar como fundamental.

Y cuando digo nuestras Fuerzas lo digo porque, como se ha repetido en algunos círculos que allá en La Habana se están negociando las Fuerzas Militares y/o la Policía, quiero aquí volver a reiterar una vez más lo que he dicho tantas veces: ese punto ni siquiera está en la agenda, no va a ser discutido.

Las Fuerzas que vamos a tener después de lograr la paz serán unas Fuerzas que nosotros mismos, entre nosotros, vamos a discutir qué tipo de Fuerzas vamos a tener; unas Fuerzas modernas, fuertes. Aquí nadie está pensando en reducir la capacidad de nuestras Fuerzas a la mínima expresión, como algunos han dicho. Todo lo contrario, vamos a hacer una transición hacia unas Fuerzas cada vez más modernas, cada vez más fuertes.

Porque hoy podemos decir, sin lugar a dudas –y eso creo que es un motivo de orgullo para todos nosotros–, que tenemos las mejores y mejor equipadas Fuerzas Armadas de nuestra historia. Y así tenemos que mantenerlas.

Y que inclusive, cuando mucha gente dice pero es que qué va a pasar con la seguridad después de que venga la paz, el posconflicto. ¿Se va a incrementar la seguridad?

Yo les diría miren que puede ser todo lo contrario, porque toda esta capacidad que estamos concentrando en esta ofensiva se puede trasladar también a aquellos focos de inseguridad que nos afectan a todos los colombianos.

Entonces allí hay una ganancia doble.

Se pregunta la gente qué va a pasar con esta gente hacia el futuro. La respuesta es pues habrá un proceso de justicia transicional. Así es como se resuelven estos conflictos, aplicando un concepto que se llama la justicia transicional.

¿Eso que quiere decir? Que vamos a respetar los derechos de las víctimas. Por primera vez en un conflicto de esta naturaleza las víctimas están en el centro de la solución.

Y las víctimas tienen unos derechos. El derecho a la verdad, el derecho a la justicia, el derecho a la reparación, el derecho a la no repetición.

Y la justicia transicional exige que esos derechos se respeten y se van a respetar. O sea, aquí no va a haber, eso que muchos dicen que va a haber: total impunidad. Eso no va a haber, no puede haber. Nadie ha hablado de impunidad en este proceso.

Entre otras cosas porque ya no estamos viviendo las épocas del M-19, cuando había total amnistía e indulto. Eso hoy no se puede. Tenemos además tratados internacionales que nos lo impiden: está la Corte penal internacional, está la Corte Interamericana. Nada de eso nos va a permitir eso que algunos nos acusan de estar ofreciendo, total impunidad. No va a haber total impunidad.

Va a haber sí una justicia transicional.

Y en eso también quiero darles a ustedes toda la tranquilidad. Porque dicen no, aquí se va a presentar la situación donde va a haber unos beneficios para estos bandidos que han maltratado la ciudadanía durante 50 años. En cambio a nuestros soldados de tierra, mar y aire, a nuestros policías, si les van a aplicar la justicia plena.

No, tengan la seguridad de que si va a ver un acuerdo de paz, ningún militar por A, B o C motivo cometió algún error, también va a tener los beneficios a que haya lugar.

Y en eso quiero que también sean totalmente conscientes. No voy a permitir y nadie va a permitir que se presente esa situación que se está presentando, de unos militares acusados y condenados por 40 años, y la contraparte libre haciendo lo que se le da la gana. Eso no va a suceder en este proceso.

Entonces ahí va a haber una correlación, una consonancia en materia jurídica que no va a permitir que ese tipo de situaciones se presente.

Vamos en el proceso avanzando, como en cierta forma lo teníamos previsto, un poco más lento. Los puntos de la agenda son puntos que tienen que ver con esa transición.

Negociamos uno, el de desarrollo rural, que tiene que ver con política pública. Lo que ahí se negoció tampoco es nada extraordinario, nada que ustedes o yo se vayan a escandalizar. Simplemente más desarrollo en el campo, una posibilidad de entregar tierras a los campesinos, de dar ciertas facilidades y de poner a producir el campo.

No hay esas visiones de soviets estalinistas de la época de la Unión Soviética de los años sesenta; nada de eso está en los acuerdos.

El segundo punto, participación política, es un punto fundamental y es simple y llanamente la profundización de nuestra democracia. Ampliar los espacios de participación; darles participación a sectores que se habían mantenido marginados. Inclusive los sectores que tienen que ver con el conflicto, los que han sido víctimas del conflicto en forma permanente, que han estado inclusive sometidos por las Farc durante tanto tiempo, que no han tenido representación.

