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| 11/4/2011 12:00:00 AM

Discurso del presidente Juan Manuel Santos durante anuncio de reforma al Estado

En la mañana de este viernes el presidente Juan Manuel Santos reveló la forma cómo quedará lo que en sus propias palabras es la reforma institucional más ambiciosa de la historia reciente del país.

El siguiente es el texto del discurso pronunciado por el presidente Juan Manuel Santos en la mañana de este viernes.
 
Como expliqué esta mañana, hemos emprendido uno de los más ambiciosos esfuerzos de reforma institucional en la historia reciente del país.

Este esfuerzo pretende no sólo modernizar las instituciones, sino también aprender de los errores del pasado para poner a nuestros ministerios y entidades a la altura de las mejores prácticas de Buen Gobierno en el mundo.

Tal vez en ningún otro caso era este ejercicio tan urgente como en el de la inteligencia civil.

Y por eso hemos decidido crear de ceros una nueva agencia que llevará el nombre de Dirección Nacional de Inteligencia.

Los colombianos no somos conscientes, pero la verdad es que en materia de modernización de la inteligencia civil el país estaba prácticamente en el último puesto del continente.

De México a Chile, todas las democracias sólidas han optado en los últimos 20 o 25 años por reorganizar o refundar sus servicios de inteligencia civil, porque cayeron en la politización, porque cayeron en la corrupción, o porque cargaban con el legado de regímenes autoritarios.

Es triste pero cierto: los cambios en inteligencia nacen de las crisis.

Y hay que saber aprovechar las crisis.

Se trata además de un ejercicio natural: de vez en cuando los gobiernos deben hacer un alto en el camino para mirar si las instituciones están a la altura de los problemas y sirven a los ciudadanos como debe ser.

El DAS, que hasta el lunes de esta semana cumplía, entre otras, funciones de inteligencia, era en realidad una institución de otra época a la que –gobierno tras gobierno– le fueron añadiendo funciones hasta desfigurar su identidad misional.

No estábamos entonces ante un problema coyuntural.

Por eso yo mismo dije hace más de dos años, cuando era Ministro de Defensa: “Al DAS hay que darle cristiana sepultura”.

Con eso NO me refería de ninguna manera a los funcionarios del DAS, que han sido personas que han trabajado en condiciones con frecuencia muy difíciles por el bien del país.

Me refería a los problemas estructurales que tenía el DAS, que de manera casi inevitable iban a seguir produciendo una crisis tras otra, año tras año.

Lo dice la teoría de las organizaciones: cuando una institución está en la condición de un enfermo terminal no basta con intentar reformas, porque siempre se va a reacomodar.

Hay que hacer tabula rasa y comenzar de nuevo.

Hay que hacer corte radical con el pasado.

Nuestra responsabilidad histórica es encauzar a la inteligencia civil por el mismo camino de modernización por el que ya pasaron la inteligencia de la Policía y buena parte de las Fuerzas Militares.

Con ese propósito se hicieron visitas a las principales agencias de inteligencia del mundo para recoger las mejores prácticas, para luego acomodarlas a lo que necesita el país.

En esta tarea tenemos una gran ventaja, pues construimos sobre un acumulado de experiencia en operaciones de inteligencia en Colombia que nos han permitido en estos años resultados que son de todos conocidos.

Pero esta agencia será algo completamente nuevo, que nunca ha existido en el país: una agencia civil dedicada de manera exclusiva a tareas de inteligencia.

Y por eso hemos querido crearla de acuerdo con los más altos estándares internacionales.

Porque una democracia moderna necesita de la inteligencia para que los gobiernos puedan tomar las mejores decisiones.

Eso es lo que es y lo que produce la inteligencia: información privilegiada que es debidamente procesada y evaluada para que los gobiernos no tengan que adivinar y especular, sino tomar decisiones certeras sobre la base de información veraz.

No sólo en el ámbito de la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado sino en muchos otros, como pueden ser amenazas que pongan en riesgo la economía nacional o el mismo medio ambiente.

Hemos querido construir esta nueva agencia sobre cuatro pilares:

El PRIMERO es la definición clara de su misión, comenzando por definir lo que no va a hacer.

