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| 9/15/2012 12:00:00 AM

Discurso de Germán Rey: La persistente vitalidad del periodismo

Germán Rey, director del Centro ÁTICO de la Universidad Javeriana y relator del Foro Semana 30 años, da su perspectiva de cómo se sintió esta “fiesta del conocimiento”.

Hace diez años los foros de periodismo eran la antesala del apocalipsis. El panorama lucía desolador: caída en picada de la prensa escrita de Estados Unidos y Europa, modificaciones radicales del modelo de negocio que había permitido importantes rentabilidades, naufragio o por lo menos escoriaciones de algunas de las naves insignias del periodismo mundial, recortes de personal y crisis de la publicidad. Todos estos nubarrones han vuelto a aparecer en el Foro con que SEMANA ha celebrado sus 30 años, aunque ahora con algunas diferencias esperanzadoras.
Hoy hay menos miedo y más realismo, más autocrítica, pero también más experiencia. Han aparecido otros elementos de análisis en un horizonte, que Felipe López calificó como tiempos de incertidumbres y definitorios. Sólo que lo que lo que paralizaba en el pasado, ahora se ha convertido en un conjunto de desafíos y retos para el futuro.

En el foro se comprobó que el periodismo no solo continúa siendo necesario, sino indispensable. “El periodismo es la capacidad de una sociedad para sintonizarse con un momento histórico”, sostuvo Alejandro Santos o un artefacto de ideas para crear cultura, como lo definió Jeremy O’Grady, el editor jefe de The Week. Y tienen razón. El periodismo, a pesar de todas sus asechanzas, continúa siendo enormemente vital, tanto por lo que ha sido como por lo que puede ser.
 
Paul Steiger, recordó desde su reconocida experiencia, que el periodismo dice cosas que los poderosos no quisieran escuchar y además expone en público los abusos de todos los poderes, sean institucionales o fácticos. Philip Bennett, el ex editor general del Washington Post, ahora embarcado en Frontline, uno de los nuevos proyectos del periodismo del futuro, recordó que los periodistas son testigos de los cambios, pues los investigan y cuentan sus historias. Estas características del periodismo, su sentido testimonial, su capacidad de representación e investigación y su fuerza narrativa, surgieron permanentemente en los diálogos del Foro.

Uno de los centros de la discusión, fue la exploración de las relaciones del periodismo con el poder y la democracia. La independencia, la transparencia, el rigor, la búsqueda de la verdad y la imaginación, continúan siendo valores centrales del periodismo. Y la práctica de estos valores produce desajustes entre el poder de los gobernantes y la tarea del periodismo. Rodrigo Pardo destacó el conflicto que existe entre los dos poderes, pues cada uno de ellos desea generar información en momentos distintos y además contrastan la reiteración con la novedad. Pero, como afirmó Javier Moreno, director de El País de España, sin buen periodismo no se puede sostener la democracia y su obligación no es razonar como los gobiernos, sino llevar sus límites más allá de los que éstos suelen trazar.

Cuando el panorama es apocalíptico y aun cuando no lo es, aparecen guadañas, muerte y supervivencia. Nunca como ahora los medios y el periodismo han sentido movimientos tan fuertes del piso en el que estaban parados, rozagantes y con excelente salud. La revolución de las tecnologías los ha conmovido tanto como las propias transformaciones de la sociedad. Sin embargo, los retos para superar las tormentas empiezan a estar claros: fortalecer el periodismo de calidad es uno de ellos, como lo es persistir en su viejo propósito de contar buenas historias.
Ahora lo hacen a través de diversos soportes, combinando diferentes lenguajes y arriesgando nuevos públicos. Ofrecer algo que no se ofrece en otro lugar, es uno de sus desafíos en tiempos en que internet es una babel, en la que se combinan textos excelentes con una apreciable cantidad de basura, oportunidades inigualables de información, con mezclas confusas de datos desperdigados. Hay que encontrar cosas nuevas, apostarle al análisis, atender los cambios culturales, divergir, reanalizar la sociedad desde sus nuevos contextos y recobrar la vitalidad presente de un oficio antiguo.

Ya están aquí los nuevos tiempos del periodismo. Probablemente insinuados, luchando por salir, tratando de buscar su sitio en el futuro. Fue precisamente esta profunda sensación, la que se paseó con persistencia a través del evento con que SEMANA empezó a celebrar sus próximos treinta años.
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