Ahí están unas circunscripciones especiales que han dicho ‘no, eso es para las Farc’.

No, no son para las Farc. Son para unas zonas que nunca han podido votar, que nunca se han sentido representadas, porque han estado sometidas. Y posiblemente lo que muchos creemos es que en esas zonas algunos vayan a votar por las Farc, pero otros voten en contra. Y simplemente estamos es dando representación a unas zonas durante un tiempo determinado, no es permanente, para darles más participación a la democracia. Además sería un número marginal.

Falta el tema del narcotráfico. Mañana sale el equipo negociador.

Hoy fue fortalecido por dos mujeres en el equipo, dos mujeres que conocen cada una de temas que tenemos que tener presentes en la solución de los problemas que todavía quedan por resolver.

El tema del narcotráfico es un tema fundamental.

El narcotráfico ha venido alimentando todas las formas de violencia en este país durante 40 años. Si no tuviéramos narcotráfico, posiblemente no tendríamos esas bandas criminales, posiblemente las Farc y el Eln no estarían hoy donde están.

Por eso, si logramos hacer acuerdos para que ese tema lo podamos resolver y lo que yo aspiro, una Colombia sin conflicto y una Colombia sin coca, imagínense ustedes 10 segundos lo que eso significaría para el país. Eso sería algo realmente importante no solamente para Colombia; para la región y para el mundo.

O sea que el doctor de la Calle está aquí sentado, mañana se va para Cuba, porque hemos logrado desde ese año 2000 una serie de acciones, de fortalecimientos, de cambios en la forma de operar en nuestras Fuerzas que nos permiten hoy tener esa posibilidad.

Y también no me canso de repetir que es gracias al heroísmo de nuestras Fuerzas que el país puede pensar hoy en la paz.

Vamos a tener que continuar, por supuesto. Y las negociaciones van a ser difíciles. Entre más nos acercamos a ese acuerdo final más se tensionan. Eso es un fenómeno natural, más complejo se vuelve el proceso.

Hay que tener sangre fría, saber perseverar, saber mantener el rumbo.

Ustedes, sobre todo los marinos, que saben navegar, entienden perfectamente que cuando uno tiene un puerto de destino no importan los vientos, uno los utiliza para llegar a ese puerto de destino. Hay que perseverar.

Y las órdenes a las Fuerzas han sido perseveren en la ofensiva, porque eso es lo que nos va a permitir llegar a ese puerto de destino.

No es el momento ni de debilitarnos, ni de bajar la guardia; es el momento de seguir perseverando.

Que vamos por el camino correcto, vamos por el camino hacia la paz. Y los que dicen que las Fuerzas Militares o la Policía son enemigos de la paz, no quieren la paz, están muy equivocados.

Modestia aparte, si hay un Presidente que haya conocido a las Fuerzas Militares porque perteneció a ellas, y las he seguido y he estado relacionado con ellas toda mi vida, es este servidor.

Pero no se requiere conocer las Fuerzas, se requiere tener dos dedos de frente. ¿Quién pone los muertos, quién hace el sacrificio?

Por eso decía el general (Douglas) MacArthur: el que más quiere la paz es el soldado. Porque es el que pone el pecho, el que pone la sangre, pone su vida.

Y por eso, cada vez que dicen: es que los militares se oponen...

No, no se oponen. Los militares están haciendo su labor y gracias a ellos es que hoy podemos tener esa esperanza, que ojalá se concrete.

Y a ustedes, que hoy se gradúan, pues les va tocar un momento histórico. No es frecuente que en la historia de los pueblos, sean generales o almirantes, un momento que puede cambiar para bien, y en qué forma, la historia de este país.

Y quienes se graduaron de la vida civil, pues podrán decir que se graduaron en un momento fundamental, en un momento de inflexión en nuestra historia.

Yo creo que si perseveramos y seguimos con esta dinámica, y logramos ese acuerdo final, y pensamos un poco en cómo vamos a administrar ese posconflicto, que no va a ser fácil, pero que va a cambiar la historia de este país por mucho tiempo más.

De manera que los felicito a ustedes, nuevamente, quienes hoy se están graduando. Y decirles a todos trabajemos unidos, juntos. Lo que aprendieron en estos últimos meses lo podemos aplicar hacia el futuro y espero que también podamos aplicar mucho de lo que aprendieron para poder darle cada día más seguridad a nuestro país.

Muchas gracias.

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