No tendrá por supuesto funciones de protección, o de control migratorio, ni mucho menos va a expedir certificados de antecedentes judiciales que –dicho sea de paso– hemos decidido eliminar: nada más antipático con el ciudadano que partir de la desconfianza y estarle preguntando si tiene pasado judicial.

Sobre todo, la nueva agencia no tendrá facultades de policía judicial.

Primero, porque no es sano, en una democracia, que quienes hacen inteligencia puedan luego capturar: eso nos recuerda las épocas sombrías de las dictaduras del cono sur.

Segundo, porque todo lo que contribuya a la especialización contribuye al profesionalismo y obliga a trabajar de manera coordinada y armoniosa con las demás instituciones.

Pero sobre todo porque, al no tener facultades de arresto, la nueva agencia no entrará en la conocida y dañina competencia por resultados mediáticos.

Esta agencia trabajará en silencio por el bien común.

¿Y a qué se va a dedicar?

La agencia cumplirá con los objetivos que están descritos en la Ley de Inteligencia que entra en vigencia y tendrá unos más específicos que hemos establecido en el decreto.

Estos objetivos son: contrarrestar el terrorismo, el espionaje y la acción del crimen organizado cuando amenaza la seguridad nacional, además de otros que ya mencioné y que antes no eran objeto de la atención de los servicios de inteligencia, como velar por la protección de nuestros recursos económicos y ambientales cuando están en riesgo.

Piensen, por ejemplo, en los efectos que está teniendo la minería ilegal sobre los parques nacionales.

Y le pusimos además una tarea adicional para reversar una tendencia que tanto daño le ha hecho al país.

Le ordenamos: “contrarrestar actos que atenten gravemente contra la administración pública y proteger a las instituciones de nivel nacional y regional de la influencia de organizaciones criminales”.

Es decir, quisimos ponerle un dique a la penetración del Estado por parte de organizaciones mafiosas.

Se ha dicho del DAS que organizaciones criminales de distinta índole lograron penetrarlo y utilizarlo para sus propios fines.

Ahora vamos a hacer exactamente lo contrario: utilizar las más altas capacidades de inteligencia del Estado para proteger a las instituciones de la cooptación por parte de organizaciones criminales.

Ya comenzamos en el Ministerio de Salud y en la DIAN, y con la nueva Dirección vamos a continuar ese trabajo en las regiones que han sido más golpeadas por esos aparatos ilegales.

¡Vamos a hacer todo lo posible para extirpar ese cáncer enquistado en tantas instituciones del Estado!

El SEGUNDO pilar va a ser la profesionalización

Tenemos que aprender de las lecciones del pasado.

Es crítico para la seguridad nacional asegurar no sólo que los oficiales de inteligencia tengan una justa remuneración, sino que haya una verdadera carrera de inteligencia que cree incentivos para que nuestros mejores hombres y mujeres dediquen sus vidas a esta profesión, porque saben que, si cumplen bien con su tarea, pueden contar cada cierto tiempo con una promoción.

Ese es, de todos, tal vez el mayor reto que tenemos: crear una carrera atractiva que le dé sostenibilidad a la agencia en el futuro.

Hemos hecho esfuerzos para construir una atractiva carrera profesional.

Aprovecho esta oportunidad para invitar a los mejores estudiantes de nuestras universidades a que consideren la posibilidad de trabajar por el país en las tareas más importantes de seguridad nacional y se animen a ingresar a la nueva agencia.

El profesionalismo es la columna vertebral de cualquier organismo de inteligencia, y también es el mejor escudo para defenderse de ese mal tan común en nuestro continente que es la politización.

Un oficial de inteligencia con una fuerte identidad profesional no accede a participar en misiones indebidas, no importa quién se las ordene.

El TERCER pilar para garantizar el éxito de la nueva agencia es el sistema de controles.

La nueva Ley de Inteligencia obliga a observar una serie de procedimientos en la autorización y supervisión de las operaciones, así como en el almacenamiento de la información – que son ya una garantía–, y crea, además, la comisión legal parlamentaria, para asegurar una adecuada vigilancia sobre los organismos de inteligencia.

Todos estos controles los hemos incorporado en la nueva agencia.

Pero hemos querido ir más allá.

Creamos una figura novedosa, que va a ser muy efectiva: la del Inspector General.

El Inspector será nombrado directamente por el Presidente de la República y no estará subordinado al director, ni jerárquica ni funcionalmente, para asegurar su autonomía.

Aunque, por supuesto, trabajará en llave con el director y responderá a sus requerimientos de inspección, además de iniciar sus propias investigaciones.

Al Inspector le hemos puesto tres tareas fundamentales:

Vigilar que en las labores de inteligencia se cumpla la ley, en especial el marco jurídico que hemos desarrollado en la Ley de Inteligencia, asegurando el respeto por los derechos humanos; supervisar la eficacia y la eficiencia de las operaciones, y estar encima del uso de los gastos reservados para impedir el uso indebido de los dineros públicos.

El Inspector tendrá acceso al Presidente cuando lo requiera y reportará además, periódicamente, a una subcomisión que hemos creado del Consejo de Seguridad Nacional, que actuará como vigilante de la implementación del sistema de controles y acompañará también al Director General en el desarrollo institucional de la nueva agencia.

Adicionalmente, la nueva entidad contará con una fuerte dirección de asuntos internos, que tendrá la tarea de hacer las pruebas de confianza y de garantizar la debida protección de la información.

Lo que se suele llamar “la seguridad operacional”.

El CUARTO Y ÚLTIMO pilar es la creación de una verdadera cultura de inteligencia, que se exprese en todo lo que he mencionado anteriormente: en los estándares de profesionalismo, en la observancia de los controles, en la protección de la información, y que haga de la inteligencia civil una actividad atractiva y normal dentro del Estado, en lugar de un motivo de permanente de escándalos.

Esa cultura de la inteligencia debe permear, no solamente a la nueva Dirección, sino al Gobierno en general.

Debemos ser mucho más juiciosos en el uso de la inteligencia y más responsables en su protección.

La inteligencia tiene un fin claramente definido, que es contribuir a la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos, y en general de la seguridad nacional. Y ningún otro.

Esta es, en suma, la esencia de la nueva agencia.

Va a ser una agencia pequeña que va a privilegiar calidad sobre cantidad y que tardará un tiempo en desarrollar sus capacidades.

Pero, cuando las tenga, le proveerá al gobierno unos productos de inteligencia estratégica de la más alta calidad.

Después de dar muchas vueltas, decidimos darle a la nueva agencia el nombre de Dirección Nacional de Inteligencia, para darle un mensaje a toda la comunidad de inteligencia.

Desde cuando era Ministro de Defensa ha sido mi obsesión promover la cooperación y la armonía entre los servicios de inteligencia.

Quiero que esta nueva agencia ayude a consolidar ese proceso de integración, trabajando de la mano de los diferentes servicios para cumplir con los requerimientos del gobierno.

Pero la integración no la vamos a ordenar por decreto, creándoles obligaciones a todos en el papel de compartir información.

Queremos que sea la práctica la que demuestre que es posible trabajar de manera unificada hacia un mismo propósito.

La DNI tendrá la tarea de asegurar que eso sea así.

Por último, quiero agradecer al almirante Álvaro Echandía por haber aceptado dirigir esta nueva organización y hacer realidad la visión de una agencia civil de inteligencia moderna que hemos propuesto.

Son muy pocas las personas en Colombia que tienen la experiencia en inteligencia del almirante Echandía, que tienen la credibilidad, el conocimiento y –sobre todo– que han demostrado, como lo vi yo cuando fue mi subalterno en el Ministerio de Defensa, una combinación igual de eficacia con rectitud.

Que no haya ninguna duda: ésta será una agencia civil de inteligencia, para cumplir con los propósitos del gobierno civil.

Pero –como ocurrió en el origen las mejores agencias– hay que echar mano de la mejor experiencia, y esa es la del almirante Echandía.

En el fondo, lo que estamos haciendo al crear una nueva agencia de inteligencia –con los más altos estándares de eficacia, de profesionalismo y de apego a la ley– no es otra cosa que cumplir con el objetivo general de todas las reformas que hemos propuesto: el Buen Gobierno.

Buen Gobierno al servicio de los ciudadanos.
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